Burnout en el trabajo: cuando la oficina te abrasa

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Identificar los síntomas de burnout en el trabajo es fundamental a la hora de potenciar la salud laboral. Seguro que has oído hablar del síndrome de burnout: se trata de esa situación indeseable en la que, por diferentes motivos, nuestro trabajo “nos prende fuego”, es decir, nos desgasta poco a poco con diferentes tipos de llamas.

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¿Qué es el burnout en el trabajo?

Fue a mediados de los años 70 cuando el psiquiatra Herbert Freudenberger dio por primera vez una definición de burnout similar a la que tenemos hoy en día. Hizo referencia a una patología presente en un grupo de trabajadores que tenían síntomas parecidos: crisis de ansiedad, estados depresivos, desmotivación laboral, enfrentamientos laborales y pérdida de energía.

Originalmente el término se utilizaba para referirse a profesiones sanitarias, como médicos y enfermeras que, en su labor de cuidar a los demás, acababan desgastados. Sin embargo, hoy este desgaste ha viajado a otros ámbitos y este concepto se ha popularizado con la expresión “estar quemado/a”.

Cuando el trabajo nos quema, aunque sea en sentido metafórico, eso quiere decir que nos reduce poco a poco a cenizas, restándonos fertilidad y frescura como trabajadores. En esas situaciones el burnout en el trabajo nos quita brillo y nos convierte en tierra quemada donde no hay vida, como si fuéramos un terreno donde, tarea tras tarea, deja de crecer la hierba.

Es verdad que, cuando se dan ciertas condiciones, la ceniza puede funcionar como abono -en este caso entraríamos en el terreno de la resiliencia– pero todos estamos de acuerdo en que, en principio, es mejor que el bosque no se queme a que lo haga.

El burnout en el trabajo no se debe solo a un exceso de trabajo: eso puede ser estresante y, por supuesto, el estrés puede conducir a un síndrome de burnout. Sin embargo, el desgaste y la sensación de estar quemado van más allá del estrés.

Síntomas de burnout

¿Cómo identificar los síntomas de burnout en el trabajo?

Por ejemplo, una persona puede sentirse muy valorada en su trabajo, ocupar el puesto que siempre ha deseado y emplear su tiempo en tareas muy realizantes. Esta misma persona, por diferentes motivos, puede asumir en un momento dado demasiadas tareas, o tener que hacer frente a responsabilidades que no le corresponden o que exceden a sus conocimientos.

Cuando esto ocurre, la persona desarrolla un cuadro de estrés, pero esa situación no tiene por qué conducirla necesariamente a un síndrome de burnout. De hecho, si se siente reconocida, si percibe que lo que hace tiene un sentido, si cuenta con la posibilidad de pedir ayuda y cree que en cuanto se ponga a ello puede darle la vuelta a su situación, probablemente esta no se prolongue más allá de lo imprescindible y las chispas que empezaban a saltar entre la maleza quedarán rápidamente sofocadas.

Nuestro entorno laboral es muy demandante y no siempre tiene como objetivo la protección de la salud mental. Por eso, mucha gente acude a la consulta de los psicólogos expresando un malestar al que no saben poner nombre pero con el que los profesionales estamos muy familiarizados. A continuación puedes leer unas frases que pronuncian con frecuencia aquellas personas que ya empiezan a manifestar los signos y síntomas propios de burnout en el trabajo. Fíjate bien cuando las leas, quizá te reconozcas en alguna de ellas como trabajador:

“Me siento solo en mi trabajo”, “Nunca se reconoce lo que hago”, “Mi trabajo en inútil”, “No tengo ningún poder de decisión o control sobre mis tareas”, “Creo que, haga lo que haga, aquello que me desmotiva nunca va a cambiar”, “El trabajo me vampiriza, me quita energía, me atrapa y no me deja tiempo para otras actividades”, “Mi trabajo es excesivamente demandante, más demandante de lo que yo puedo satisfacer sin romperme, y encima no me compensa con nada”.

¿Llevas ya un tiempo sintiéndote así? Pues ten cuidado, porque eso significa que la cosa está que arde, al menos en el sentido psicológico de la expresión.

1. Detecta los síntomas del síndrome de burnout cuanto antes

El burnout en el trabajo, la quemadura que nos provoca nuestra profesión, a menudo puede pasar desapercibido. Todo incendio comienza discretamente por unas cuantas hojas quemándose, unos rastrojos incandescentes que ocupan muy poco espacio hasta que al final se convierten en cientos de hectáreas calcinadas.

El incendio es silencioso en su comienzo, también cuando es metafórico. Por eso es importante -antes de que sea demasiado tarde- que prestes atención a esa fina columna de humo que ya asoma entre los ordenadores. Date cuenta de ese ligero olor a quemado en la sala de reuniones, el suave crepitar de nuestra agenda cuando imita a una chimenea encendida: si no lo paramos a tiempo, nos convertiremos en trabajadores quemados.

Llegar a estar quemado es un proceso, así que es importante que diferenciemos entre estar pasando un momento poco brillante en nuestro empleo y desarrollar un cuadro psicológico de burnout en el trabajo. Estar quemado no es tener un mal día en el trabajo, un día desilusionante o un día agotador. Ni dos ni tres. El síndrome de burnout es algo más: el resultado de un periodo prolongado de días malos, llenos de tareas inabarcables o sin sentido que acaban deprimiéndonos y restándonos eficiencia en nuestras tareas.

