Depresión postvacacional: el empujón que necesitas

 In Depresión, Desarrollo Personal

Depresión postvacacional. ¿Te suena este término?

Seguramente sí. Ya a casi nadie se le hace extraño escuchar esta expresión, sobre todo con la llegada de septiembre.

Termina agosto, después de un mes o unas semanas de vacaciones y desconexión, vuelves a la rueda habitual. Las mismas caras, las mismas rutinas, los coches, el ruido, el asfalto… No es raro que la apatía y la tristeza se apodere de ti. Al final parece que la población media española trabaja durante once meses al año para poder tener ese ansiado mes de descanso. Pero claro, siempre se acaba y llega a su fin.

Falta de energía, de motivación y tristeza son las principales señales de este síndrome. La cuesta de septiembre no tiene que ver sólo con la economía, sino con la dificultad que encuentran  muchas personas en volver a su rutina después de un tiempo de reposo.

Lo primero que debes saber es que hemos aprendido a llamar depresión postvacacional a cualquier malestar que nos genera la vuelta de vacaciones. Dejando esto a un lado, y tanto como si estás sumido en un malestar profundo o uno ligero, vamos a ver qué podemos hacer para dar un giro de 180 grados a este sentimiento tan desagradable.

¿Cómo convertir la depresión postvacacional en el empujón que necesitas?

Aunque parezca increíble, es posible sacar algo positivo de aquí.  Tal vez este sea un momento perfecto para ver las cosas desde otro ángulo y poder superar así este período de una forma menos habitual. ¿Cómo darle un nuevo significado a esta tristeza y desgana?

En este caso, aprender a ser práctico puede ser realmente funcional en un primer momento. Desde luego no ayuda ir al trabajo pensando en todo aquello que no te gusta, y es aconsejable tratar de ver las partes positivas, por pequeñas que resulten: pequeños retos a conseguir de forma diaria o semanal, focalizar sobre las tareas que te gusta realizar, una charla con alguna persona con la que te llevas bien, nuevos aprendizajes, la comodidad de conocer el terreno en el que te estás moviendo…

No se trata de abrir el libro de frases de Mister Wonderful, aprenderlas todas de memoria y maquillarse una sonrisa forzada en la cara, sino de ver el mundo con otras gafas. Es un buen momento para plantearnos pequeños objetivos diarios que nos agraden. Ya sea en el trabajo o fuera de él.

De hecho, puede ser de gran utilidad utilizar este tiempo para adquirir buenos hábitos. Por ejemplo darnos o permitirnos pequeños auto-cuidados todos los días, gestos que faciliten la readaptación a la realidad y la vuelta a la rutina habitual. Desde una ducha caliente a una comida rica, un tiempo practicando tu deporte favorito, dedicar momentos a la lectura o desconectar haciendo algo que nos gusta.

¿Adaptarse significa acomodarse?

No. Cuidado. Adaptarse para sobrellevar la vuelta mejor y ver las partes positivas no debe ser motivo suficiente para quedarnos en una realidad que no nos agrada o nos incomoda.

Las vacaciones suelen ser un momento en el que nos permitimos parar (algo que no es tan fácil en estos tiempos que corren), y por eso durante este período nos damos cuenta de muchas cosas que no debemos dejar de lado. Todo lo contrario.

Consiste en encontrar pequeños bocados amables que nos faciliten el día a día, pero sin perder de vista el macro o nuestros objetivos vitales. Se trata de facilitarnos la existencia y la adaptación, pero no por ello dejar de pensar en aquello que nos haría sentir más satisfechos con nuestra vida.

Lo positivo de las vacaciones es que como nos permiten re-conectar con nosotros mismos, o incluso, con las personas que queremos, con frecuencia se convierten en momentos de reflexión: nos damos cuenta de lo que queremos y lo que no, de lo que tiene valor en nuestra vida, lo que nos gustaría hacer, mantener o desechar.

¿Por dónde empezar?

Si bien no hay que precipitarse y tomar decisiones apresuradas, tampoco hay que quedarse en una posición o lugar (físico o emocional) que no nos gusta o no nos convence. Acostumbrarse a lo ‘malo conocido’ es más fácil de lo que pudiera parecer, y para salir de ahí es necesario dar pasos y evolucionar, sobre todo si el cuerpo te lo pide.

Podemos reconvertir esta inconformidad o disgusto en una motivación. Si estuvieras incómodo en la silla en la que estás sentado, ¿tratarías de cambiarte de asiento? Puedes usar este malestar que estás sintiendo para salir de tu zona de confort -si te apetece, claro-.

Es como si comenzaras un nuevo año en el que poder movilizar emociones y marcarte objetivos que te hagan sentir más satisfecho/a con tu vida.

Aprovechando que empiezas más fresco y relajado/a, es buen momento para ir pensando sobre aquellas decisiones que quieres tomar, no necesariamente de forma inmediata.  O al menos para empezar a definir esos objetivos que quieres a corto o medio plazo.

¿Cómo hacerlo?

No hay necesidad de agobiarse o marcarse plazos cerrados, pero es un excelente momento para focalizar tu atención en aquello que quieres conseguir o mejorar tu calidad de vida.

  • Hacer una lista de cosas que quieres y trazar un camino realista orientado en esa dirección
  • Marcarse objetivos a corto-medio plazo y empezar a moverse hacia allí, sin prisa pero sin pausa
  • Organizar una rutina en la que puedas sentirte lo más cómodo posible dentro de tus responsabilidades y posibilidades
  • Recuperar hábitos saludables o actividades que habías dejado de lado
  • Comenzar aquellas que siempre has querido hacer y nunca te has atrevido
  • Poner en marcha proyectos pendientes
  • Retomar relaciones descuidadas pero que te aportaban cosas positivas

No se trata de pisar el acelerador de golpe para luego perder la fuerza rápido porque has empezado muy fuerte, sino de empezar a calentar para correr una carrera de fondo. Tú eres quien elige la dirección y la meta, sólo tienes que levantar la cabeza y empezar a mirar dónde y cómo quieres estar.

Este malestar que estás sintiendo te transmite algo, escúchalo.

¿A qué esperas para traducirlo en aprendizaje y en una nueva forma de enfocar las cosas?

Estamos hablando de tu vida, tú decides lo que haces con ella.

 



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