afrontar una entrevista de trabajo

¿Cómo afrontar una entrevista de trabajo?

¿Sabes cuál es la mejor manera de afrontar una entrevista de trabajo? Sobre cómo preparar un CV y cómo presentar tu candidatura a una oferta se han escrito ríos de tinta y se han grabado innumerables horas de tutoriales en internet. ¿Sobre el momento cumbre del proceso de selección, es decir, la entrevista? Eso ya no son ríos, ¡son océanos!

Y es que la entrevista de trabajo es el broche de oro para un proceso de búsqueda a veces muy largo. Un proceso en el que se han tenido que superar muchos obstáculos, por ejemplo haber preparado un CV lo suficientemente bueno como para hacerlo atractivo entre un número muy alto de rivales.

Por tanto, conseguir una entrevista de trabajo es algo muy importante que merece ser celebrado. Además, especialmente en periodos de crisis económica (donde hay poco trabajo o, al menos, poco trabajo de calidad) conseguir la entrevista es todo un acontecimiento.

El éxito en una entrevista depende de respetar unos mínimos, prepararla bien y no presuponer qué le gustará al reclutador

Existe un mantra en el mundo de la inserción laboral que dice que “Tú estás interesado en el trabajo pero el reclutador está interesado en conocerte, porque hay algo en tu perfil profesional que le atrae y quiere confirmar sus impresiones sobre ti”. Correcto y, además, tiene que presentarte el puesto y la empresa como algo lo suficientemente atractivo como para que quieras unirte a ellos. Pero esa es su labor. La tuya, si es que quieres el puesto, es hacer la mejor entrevista posible para lograrlo. Veamos cómo podemos intentar que eso ocurra.

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Cómo afrontar una entrevista de trabajo

Preparar la entrevista

Entrevistas de trabajo hay de muchos tipos pero todas tienen algo en común: son un casting o, si lo prefieres, un examen. De la misma manera que ningún papel está adjudicado de antemano en un verdadero casting y ningún aprobado está asegurado de antemano en un verdadero examen, tampoco el hecho de que tu CV haya conseguido llegar a la entrevista quiere decir que el trabajo sea tuyo solo porque en un papel pone que eres el candidato idóneo: tienes que demostrarlo.

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En esa demostración van a influir muchas cosas, la primera es que debes repasar a conciencia tu CV. No des por hecho que porque es tu vida vas a recordar rápidamente en qué año hiciste ese máster o qué funciones realizaste en aquel antiguo trabajo. También conviene que prepares de antemano buenas respuestas a ciertas preguntas difíciles que es probable (nunca seguro) que te hagan. El ejemplo prototípico es “¿Por qué quieres este puesto y qué puedes aportar a la empresa?”.

Asegúrate de que sabes dónde tendrá lugar la entrevista y no te confíes: llega con bastante tiempo de antelación. Ningún reclutador quiere verte sudando después de haber llegado corriendo a su oficina y prácticamente ninguno va a querer verte -o darte el trabajo aunque te vea- si llegas tarde. No es ninguna tontería: asegúrate un par de días antes de que la ropa adecuada está lista para ese día, no vaya a ser que haya que planchar una camisa o comprar unos zapatos en el último momento.

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Hacer la entrevista

Obviamente, durante toda entrevista hay unos mínimos que se deben cumplir: ser agradable, estar presente (no distraído), vigilar la postura del cuerpo y expresiones faciales, cuidar qué se dice y cómo se dice (sobre todo al dar información negativa sobre uno mismo), ser educado y agradecido, etc.

Esto, que sirve para cualquier entrevista de trabajo, es prácticamente lo único seguro que puedes tener en cuenta. Todo lo demás queda en el terreno de la incertidumbre y tendrás que resolverlo sobre la marcha. Eso no implica improvisar al 100%, porque has preparado la entrevista, pero sí vas a improvisar en un gran porcentaje porque cada entrevista es un mundo y no todo lo que vale para una vale para las demás. ¿Por qué? Porque nunca puedes estar completamente seguro de qué tipo de candidato busca el reclutador, ni qué cosas le ponen nervioso o le gustan, qué estilo de entrevista va a seguir, qué le va a parecer curioso, maleducado, proactivo o prudente. Sencillamente, no puedes saberlo, así que cíñete a los mínimos y haz lo que puedas con lo demás.

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Si eres un buscador activo de empleo aficionado a los tutoriales con sugerencias habrás notado que siempre se aconseja adoptar una actitud proactiva durante la entrevista, incluso tan proactiva que el entrevistado prácticamente se convierta en el entrevistador. Se supone que eso te hace parecer una persona segura de sí misma, interesada en el puesto, dinámica y llena de ideas. Francamente, dar por hecho que esa es la imagen que das y que eso es lo que debes hacer por norma en cualquier entrevista de trabajo es un grave error. Aunque es evidente que debes mostrar “sangre en las venas”, ante la duda lo prudente es escuchar atentamente y mostrar un perfil medio, no quitarle la batuta al reclutador solo porque te lo han recomendado en un tutorial de Youtube.

También se aconseja tener preparada una pregunta para que no parezca que te da igual todo o, incluso, una pregunta que te haga parecer seguro de ti mismo y poderoso, tipo “¿Por qué os habéis fijado en mí?”. Obviamente está bien que preguntes aquello que no ha quedado claro y es bueno que participes en la entrevista, pero ten cuidado con poner al entrevistador en un compromiso o con desconcertarle: puede resultar impertinente. Recuerda que no sabemos a quién tenemos delante ni qué le va a parecer bien o mal, por eso es mejor que te ganes su simpatía de manera discreta y no que se quede pensando que eres un listillo/a. En resumen: cuidado con las recomendaciones de internet, no todas sirven para cualquier entrevista y te pueden llevar a meter la pata hasta el fondo.

