vacaciones ilimitadas

¿De verdad existen las vacaciones ilimitadas?

Te lo has imaginado y lo sabes: trabajar en una empresa que te permita disfrutar de vacaciones ilimitadas. Esto, que parece una utopía o una idea carente de sentido, ya es una realidad en el mercado laboral. No muy extendida, de acuerdo, pero ha empezado a probarse. Concretamente en algunos puestos, dentro de ciertas organizaciones pertenecientes a ciertos sectores, pero todo se andará… O no. Sea como sea, en este post te hablamos sobre un tema, el de las vacaciones ilimitadas como beneficio para empleados, que seguro te interesa

¿Es posible disponer de vacaciones ilimitadas reales?

Preguntado de otras maneras: ¿tiene sentido hablar de “vacaciones ilimitadas”? ¿Realmente beneficia tanto a los empleados como estos imaginan? ¿Estaría dispuesta cualquier organización a proporcionar vacaciones ilimitadas a sus empleados a cambio del cumplimiento de los objetivos acordados? 

No parece que ninguna de estas preguntas tenga una respuesta fácil o definitiva. 

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Todas las vacaciones tienen un límite

En realidad, cuando tratamos este tema estamos más ante una manera de hablar que ante una realidad exacta. Al fin y al cabo, si nos atenemos a la definición del término, unas vacaciones ilimitadas implican -al menos potencialmente— no trabajar nunca. Pensémoslo durante un momento. Si viviéramos en un mundo donde se nos permitiera disfrutar de vacaciones ilimitadas, nos iríamos del trabajo y nunca regresaríamos. De este modo, no podríamos dar ninguna continuidad a ciertas tareas y nuestra relación con la empresa en la que trabajamos quedaría desbaratada.

Por tanto, parece más plausible que el concepto de vacaciones ilimitadas haga alusión a otra cosa, es decir: a unas vacaciones ilimitadas… pero no tanto.

De hecho, este término se refiere más bien a cómo las empresas ofrecen a sus empleados la posibilidad de aumentar el tiempo de vacaciones pagadas por encima de lo habitual (22 días por año trabajado) y disponer de mayor flexibilidad para distribuir esos días de vacaciones a lo largo del año. 

Desde este punto de vista, y aunque suene contradictorio, en la práctica hablar de vacaciones ilimitadas implica que el aumento de las vacaciones no es literalmente ilimitado, sino que tiene que terminar en algún momento o de alguna manera, incluso aunque no lo parezca. De igual forma, la flexibilidad en la distribución de los periodos de vacaciones no puede convertirse en la desaparición intermitente, imprevisible e indefinida de los empleados. 

El valor del tiempo para empleados y empresas

Los empleados somos personas que damos una importancia cada vez mayor a nuestro tiempo: es lo único que tenemos que vamos “perdiendo” día tras día y es el material indispensable que poseemos para realizar nuestra vida. 

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En este contexto, la posibilidad de disponer de un ocio abundante, elegido y suficiente dentro de nuestra profesión a través de un formato de pausas del tipo “vacaciones ilimitadas” parece genial: una medida de flexibilidad laboral a la que nadie querría resistirse y que sería considerada como una especie de lotería por cualquier empleado. 

El tiempo es la cantidad de tiempo que tenemos, pero también su calidad. Una adecuada combinación de ambas es lo que nos permite usarlo de una manera acorde a nuestras necesidades y bienestar. Muchas personas —y algunas empresas— piensan que disponer de vacaciones ilimitadas es una expresión óptima, cuando no perfecta, de esa combinación… signifique ilimitadas lo que signifique.

Gracias a esta medida podemos poner un poco más nuestro propio tiempo vital al servicio de nuestra realización como personas

Aprender a usar eficientemente el tiempo

Parece difícil establecer una separación total y perfecta entre el 100% de las tareas a realizar y el 100% del tiempo que un empleado requiere para llevarlas a cabo. 

Teniendo en cuenta esto y el resto de lo comentado hasta ahora, parece que la reflexión sobre el uso eficiente del tiempo en el ámbito laboral sigue estando pendiente. Por ejemplo, cuando existe un gran desequilibrio entre las tareas a realizar y el tiempo disponible para ello. 

