competitividad en el trabajo

Competitividad en el trabajo: más allá del todos contra todos

Hay un ejemplo clásico sobre situaciones que generan competitividad en el trabajo. Si has trabajado en unos grandes almacenes o en hostelería seguro que te sonará. Se trata del debate en los equipos de trabajo sobre si las propinas (o comisiones, como se las conoce en su acepción elegante) deben ser individuales o compartidas. 

Las primeras tienen una ventaja indiscutible frente a las segundas: si las comisiones se distribuyen de manera individual permiten ver qué empleado tiene un rendimiento más destacado. A cambio, generan competición y, por tanto, tienen gran potencial para despertar tensiones dentro del equipo. 

Por su parte, las comisiones compartidas generan un clima relacional más relajado y fomentan la cooperación. Al fin y al cabo, pase lo que pase, si hay una venta seguro que habrá un beneficio, independientemente de quién cierre esa venta concreta, así que nos conviene ayudarnos entre todos porque eso multiplicará las ganancias. No obstante, las comisiones compartidas tienden a ser percibidas por algunos managers como una fuente de acomodación para los empleados menos proactivos o ágiles. Además, no permiten ver con tanta claridad diferencias en el rendimiento de los diferentes empleados. 

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Ningún sistema es perfecto para cualquier empresa y cada una debe tomar decisiones sobre qué sistema de trabajo va a potenciar, en función de su cultura empresarial y de sus necesidades. Lo que está claro es que todas están hechas de personas y, por tanto, tienen que lidiar con la cuestión de la competitividad en el trabajo. En este artículo queremos hablarte sobre ello.

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¿Qué es la competitividad en el trabajo?

Muchas personas se preguntan qué provoca la competitividad, por qué se produce o cómo resolver eso que llamamos competitividad en el trabajo, como si esta fuera -por definición- un problema al que se enfrentan las empresas. 

Sin embargo, debemos partir de la base de que competir es algo propio de los humanos (si no, jamás habríamos salido de las cavernas) y, de alguna manera, es algo inevitable dentro del mundo empresarial. La cuestión es si entendemos la competitividad en el trabajo como una guerra sin límites hasta conseguir imponernos a los demás o bien si la sabemos encauzar como una herramienta saludable para conseguir entre todos que los proyectos avancen

Sea como sea, competir es moverse por un premio o esforzarse por lograr un objetivo por el que también se van a esforzar otros y que no podrá ser compartido: en cierto sentido, será solo para el primero que llegue a la línea de meta. No importa si ese objetivo es material (un bonus al final del año) o inmaterial (fortalecer mi posición frente al jefe, saciar mi necesidad de quedar por encima…). La idea de competitividad nos hace pensar en el famoso “Solo puede quedar uno”.

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Además, la competitividad en el trabajo implica poner en marcha mis recursos personales para que mi rendimiento supere al rendimiento de mis compañeros. De este modo, mi beneficio personal (el salario económico y emocional que reciba a cambio de mi desempeño) también será superior. 

¿Competir con otros o competir con uno mismo?

La competitividad en el trabajo puede observarse desde un punto de vista muy auto-referente, es decir, prestando poca atención a lo que hagan los demás y centrándome mucho en mi propio trabajo. También puede enfocarse al contrario: estando siempre pendiente de lo que hagan los demás para ajustar mi rendimiento al de ellos, incluso viéndoles como rivales y atacándolos si llega el caso. 

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De hecho, puestos a decidir si competimos o no con él, podemos hacer tres categorizaciones del otro: 

1. El otro como un rival

Es un adversario, alguien que obstaculiza la consecución de mis objetivos, alguien que me genera problemas, alguien cuyo beneficio supone un perjuicio para mí. Es decir, el otro es una amenaza

2. El otro como un colaborador

El compañero de trabajo es un aliado con el que tengo objetivos comunes y junto a quien compito, formando equipo, para lograrlos y salir beneficiados ambos.  

3. El otro como alguien indiferente

No hay intercambio de influencias. No necesito superarlo ni percibo que interfiera en la consecución de mis objetivos. Este planteamiento es propio de equipos en los que los miembros tienen poca interdependencia o bien de equipos en los que sus miembros no necesitan atacarse entre sí para que las individualidades destaquen.  

