Depresión: más allá de la tristeza

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 09 de marzo de 2017

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Como sucede con otros temas en psicología, a menudo utilizamos la idea de “depresión” erróneamente en nuestro lenguaje coloquial. Igual que decimos que tal o cual persona se comporta de modo esquizofrénico (para decir que no se decide o que es incoherente) o que alguien está muy autista (cuando no se relaciona mucho con otras personas), se suele decir que alguien está “depre” cuando en realidad solo está triste, o pasando una mala racha, o bien que “tiene una depresión” cuando, en realidad, lo que tiene es otro problema clínico que se le parece. A veces ni siquiera es un trastorno sino una situación perfectamente normal y adaptativa pero que también se le parece en algunos aspectos, como cuando alguien atraviesa un proceso de duelo.

Aunque podamos ser flexibles con el lenguaje de la calle, cuando hablemos en serio debemos ser rigurosos. La depresión es un problema de salud mental que puede tener diferentes grados de gravedad, algunos de ellos muy serios e incapacitantes. En caso de que sea grave, lo conveniente es acudir a un psicólogo para ofrecerte diferentes ayudas, como terapias para paliar la depresión. También puede originarse por diversas causas. Existen criterios bastante consensuados para diagnosticarla, que tienen que ver con la sintomatología que presenta la persona, cuánto tiempo hace que la presenta, la influencia del problema en su funcionamiento cotidiano y sus relaciones interpersonales y otros aspectos de su historia que sea necesario tener en cuenta.

En la depresión hay tristeza pero estar triste, incluso muy triste, no es lo mismo que estar deprimido. Aunque hayamos interiorizado la idea de que aquellas emociones que nos resultan desagradables son antinaturales (por ejemplo el miedo, la culpa, la tristeza) lo cierto es que son tan naturales como aquellas que nos generan placer. Al igual que estas, cumplen una función muy importante para nuestra vida. No es el caso de una depresión real.

Algunas de las características más claramente observables en una persona que está deprimida son la tristeza profunda (entre otras emociones), falta de energía, cansancio, una gran ausencia de ganas de hacer las cosas y una importante incapacidad para disfrutar de cualquier actividad, incluso aquellas que antes sí le gustaban. La persona con depresión tiene una autoestima muy baja y una profunda sensación de desesperanza hacia el futuro que puede estar unida a una gran insatisfacción con el presente y una revisión permanente de un pasado que ya no va a volver ni puede cambiar. No es extraño que quienes padecen este problema estén tan embebidos en sí mismos que parezcan no poder preocuparse en absoluto por lo que les pasa a los demás.

No todas las personas que padecen una depresión acaban teniendo una depresión grave pero, si no se vigila, lo que empieza siendo un cuadro de depresión leve o moderada puede complicarse progresivamente antes de lo que pensamos. Es posible que te encuentres en esta situación o que estés atravesando una mala época en tu vida y dudes sobre si tienes una depresión o no. No te obsesiones con ponerle etiquetas. Es más importante que tomes responsabilidad sobre ello porque seguro que tiene solución.

Quizá últimamente te has aislado o sientes que no conectas con la gente de tu entorno o que no te entienden. No pasa nada, pero no te desconectes de todos. Busca alguien de tu confianza o algún servicio especializado donde puedan escucharte. Pide ayuda, es muy difícil que hablar de ello vaya a empeorar las cosas. Si ves que no sales adelante con tus propios medios existen profesionales que pueden orientarte y acompañarte en este camino. No pierdes nada por probar.


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