La buena ambición: cómo ascender sin matar en el intento

Compártenos en tus redes:

“No me considero una persona ambiciosa”, dijo ella, “creo que esa es la razón por la cual nunca llegaré al puesto más alto en mi empresa, a pesar de que me gustaría conseguirlo, ya que me encanta mi trabajo y creo que soy buena en ello”. No se tenía a sí misma por una persona con ambición.

Lo dijo con un tono tranquilo y conforme, aunque en el fondo de sus palabras se adivinaba un ligero poso de frustración, una especie de lamento que parecía traducirse de la siguiente manera: “Podría llegar a lo más alto, pero no voy a pelearme con nadie por ello, mucho menos a pisar a nadie. Dejaré que los demás hagan lo que tengan que hacer y me adelanten si es necesario. Mis prioridades son otras. Que se maten entre ellos, yo no soy ambiciosa”. Expresó, en resumen, una especie de profecía autocumplida según la cual “Es inevitable: como no soy ambiciosa entonces no avanzaré lo máximo posible”.

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más

Por un lado no mentía, tenía razón: no estaba dispuesta a dejarse la piel en ninguna batalla que la obligara a poner en marcha malas artes contra ninguno de sus compañeros, ni ahora ni en el futuro. No se consideraba a sí misma esa clase de persona. Estaba dispuesta a renunciar a una carrera de mucho éxito si es que eso pasaba por quemarse en el camino: prefería tener más paz en su corazón, más tiempo en su agenda y más amigos verdaderos en sus ratos libres con los que compartir -entre otros temas- las satisfacciones de una carrera profesional que quizá no llegaría a su cúlmen en cuanto a estatus, pero sí a un techo que la permitiera vivir conforme a sus auténticos valores.

Porque ella no es ambiciosa. ¿O sí? Estamos hablando de alguien que, como tantas personas, había tenido que “pelear” innumerables batallas y ejecutar infinidad de esfuerzos hasta lograr posicionarse donde estaba en ese momento, que quizá no fuera como “Presidenta Absoluta del Mundo Libre” pero, desde luego, era un puesto de mucha categoría. Una mezcla de suerte, tenacidad, sacrificio, proactividad, talento y colaboraciones ajenas, combinados en diferentes proporciones, era lo que la había colocado donde estaba, como a cualquiera que haya ido avanzando poco a poco en su trayectoria profesional.

¿Puede lograrse tal cosa sin un mínimo de ambición? Desde luego que no. De hecho, son grandes dosis de ambición lo único capaz de aglutinar esa mezcla que acabamos de mencionar.

Así que ella decía que no era ambiciosa, pero se equivocaba: pocas personas eran tan ambiciosas como ella, de otro modo no podría haber logrado en la vida tanto como ella había conseguido. Lo que ella no era es codiciosa. Pero, ¿acaso ambición y codicia no son lo mismo? Pues no. A menudo hemos recibido una imagen negativa de las personas “ambiciosas” como aquellas que solo piensan en su propio beneficio, trepando al precio que sea, esas personas que siempre están a la búsqueda desenfrenada de más y más. Sin embargo, la ambición bien entendida es un magnífico combustible para avanzar en la vida y no hay nada de lo que avergonzarse por ello.

Lo importante es no caer una confusión conceptual que, llevada al extremo, nos limite innecesariamente. Como sucede en tantos otros aspectos de la vida, ambición y codicia son dos parientes lo suficientemente cercanas como para confundirse, pero lo bastante diferentes como para que merezca la pena posicionarse a favor de una de ellas. Ya has adivinado de cuál.

 

Ambición

-Tiene que ver con el inconformismo y el deseo de mejorar.

-Pone en el centro de su vida a la persona ambiciosa -orientándola hacia lo que quiere conseguir y la manera de lograrlo- independientemente de lo que hagan los demás, respetando el hecho de que ellos también pueden estar poniendo en marcha sus propias ambiciones. Es decir, la persona ambiciosa no se mete con los otros: deja que los demás hagan su propio camino mientras ella sigue escalando paso a paso.

-Gracias a esto, la ambición no perjudica las relaciones sino que, insistimos, nace del deseo legítimo y éticamente gestionado de avanzar y mejorar.  

-La ambición construye: si una persona avanza jugando limpio es probable que los beneficios que obtenga reviertan en los demás. Su éxito reverbera y afecta positivamente a otras personas.

Codicia

-Tiene que ver con la voracidad, con el ansia de poder, de ser el primero, de poseer cuanto más mejor y al ritmo más rápido posible.

-Pone en el centro de su vida a la persona codiciosa vigilando de cerca a los demás, intentando coartar activamente los legítimos intentos de quienes la rodean por avanzar también, para que no impidan el propio ascenso.

-Debido a esto, la codicia perjudica seriamente las relaciones, ya que nace de un deseo desmesurado de avanzar y mejorar. La codicia tiene lugar al margen de la ética, ya que actúa sin tener en cuenta las consecuencias de los propios actos en los demás.

-La codicia destruye. Al ser un movimiento que se alimenta solo de los propios intereses sin tener en cuenta las necesidades y deseos de los demás, solo puede dar como resultado el éxito -temporal o duradero- estrictamente individual, que no revierte en los demás sino que tiene su origen en haber actuado contra ellos de mala fe.

 

¿Y bien? ¿Eres una persona ambiciosa o codiciosa? Recuerda que un gran termómetro para medirlo será el grado en que tengas en cuenta a los demás en tu camino hacia el éxito. Nunca dejes de avanzar a tu manera, de acuerdo a tus intereses y necesidades, pero calibra bien los destrozos que vas dejando por el camino: nadie quiere encontrar solo tierra quemada hasta el horizonte cuando eche un vistazo a su reino desde la cima.

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más


Si te encuentras en peligro o en una situación de emergencia, no recurras a esta web.

Llama al 112 para ayuda inmediata.