Sobrevivir al Blue Monday

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Aunque el puesto está muy reñido, si el Blue Monday no es el artefacto más grande sobre el que alguien jamás ha escrito… le queda poco. Asumo el riesgo y la acusación de incoherencia, he decidido no tener más remedio que ese.

La sola idea de querer averiguar cuál es el día más deprimente del año ya resulta increíble en sí misma. Tener la pretensión de haberlo logrado a través de una fórmula matemática rebasa todos los límites imaginables de lo que podemos considerar como serio o riguroso. ¿Deprimente en función de qué criterio? ¿Deprimente para quién? ¿Deprimente en el sentido clínico o en el sentido coloquial de la palabra?

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No vives en el Ártico ni en una trinchera, ¡arriba ese ánimo!

Porque es enero y hay poca luz, porque las navidades me han arruinado, porque ha pasado demasiado tiempo desde que juré que me pondría manos a la obra con mis propósitos de año nuevo, porque mi necesidad de cambiar es grande pero mi motivación para hacerlo no es la suficiente para arrastrar mi cuerpo… ¿En serio? ¿En serio estamos hablando de depresión, de deprimente, de deprimidos, en estos términos? ¿Este es el nivel? Pues, queridos amigos, este es el nivel.

Cómo afrontar el Blue Monday…

… suponiendo que esta etiqueta obedezca a un fenómeno real. De acuerdo, el clima afecta a nuestro organismo, y por tanto a nuestro estado de ánimo, como sucede con cualquier ser vivo. Sin embargo, la ausencia de luz y la abundancia de lluvia no provocan depresiones, aunque puedan exacerbar la sintomatología de cuadros depresivos ya existentes. ¿Padeces una depresión? No es por el Blue Monday, es por otras causas. Mientras esperas a que salga el sol no te olvides de tomar adecuadamente tu medicación (si es que tienes prescrito algún medicamento) y, sobre todo, comprueba que en tu agenda tienes programada próximamente una cita con tu terapeuta.

¿Las deudas post-navideñas te tienen con el agua al cuello? Ya no sirve lamentarse sobre la leche derramada de los gastos que no fuiste capaz de calcular mejor. Por otro lado, si la factura se te ha ido absolutamente de las manos igual el problema no es que haya llegado el Blue Monday o el tercer lunes de enero, sino que hay que asegurarse de que no tienes un problema con tu conducta como comprador o compradora. Mientras esperas a que la nómina de dentro de un par de semanas llegue como agua de febrero tendrás que sacrificarte con un poco de austeridad (cosa que jamás ha matado a nadie, aunque tampoco le haya llenado de alegría) y, ¿por qué no?, también puedes apartar un poquito de dinero para consultar con un especialista por si hay algo que pulir en cuanto a tus hábitos de consumo.

Tu lista de propósitos de año nuevo, aún caliente y de cuerpo presente sobre tu escritorio o entre las páginas de tu agenda, es un trozo de papel solitario esperando a que alguien lo revise. ¿Y qué? 2020 va a durar hasta el próximo 31 de diciembre, así que vamos a tomárnoslo con un poco de calma, al fin y al cabo solo estamos en la tercera semana de enero. De acuerdo, calma no significa pachorra, significa calibrar bien la cantidad de paciencia que tienes que tener contigo mismo/a a la hora de encaminarte hacia tus metas, igual que la cantidad de ímpetu que tienes que ponerle. No te lamentes porque es lunes: no estás deprimida porque no te hayas puesto (aún) manos a la obra con tus propósitos de año nuevo, simplemente estás remoloneando. Sé honesta contigo misma y, si solo es pereza, ten un poco de fuerza de voluntad y ponte ya con ello, recuerda que te lo propusiste porque se suponía que era algo importante para ti. ¿No puedes vencer (aún) a la pereza? Entonces quizá el problema es que el objetivo que te propusiste no es adecuado para ti en este momento: mételo en tu nevera particular de objetivos pendientes de ser revisados más adelante, pero sin torturarte.

Medir motivaciones, examinar necesidades, emplear las palabras adecuadas para describir nuestro estado de ánimo y no dejarnos engatusar por la apariencia “deprimente” de una semana cualquiera de enero son síntomas inequívocos de madurez (por el amor de Dios, no vives en el desierto ártico ni estás en mitad de una trinchera, ¡arriba ese ánimo!). Si no sabes hacerlo por tus propios medios te lo diré de nuevo y sientes que el asunto empieza a superarte de verdad, no de eslogan publicitario, ten esto presente: lo que te ocurre no es el día más deprimente del año, sino algo verdaderamente más significativo que conviene que explores con detenimiento junto a un profesional. Piénsatelo y nos lo dices, estamos aquí para ayudarte.

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