diferencias generacionales en el trabajo

Diferencias generacionales en el trabajo: ¿cómo interpretarlas?

En ocasiones las empresas van salvando las diferencias generacionales en el trabajo a través de políticas explícitas de selección de personal. Según esta estrategia, se intenta incorporar a la compañía preferentemente a personas de una determinada franja de edad -no muy ancha- para guardar el equilibrio deseado en el equipo. Otras veces no hay una pauta decidida al respecto, pero la inercia de la organización hace que el rango de edad de los trabajadores sea corto, es decir, que haya poca diferencia entre la edad de los miembros más senior y la de los más jóvenes

Sin embargo, es difícil mantener a raya la existencia de diferencias generacionales en el trabajo por mucho tiempo, especialmente cuando las empresas crecen y sus necesidades se van haciendo más complejas. Por otro lado, si la compañía funciona adecuadamente y tiene una buena política de retención del talento, es probable que su tasa de reposición sea baja: la gente tiende a no abandonar la empresa y, por tanto, muchos trabajadores van “envejeciendo” dentro de la compañía mientras observan la llegada de personas algo o mucho más jóvenes que ellos.

diferencias generacionales en el trabajo

¿Cómo interpretar las diferencias generacionales en el trabajo? 

Vivimos una época que tiende a sacralizar las ideas de juventud, novedad y relevo generacional. Esto también se manifiesta con gran intensidad en el mundo laboral: las nuevas caras tienden a encontrarse en caras más jóvenes, a las cuales se supone “sobradamente preparadas”. 

A menudo se ensalza la llamada savia nueva pensando que es buena “solo” porque es nueva. Esto puede ser cierto en muchas ocasiones: el tiempo, la experiencia, las diferentes circunstancias que moldean la vida de las personas hacen que estas se quemen, queden desactualizadas en sus conocimientos y habilidades. Entonces las empresas requieren complementarlas, cuando no sustituirlas, con equipos más jóvenes, con lo que pueden existir intensas diferencias generacionales en el trabajo. 

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Lo cierto es que el trabajo no se ve igual el primer día que llegas a la oficina que cuando han pasado cinco o diez años desde tu incorporación a la empresa. Tampoco se ve igual con 25 años de edad que con 40 o con 50. Por supuesto, no se observa con los mismos ojos el primer trabajo importante que tienes que el tercero o el cuarto. 

Los trabajadores en que nos ha convertido el tiempo

Tengamos mucha o poca experiencia laboral o experiencia de la vida, somos los trabajadores que somos en cada momento. También, en cada momento, somos los trabajadores en los que el tiempo nos ha convertido

La edad, es decir, el tiempo y lo que hacemos con ese tiempo (o, dicho de otro modo, el tiempo y lo que nos pasa durante ese tiempo) nos configura enormemente como individuos, a todos los niveles. Por supuesto, también a nivel profesional. 

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Es cierto que, como se explica en el famoso dicho popular, todos los alumnos pasan por Salamanca pero esta no pasa por todos los alumnos. Hay personas a las que les cuesta más aprender y madurar, en sus diversas facetas personales, como si el tiempo en ellos no operara experiencia, sino una repetición improductiva de conductas que los asemejan a sus compañeros más jóvenes cuando, precisamente, la experiencia ya debería haberles empezado a separar de ellos. 

No obstante, la mayoría de personas sí pueden acusar el paso del tiempo sobre ellas de una manera más positiva: la edad no siempre es dorada pero, por lo general, da lugar a una cierta capacidad para la templanza, para relativizar lo bueno y lo malo, para dosificar las fuerzas y forjar relaciones de una manera más equilibrada, también en el trabajo. 

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Cuando tú vas

Trabajar con gente que nació cuando tú iniciabas la universidad o compartir equipo con personas que tienen la edad de tus padres pueden no ser las cuestiones más relevantes dentro de la vida en la empresa, pero tienen una importancia que conviene cuidar, para hacerla venir a favor de la organización. 

En realidad, este tipo de diferencias generacionales en el trabajo puede influir mucho en cómo nos vinculamos a ciertos compañeros: en quiénes buscamos protección, a quiénes buscamos proteger o aconsejar como si fueran nuestros hermanos pequeños, quién nos comprende mejor o peor y en base a qué factores. O también en negativo: quiénes despiertan en nosotros los mismos afectos negativos o desconfianza que otras figuras de nuestro entorno social que tienen su misma edad (que es muy diferente a la nuestra). 