En cualquier caso, estos matices tienen importantes implicaciones para las relaciones entre compañeros, la motivación individual, la cohesión del equipo y, en definitiva, para el bienestar psicológico de todos. 

Por tanto, en esta contraposición entre competir y compartir, observamos que la competitividad en el trabajo puede despertar en los empleados el instinto de superarse entre sí pero también a sí mismos, lo cual no tiene por qué ser negativo sino, en realidad, muy productivo para todas las partes

Sin embargo, cuando transcurre por los canales inadecuados, también puede despertar en los equipos de trabajo pulsiones de agresividad y hostilidad que lleven a los compañeros a “dañarse” entre ellos para obstaculizar el rendimiento ajeno, viéndose unos a otros como enemigos en lugar de personas con las que forjar vínculos afectivos favorables. 

Algunos rasgos de la persona competitiva

En la medida en que existen múltiples contextos laborales, metas, incentivos para empleados y metodologías para mejorar la productividad, también existen muchas maneras diferentes de competir, llevadas a cabo por trabajadores con características muy diversas. 

No obstante, si observamos a las personas que consideramos competitivas, o si observamos a las personas en los contextos en los que se sienten impulsadas a competir con sus compañeros de trabajo, podemos localizar en ellas algunos rasgos que ayudan a explicar su conducta.  

1. Inconformismo

Por definición, alguien que compite para lograr un objetivo, ya sea contra sí mismo o contra los demás, es alguien que desea algo diferente y mejor que lo que tiene ahora. No se conforma con su rendimiento actual sino que siente la necesidad o el deseo de incrementarlo. 

2. Perfeccionismo

Competir es, en cierto sentido, el deseo de dejar claro que somos mejores que los demás, o que somos mejores de lo que fuimos nosotros mismos en un momento anterior. La competitividad en el trabajo nos lleva, en este sentido, a un esfuerzo más o menos intenso por la mejora. 

3. Inseguridad

En mucha ocasiones nuestros deseos de mejorar o de ser mejores que nuestros compañeros esconden una desconfianza respecto a nuestra valía actual. Ver a los demás como obstáculos en nuestro crecimiento, o incluso como enemigos a los que hay que batir, implica una cierta sensación de amenaza respecto a ellos. 

4. Energía

Dentro de nuestras propias capacidades, competir para superarnos o superar a los de al lado requiere necesariamente la puesta en marcha de nuestras mejores habilidades, movilizando recursos y llevándolos más allá de la comodidad para poder alcanzar la meta que nos hemos planteado. 

5. Compromiso

Conseguir objetivos, especialmente cuando estos son muy valiosos o cuando llegar hasta ellos es un camino que incluye dificultades (por ejemplo, dentro de un contexto de competitividad en el trabajo) no puede hacerse sin un alto nivel de compromiso, constancia y conexión emocional con aquello que queremos o necesitamos lograr. 

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​​En ifeel entendemos que no es posible cuidar de la empresa sin cuidar el bienestar psicológico de sus trabajadores. Para ello, contamos con un programa de bienestar emocional para empresas, diseñado por nuestro equipo de psicólogos expertos en bienestar laboral con un objetivo principal: ayudar a las compañías a colocar la salud de los empleados en el centro de su estrategia de trabajo.  

Gracias a esta colaboración, las personas que están al frente de los departamentos de recursos humanos pueden recibir asesoramiento personalizado y basado en datos sobre cómo tomar buenas decisiones en una empresa para sacar el máximo partido de los equipos que tienen a su cargo y cuidar mejor del bienestar psicológico de las personas que los integran. 

Por otro lado, este programa ofrece a los empleados un servicio holístico de cuidado de su salud mental estructurado en diferentes niveles en función de sus necesidades. Este servicio incluye, si lo requieren, la terapia psicológica online con un psicólogo especializado en casos como el suyo. Prueba ahora nuestro programa para que puedas ver cómo podría ayudaros.

Esperamos que este post sobre la competitividad en el trabajo te haya resultado interesante. Si quieres más información sobre nuestro programa de bienestar emocional para empresas solo tienes que solicitarla y nos pondremos en contacto con tu equipo lo antes posible.

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