Estar quemado tampoco quiere decir que tu trabajo sea horrible, que tengas que abandonar tu empleo o que tu carrera esté acabada. Quiere decir que algo en tu trabajo y en tu manera de desempeñarlo (o en la manera en que las circunstancias externas te obligan a llevarlo a cabo) están afectando negativamente a tu salud física y mental. Si esta es tu situación, solo hay una buena conclusión posible: las cosas tienen que cambiar… y tienen que hacerlo cuanto antes.

2. Distingue entre un mal momento de burnout en el trabajo

El trabajo es una parte importante de tu vida pero no es toda tu vida. Por eso, si el trabajo va bien, fantástico. Si va mal, recuerda: es solo una parte que va mal. Es genial trabajar en algo que nos motiva y que llena de sentido nuestra vida, pero eso no siempre sucede y no por ello tiene que ser el fin del mundo.

Nuestro desempeño laboral debe necesariamente favorecer nuestra salud o, al menos, no menoscabarla, de ahí que haya que optimizar las condiciones en que tiene lugar. Sin embargo, no es realista pensar que el trabajo tiene que ser siempre perfecto o que nos tiene que entusiasmar cada día: no te dejes quemar a la primera, ¡es muy raro que todo vaya bien todo el tiempo!

Tampoco le pidas al trabajo que aporte toda la satisfacción que no encuentras en otras áreas de tu vida. Reparte responsabilidades, separa y alimenta las diferentes facetas de tu vida cotidiana y aprende a desconectar. Mientras estés en tu puesto, haz cuanto puedas por estar lo mejor posible y rendir lo que consideres necesario; luego, cuando “suene el timbre”, recuerda que es hora de que te ocupes de los otros aspectos de tu vida. O lo haces, o te quemas.

Síntomas de burnout

3. Dale importancia a las personas

Todos sabemos cuánta verdad hay en aquello de «mejor solo que mal acompañado», sobre todo cuando el compañerismo no abunda en los sitios donde trabajamos. No obstante, incluso cuando este sea el caso, procura no aislarte más allá de lo necesario para protegerte de un entorno tóxico. Cultiva una buena relación con tus compañeros de trabajo. Teje alianzas, pide ayuda si la necesitas, busca el apoyo mutuo y la colaboración con la gente que tienes a tu alrededor siempre que sea posible.

Susan M. Wilson, miembro de la Asociación Americana de Psicología (APA), lo tiene claro: «Es menos probable que se produzca burnout con un ambiente de trabajo positivo y que proporciona apoyo». Como añade esta psicóloga, «el apoyo social por parte de supervisores, compañeros y miembros de la familia contribuye a crear este ambiente positivo».

Desengáñate, una máquina muy potente puede ahorrarte parte del trabajo pero no te va a dar una palmadita en la espalda para felicitarte por tus logros ni se va a tomar un café contigo para destensar. Tampoco va a darte un consejo brillante, ni va a recomendarte a su terapeuta, ni le va a pedir a vuestro jefe que afloje un poco contigo o que atine mejor con los encargos que te hace. Al final, lo importante son las personas.

4. Organízate bien

Para evitar el burnout en el trabajo es bueno que hagas pausas. No te bloquees con objetivos imposibles ni pidas a otros que consigan cosas imposibles para ti. A veces nos empeñamos en algo, confundiendo la tenacidad con el quedarnos encasquillados, ¿nos está faltando solo un poco más de paciencia o realmente estamos olvidando que lo que no puede ser, no puede ser?

No entres en caos ni te hundas, mejor afina un poco la mirada y piensa que quizá, sobre todo si no estás llegando a donde quieres llegar, puedes probar algo diferente durante un tiempo en tu manera de trabajar: un cambio de rumbo hoy puede salvarte de las llamas mañana.

Detecta dónde tienes que esforzarte más y dónde hay que apretar un poco menos, reformula tus expectativas y prioridades, no pierdas tiempo ni malgastes tu energía. ¿Has perdido perspectiva como trabajador y eso te está quemando? No pasa nada: aléjate, recupera la visión panorámica y continúa trabajando con una nueva mirada.

5. Toma medidas contra el síndrome de  burnout

No cojas demasiado impulso con decisiones precipitadas cuando sientas burnout en el trabajo. No obstante, si ves que la situación se prolonga y que lo que empezó como una mala racha ya no puede oler más a chamusquina, quizá es el momento de asumir tu situación laboral como lo que es, un síndrome de burnout. En ese caso debes tomar medidas de mayor calado: adelantar tus vacaciones, pedir una baja médica o, sin prisa pero sin pausa, valorar la posibilidad de cambiar de trabajo.

A veces ni las vacaciones, ni las bajas, ni un cambio de trabajo son soluciones factibles a corto plazo. Aun así, tu salud no es algo que puedas posponer. Si ya has empezado a sentir los síntomas de burnout en el trabajo es importante que pidas ayuda psicológica. Conéctate hoy mismo a nuestro chat y te explicaremos cómo puedes comenzar hoy mismo tu terapia online con nosotros.

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