Tomar decisiones: el principio de un giro en tu vida

Por Silvia Lama Raposo
Publicado 27 de octubre de 2017

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Existen momentos a lo largo de nuestra existencia en los que nos planteamos darle un giro a nuestra vida. Y cuando hablamos de un cambio, no nos referimos a probar un corte de pelo nuevo, sino a un cambio radical.

De hecho, hay circunstancias que favorecen que nos replanteemos nuestra situación personal, sobre todo cuando no estamos satisfechos con nuestro recorrido vital: padecer y superar un accidente o una enfermedad, la pérdida de alguien cercano… Aunque no siempre es necesario que ocurra algo concreto.

Muchas personas pueden cuestionarse la dirección de su vida en cierto momento vital en base a su satisfacción personal: un sueño estancado, un proyecto personal incompleto, momentos en las relaciones personales que nos llevan a tomar decisiones, aventuras laborales…

Cuando nos encontramos ante una crisis existencial o un punto de inflexión, solemos experimentar con frecuencia desazón, miedo, malestar, ansiedad… Sea como fuere, darle la vuelta a una crisis es posible.

 

En japonés, la palabra crisis significa también oportunidad. Obviamente atravesar este tipo de períodos no siempre resulta agradable, pero una crisis puede convertirse en el empujón que necesitas para avanzar y progresar.

Si bien es verdad, hacer cambios importantes en la vida con frecuencia implica tomar decisiones y afrontar la responsabilidad que ello conlleva: asumiendo las posibles consecuencias, tanto positivas como negativas. Y eso, asusta.

¿Cómo sabemos si nos encontramos ante una decisión importante?

En primer lugar tenemos que aprender a relativizar para poder diferenciar entre aquellas decisiones que tendrán un peso importante en nuestra vida, y las que no.

Para ello hay una técnica que puede ayudarte a que te des cuenta de cuáles son relevantes. Te permitirá a aligerar el peso ante decisiones no tan importantes, y reducir la ansiedad ante aquellas decisiones más significativas. Te ayuda a reflexionar y focalizar en lo que realmente quieres para ti.

 

 

Se trata de “la fórmula 10-10-10”, promovida por la escritora y periodista Suzy Welch. Para ello tienes que coger boli y papel preferiblemente para que la reflexión quede por escrito y, en un momento de calma, tratar de responder desde la más absoluta honestidad a algunas preguntas (ten en cuenta que nadie verá este papel así que permítete decir las cosas tal y como las sientas).

Ella explica: Cada vez que me veo en una situación donde no hay una solución a la vista que satisfaga a todos, me hago a mí misma estas tres preguntas: ¿cuáles serán las consecuencias de mi decisión dentro de 10 minutos?, ¿y dentro de 10 meses?, ¿y en 10 años?”.

Por ejemplo, imagina que una posibilidad de acción es dejar tu trabajo porque te planteas montar tu propio negocio:

¿Cómo te sentirías respecto a esta decisión 10 minutos después?

 ¿Cuáles serán las consecuencias positivas y negativas?

 ¿Y dentro de 10 meses?

 ¿Y dentro de 10 años?

Tal vez tu respuesta sea por ejemplo, que sentirías miedo y liberación los primeros diez minutos, estrés durante los siguientes 10 meses y orgullo 10 años después por haber intentado llevar a cabo tu sueño.

Decisiones: miedos y renuncias

Tomar decisiones no es fácil. Nadie dijo que lo fuera.

Es fácil encontrarte preguntándote a ti mismo “¿y si…? ¿y si…?“, colocándote siempre en el peor escenario posible. En esos momentos está hablando nuestro miedo: el miedo a equivocarnos, a hacer daño, a perder a algo o alguien, el miedo a fallar, a decepcionar…

Pero como todo en esta vida, nada tiene sólo un punto de vista y podemos colocarnos en otros escenarios:

“¿Y si… No lo intentaras?”

“¿Y si… Supieras que vas a morir en un año, qué harías?”

 

 

Por otro lado, tomar decisiones muchas veces implica aprender a renunciar. Renunciar a ciertas cosas en favor de otras, al menos en un momento puntual. La cuestión es, ¿a qué le das más importancia en estos momentos?

Implica priorizar qué es lo que te hace sentir a ti bien, qué es lo que te haría sentirte en paz contigo mismo/a y actuar en consecuencia, para no quedarte atascado. Para que la coherencia entre tu cabeza y tu corazón sea la que rija tus pasos.

Elige. Pero sobre todo, elígete siempre a ti mismo.

Elegirse a uno mismo no significa ser egoísta, a veces elegimos complacer a otras personas y eso a la larga puede ser dañino (para ti y para el otro). Además, nunca podrás complacer a todo el mundo. Elige lo que para ti sea más valioso y afronta lo que ello conlleve.

A veces tu elección puede ser la de satisfacer a otra persona incluso porque es lo que te hace sentir realmente bien. ¿Eres consciente de cómo y por qué? ¿Eres consciente de las consecuencias que conlleva y estás conforme con ello? Eso es lo importante. Para que luego no tengas que reprocharte, ni a ti ni a la otra persona, y para que puedas sentirte a gusto con la decisión tomada.

Factores a tener en cuenta cuando tomamos una decisión

A veces sólo tenemos que imaginar delante nuestro yo del futuro, dentro de 20 años, hablándonos. Busca un sitio calmado e imagínatelo: ¿qué crees que te diría? ¿Qué consejos te daría?

Y lo que es más importante,  ¿qué es lo que te gustaría a ti poder contar de tu vida el día de mañana?

 

Por último, tendemos a centrarnos en el resultado únicamente para valorar y catalogar la experiencia como positiva o negativa en base a lo conseguido, ¿pero qué pasa con el proceso, acaso no importa?

A todos nos gusta conseguir lo que queremos, a todos nos gusta que la tortilla de patata nos quede en su punto, pero eso no significa que no hayamos aprendido en el proceso, que no importe haberlo intentado, que no le hayamos dedicado tiempo y esfuerzo

Todo tiempo y esfuerzo tiene valor. Al final del día todos hacemos las cosas lo mejor que podemos

No lo olvides, antes de tomar decisiones importantes…

  • Reflexiona, toma decisiones meditadas
  • Analiza consecuencias positivas y negativas
  • Conecta con lo que tú quieres, no con lo que otros quieren para ti
  • Aclara objetivos y focaliza
  • Traza un plan
  • ¡Y decide!

 


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