Por un lado, da la impresión de que es genial disponer día tras día de ocho horas en la jornada para realizar una o dos cosas que, en realidad, podrían quedar hechas en tres o cuatro horas. Genial en el sentido de lo relajada, pausada y pormenorizadamente que esas tareas pueden ser llevadas a cabo: sin estrés, sin agobios, sin prisas

Sin embargo, ¿es eficiente esta manera de funcionar? ¿Es satisfactorio para el empleado tener comprometida semejante cantidad de tiempo de manera sistemática? ¿Dónde estamos poniendo el acento: en los resultados obtenidos (productividad real), en los resultados esperados (OKR) o en el tiempo empleado para ello?

Vacaciones ilimitadas y uso del tiempo

En muchos casos es posible que esta manera de funcionar que acabamos de describir sea suficientemente buena para los implicados. Sin embargo, en otros casos podríamos estar previniendo unos riesgos psicosociales pero abriendo la puerta a otros. En este sentido, habría que poner sobre la mesa que, quizá, estamos renunciando al estrés generado por la falta de tiempo y el trabajo bajo presión a cambio de caer en el derroche de tiempo (y, seguramente, de dinero), el aburrimiento profundo o boreout y la sensación de “estar de guardia para nada”, cuando se podría estar empleando todo ese tiempo para otras cosas.  

Muchos responsables de Recursos Humanos que se plantean experimentar una política de vacaciones ilimitadas están preocupados por cómo eso puede afectar a la productividad de la plantilla. También ven venir problemas para la coordinación de la persona que no tiene límite de vacaciones con el resto de compañeros del equipo. No se vuelve previsible para el equipo, no ofrece confiabilidad, no es alguien a quien recurrir, no es alguien fácilmente disponible o con quien se pueda contar.

En consecuencia, hay que pensar bien cómo se definen en la práctica las llamadas vacaciones ilimitadas y en qué tipo de puestos podrían generar más problemas. Por otro lado, también conviene recordar que la disponibilidad absoluta no genera necesariamente una mejor coordinación y que aprovechar el tiempo no consiste exactamente en usar una cantidad determinada de tiempo en realizar una tarea. Más bien significa realizar una tarea en el tiempo necesario para ello y solo en ese tiempo.

Se trata de obtener un resultado que sea óptimo (esto es, satisfactorio para empleado y empresa) a un nivel de desgaste asumible para el trabajador, es decir, de manera eficiente tanto en los aspectos técnicos como en los que se refieren al bienestar físico y psicológico del trabajador.

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Vacaciones ilimitadas: riesgos para los empleados

Dado que la posibilidad de disfrutar de vacaciones ilimitadas suele estar supeditada al cumplimiento de ciertos objetivos, existen varios riesgos que conviene calcular. En primer lugar, habría que prevenir la tentación perniciosa de la empresa a inflar innecesariamente los objetivos a conseguir, de modo que en la práctica sea imposible conseguirlos y disfrutar de vacaciones ilimitadas, con el enrarecimiento que eso implicaría en la experiencia de los empleados. 

En segundo lugar, pero relacionado con lo anterior, estaría el intento de los empleados de conseguir cualquier objetivo en un tiempo excesivamente corto, solo para poder disfrutar de esas supuestas vacaciones ilimitadas (abundantes, flexibles, frecuentes). Esto podría generar descompensaciones en sus horarios y jornada laboral, persiguiendo un rendimiento adulterado y que puede acabar generando un síndrome de burnout a medio o largo plazo.  

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Esperamos que este post sobre las vacaciones ilimitadas te haya resultado interesante. Si quieres más información sobre el servicio de bienestar mental para empresas de ifeel solo tienes que solicitarla y en seguida nos pondremos en contacto con tu equipo.

Si te ha parecido interesante este artículo, te invitamos a consultar nuestro blog sobre cómo evitar el estrés en Navidad, para que aprendas a disfrutar de las fiestas sin la preocupación laboral.

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