Claves en la búsqueda de empleo (I): el currículum

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A veces un cambio de empleo puede llegarnos de manera inesperada o sin habernos esforzado demasiado por buscarlo o encontrarlo. También puede ser que nos llegue con un gran esfuerzo pero no a través de los canales convencionales de inserción laboral. Hablamos, por ejemplo, de esas ocasiones en que nos proponen un ascenso dentro de la empresa en la que ya estamos o se nos propone un puesto en otra empresa sin que nosotros lo pidamos o busquemos. También cuando emprendemos nuestro propio proyecto de manera autónoma, lo cual resulta costoso pero no suele implicar ninguna de las tres cosas de las que vamos a hablar en este artículo y en los próximos.

Cuando buscamos un empleo -bien porque no tenemos ninguno y lo necesitamos, o bien porque tenemos uno y lo queremos cambiar por otro- lo habitual es seguir los cauces convencionales de eso que en el argot se llama “búsqueda activa de empleo”. Se trata de un proceso complejo en el que influyen multitud de factores, muchos de ellos ajenos a nuestro control. A pesar de esa complejidad, en toda búsqueda activa de empleo siempre hay tres momentos que conviene cuidar al máximo: preparar el curriculum, apuntarte a una oferta de trabajo y asistir a una entrevista de trabajo. Empecemos por el primero de ellos.

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El CV se parece más a un esquema que a un dossier autobiográfico

En internet dispones de una infinidad de textos y tutoriales sobre cómo preparar un buen curriculum vitae (lo que se conoce como CV). Como quizá no dispones de tiempo suficiente para empaparte de todo ese contenido pero sí con el suficiente para leer este artículo, vamos a resumir lo que debes saber para maximizar la probabilidad de que tu CV tenga éxito y minimizar la probabilidad de que no lo tenga.

Extensión

Un CV no es una autobiografía, sino un resumen de tu experiencia profesional. Por tanto, ante la duda, si tu CV tiene más de dos caras está mal hecho. Obviamente hay ámbitos profesionales y puestos en concreto donde la extensión del CV es un valor por sí misma, pero son excepciones. Prácticamente nadie es tan importante como para que un reclutador (la persona que te va a dar el trabajo) le dedique más de unos pocos segundos o minutos a una primera lectura de su CV. Pónselo fácil.

Formato

¿Recuerdas que hemos descrito el CV como un “resumen” de tu experiencia profesional? Bien, pues más que como un resumen deberías tomártelo como un esquema que recoja de manera veraz, rápida y comprensible los aspectos más importantes no tanto de tu vida profesional (sobre todo si es muy larga) sino de aquellos aspectos de tu vida profesional que quieres que cada reclutador en concreto sepa. Por tanto, un CV se parece más a un conjunto ordenado y limpito de apuntes que te describen que a una redacción. Por supuesto, nada de faltas de ortografía y pon la información más útil o importante al principio: no des por hecho que el reclutador va a leer hasta el final.

Adaptado a la oferta

Junto con la extensión excesiva y el formato ilegible, enviar un CV a una oferta sin haberlo adaptado a esa oferta en concreto es el tercer error clásico de toda búsqueda de empleo. Para evitarlo lee atentamente la oferta, piensa qué tienes en tu CV que te hace adecuado para esa oferta en concreto y elimina todo lo demás. De este modo, facilitarás la lectura al reclutador y resaltarás tus aptitudes para el puesto en concreto en lugar de hacer que se pierdan entre un bosque de datos. Además, ¿lo adivinas? ¡exacto! conseguirás que tu pequeña autobiografía de cinco, diez o quince páginas que no va a impresionar a ningún reclutador sino que lo va a poner en tu contra quede reducida a un fabuloso CV de una o dos caras.

Los errores más comunes a la hora de elaborar tu CV:

Confundir el CV con una carta de presentación. Esto te lleva a describir profusamente cada uno de los puestos que has desempeñado y hace que tu CV engorde innecesariamente. Obligas al reclutador a leer información que no necesita en ese momento y dispersas su atención. Un CV es un CV y una carta de presentación es una carta de presentación. Tienen funciones diferentes y no conviene confundirlas. Por otro lado, igual que cuanto más hablamos más probabilidades hay de meter la pata, cuanto más escribimos más probabilidades tenemos de cometer faltas de ortografía o enseñarle al reclutador que no escribimos bien… y eso no lo queremos, ¿verdad?

No adaptar el CV a la oferta. Normalmente se tiene la creencia de que debemos impresionar al reclutador con nuestra inmensa experiencia en todos los ámbitos habidos y por haber. Un CV no es una carta de presentación pero tampoco es un dossier detallado de toda nuestra experiencia y formación. Hay momentos para deslumbrar con nuestra biografía académica en detalle y el CV no es uno de ellos. El reclutador no necesita conocer los cuarenta y cinco cursos y talleres que has hecho sobre temas diversos y normalmente tampoco está interesado en conocer todos los trabajos que has tenido y que no tienen nada que ver con el que te está ofreciendo. Elimina toda esa morralla de tu CV y resérvala para la carta de presentación o la entrevista de trabajo.

Los errores más comunes: muy largo, impreciso y con faltas

No repasar el CV antes de enviarlo. Piensa que hasta la gente que mejor se expresa comete alguna falta de ortografía, algún error gramatical o alguna errata. Si eso le pasa a la gente que escribe genial, ¿qué no nos pasa a los demás? Repasa el CV, asegúrate de que está bien presentado, sin errores, con las negritas y cursivas utilizadas coherentemente, con todas las fechas necesarias y los puntos bien colocados. Si hace falta enséñaselo a algún amigo (alguien que escriba bien) para que lo repase por ti y te haga alguna buena sugerencia. No repasar el CV antes enviarlo es uno de los errores más graves, más comunes y más fácilmente evitables que pueden suceder durante un proceso de búsqueda activa de empleo.

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