Evaluación de la entrevista

Es muy recomendable que después de la entrevista -y cuanto antes mejor, dado que la memoria no es eterna- anotes en tu cuaderno especial de buscador de empleo todas las preguntas que recuerdes que te han hecho, al menos las importantes. Anota también las respuestas que has dado, sobre todo las que te parezcan muy buenas o muy malas.

Lo más probable es que nunca estés seguro al 100% de cuáles han sido muy buenas y cuáles muy malas, de hecho te sorprenderías si el reclutador te diera sus impresiones, pero apúntalo todo. Esto enriquecerá tu repertorio de preguntas y respuestas que pueden salir en una entrevista. Agradecerás haberlo hecho cuando prepares la siguiente entrevista habiendo corregido los errores de la anterior.

Otra manera de sacar rendimiento de la entrevista es contactar con el reclutador una vez que la entrevista ya ha tenido lugar. A menudo se aconseja, de manera indiscriminada, el enviar un mail de agradecimiento al reclutador justo después de la entrevista por haberse tomado la molestia de conocernos. ¿Hay que hacerlo? Depende. No sabes cómo se lo va a tomar él/ella, no presupongas que lo va a entender como una deliciosa cortesía que te hará ganar puntos en lugar de como un “qué pesado”. Piénsatelo y, si te decides, que sea algo sencillito y bien escrito. Menos es más.

Un tercer nivel de seguimiento sería contactar al cabo de unos días no tanto para agradecer la entrevista, que también, sino concretamente para interesarte por el estado de tu candidatura. Junto con decidir si mandas este mail o no, la otra duda estrella en este caso es cuándo es el mejor momento para enviarlo. Una manera de anticiparte a esto es acordarte de preguntar al final de la entrevista (educadamente, como quien no quiere la cosa) cuándo tienen previsto resolver el proceso de selección. Eso te aportará una cierta perspectiva sobre cuándo es probable que aún sigas en la brecha o cuándo deberías considerar que te han descartado.

Los errores más comunes al plantear una entrevista de trabajo

1. No preparar la entrevista

Aunque te parezca mentira, muchas personas piensan que lo único que hay que tener en cuenta en una entrevista de trabajo es comparecer en el día y hora indicados.

A no ser que el trabajo no te interese lo más mínimo o que alguna otra circunstancia haga innecesario cualquier preparativo, las entrevistas hay que prepararlas y eso va mucho más allá de saber el día y la hora. Debes revisar tu CV (el CV concreto que enviaste a esa candidatura en concreto), para refrescar tu memoria sobre tu trayectoria. Si puedes, practica en voz alta algunas frases de saludo y de despedida, así como alguna pregunta que tengas pensado hacer. A veces es muy útil hacer un simulacro con algún amigo de confianza a modo de role-playing: te sorprendería la cantidad de detalles que no has tenido en cuenta sobre la entrevista y que, al ensayar, podrás corregir. Y por favor, prepara la ropa y el itinerario con suficiente antelación.

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2. Revelar información negativa

Nos referimos a esas ocasiones en que los nervios, la falta de preparación previa o la astucia del entrevistador nos traicionan y nos hacen revelar algún dato que perjudicial para que parezcamos el candidato idóneo. Nadie podrá acusarnos de mentir o de no ser honestos, pero sí podrán reprocharnos que no hemos sido hábiles sorteando el anzuelo que nos han puesto delante.

Quien tiene que decidir si te da el trabajo o no va a preguntarte por tus carencias y por todo eso que no sabes hacer, no es necesario que tú le hagas el trabajo sucio. Si has ensayado la entrevista, habrás podido anticipar buenas respuestas a preguntas espinosas. Si no, simplemente haz lo que puedas. Recuerda que no hace falta contestar como un rayo a cada pregunta: si la cuestión es complicada tómate un par de segundos antes de contestar y respira, a veces basta con eso para encontrar una buena respuesta.

Recuerda revisar tu CV, preparar algunas respuestas clave y llegar con suficiente antelación

3. No actuar de manera auténtica

Como hemos dicho antes, muchas veces se aconseja tomar un rol activo y muy participativo durante la entrevista aunque eso puede convertirse en un arma de doble filo, sobre todo si nos pasamos. Por otro lado, los candidatos a un puesto, especialmente cuando llevan mucho tiempo queriendo conseguir un empleo, tienen mucha presión encima para convertirse en el entrevistado perfecto, cuando ese papel sencillamente no existe. Por si fuera poco, reciben multitud de mensajes contradictorios sobre lo que deben y no deben hacer.

Ya hemos comentado que hay unos mínimos que debes tener en cuenta, pero no puedes convertirte de la noche a la mañana en alguien que no eres. Por eso, vale más que sepas qué tipo de candidato eres, que pongas el foco en tus capacidades y que intentes, a tu manera, comportarte como una persona razonablemente agradable, madura, honesta y solvente.

Buscar activamente un empleo también implica un proceso de conocimiento de uno mismo (cualidades, gustos, capacidades, carencias…). No pretendas ser perfecto, no eres un robot. Basta con que des a conocer tu mejor aspecto profesional o, al menos, el mejor aspecto profesional que puedas mostrar ese día. Si sale bien, genial. Si sale mal, siempre podrás sacar algún aprendizaje y, sobre todo, recordar que -aunque la mayoría de tutoriales no lo dicen- tu éxito en la búsqueda de trabajo nunca depende solo de ti.

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