¿Cómo afectan las diferencias generacionales al lugar de trabajo?

1. Evitar brechas generacionales

A priori no hay nada de malo en que la edad de los miembros de una empresa sea poco o muy diversa. Las compañías no tienen que configurar necesariamente equipos jóvenes, maduros o de edades muy dispares, sino los equipos más adecuados para lograr sus objetivos. 

No obstante, como hemos mencionado, a medida que la empresa crece es más probable que aparezcan diferencias generacionales en el trabajo que pueden dar lugar a una brecha generacional. 

Esto supone que la plantilla no está cohesionada porque la edad constituye un factor de separación entre las personas. Que nadie lo dude: eso acabará perjudicando al clima laboral. Los responsables de recursos humanos deben prestar atención a este riesgo y promover puentes intergeneracionales dentro de la compañía. 

2. Evitar los estereotipos sobre la edad

Es decir, aprender a detectar y contrarrestar nuestros propios prejuicios asociados a personas pertenecientes a diferentes generaciones

Las dos virtudes que suelen asociarse a las personas que van acumulando horas (y años) de vuelo a sus espaldas son la experiencia y la madurez. La experiencia en este trabajo en concreto, en otros trabajos, en la vida, es un grado y esto no es solo una frase hecha, pero también es cierto que hay personas que no han sabido o querido aprovechar su tiempo y no aportan más valor solo por llevar más años haciendo lo mismo. 

En cuanto a la madurez emocional, se concretaría en templanza, seguridad en uno mismo, prudencia, inteligencia interpersonal, capacidad para regularse uno mismo pero también para prestar apoyo y contención a otros compañeros, especialmente aquellos más jóvenes. ¿Ganamos en esto con la edad? Sí, siempre y cuando no nos pueda el descreimiento, la frustración, la amargura o la desconfianza hacia todo lo que no pertenece a nuestro mundo

En cuanto a los trabajadores más jóvenes, se les suele valorar por poseer una conexión con la realidad más inmediata por su uso de medios de comunicación no tradicionales y una formación altamente actualizada. Su estilo de vida está especialmente mediado por el uso de redes sociales y aplicaciones móviles con mucha mayor intensidad que sus compañeros de trabajo de más edad. ¿Esto es una virtud? Dependerá del trabajo a desempeñar y de la persona detrás de esos usos

Por otro lado, a los jóvenes también se les atribuye mayor flexibilidad, apertura, falta de vicios adquiridos con el tiempo. Sin embargo, ¿la falta de años asegura que la persona tendrá estas cualidades? No, así que convendrá examinarla en base a parámetros que no sean la edad para calibrar su auténtica valía como empleado. 

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No existe la edad ideal para un equipo

Lo importante es la combinación, tirando de características personales (soft skills) que salven las diferencias generacionales en el trabajo

Hablar un mismo idioma o vivir en la misma ciudad no aseguran que la comunicación entre compañeros de trabajo sea máximamente eficaz. Cuando nos separan diez, quince o incluso treinta años de edad podemos interactuar compartiendo códigos básicos pero eso no asegura que nos entendamos de tal manera que nuestro trabajo y nuestras relaciones sean todo lo buenos que deben ser. 

El motivo es que nuestras costumbres, estilo de vida, entornos sociales, maneras de expresarnos, responsabilidades, etc. pueden ser muy diferentes y existe un gran riesgo de que eso nos separe, dificultando no solo la comunicación sino también los vínculos de confianza, complicidad o admiración que son tan nutritivos para el clima laboral. 

Por tanto, se hace necesario cuidar la armonización de lenguajes, ritmos, conocimientos, referentes y, en definitiva, mentalidades y poner toda esta mezcla al servicio de la productividad a través de lo personal: hacer que una buena cohesión del equipo sea posible con personas que provienen de mundos muy diferentes por sus edades. 

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Esperamos que este post sobre las diferencias generacionales en el trabajo te haya resultado interesante. Si quieres más información sobre nuestro programa de bienestar emocional para empresas solo tienes que solicitarla y nos pondremos en contacto con tu equipo lo antes posible.

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