¿Vivir desde el amor o desde el miedo? Tú eliges

Por Silvia Lama Raposo
Publicado 19 de abril de 2017

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Se dice que lo opuesto al amor es el odio. Pero la verdad es que lo opuesto al amor, es el miedo.

¿Sorprendido? Imagina que además te dijera que hay dos formas de vivir la vida, desde el amor o desde el miedo. Según la elección que tomemos, nuestro camino y nuestra historia vital tomará una dirección u otra.

El miedo tiene la función de protegerte y desde pequeño aprendes a escucharle. Su función es ponerte en alerta cuando algo puede hacerte daño o cuando lo ha hecho en el pasado, incluso de forma inconsciente. Hará que retires tu mano del fuego de forma automática.

Con las situaciones dolorosas de nuestra vida ocurre algo parecido. Reaccionamos de forma inconsciente en determinados momentos en los que se activa el temor; actuamos de forma automática hasta que tomamos conciencia de qué nos ha dolido y a qué tememos.

Si en algún momento de tu vida sentiste mucho dolor al verte rechazado por alguien importante, el miedo te ayudará a crear estrategias para no volver a experimentar el rechazo nunca más… Y actuarás desde ahí para evitar sentirte así de nuevo.

Si lo que más te dolió fue la pérdida de alguien significativo para ti -un fallecimiento, la sensación de abandono por parte de alguien relevante…- todos tus esfuerzos irán encaminados a que alguien que te importa no se vaya de tu lado de nuevo, cueste lo que cueste.

¿Cuál es el problema de esto? Que desde esta posición, los pasos que das en tu vida están guiados por el miedo.

Tus acciones se dirigen a protegerte del daño o evitar el dolor,
pero no a conseguir lo que tú quieres realmente.

Tomar decisiones así te limita, te impide salir de tu zona de confort -la cual no siempre es agradable- y seguir aprendiendo. No te permite seguir creciendo a nivel personal ni evolucionar.

Por eso al miedo hay que escucharle,
sin permitir que sea el capitán de nuestro barco.

Cuando nos acostumbramos a hacerle caso, éste crea su propia habitación en nuestro cuerpo sin pedir permiso. Es como el abusón del colegio, no es el chico más inteligente ni el más exitoso, pero sabe cómo asustarte para que hagas lo que él quiere. Así anula todas las otras razones que nos da nuestro corazón y nuestro cerebro.

¿Cómo puedes saber si el miedo lleva el timón de tu vida?

Tienes que plantearte cuál es el motivo más profundo que determina tus actos, tendrás que indagar y preguntarte varias veces ‘por qué’ y ‘para qué‘ haces las cosas. Cuando el motor principal de tus decisiones sea el miedo, aparecerá el ‘miedo a’ perder a alguien o algo, a equivocarte, a ser el culpable, a no ser suficiente o no cumplir con la expectativa…

Piensa que puede manifiestarse en forma de ansiedad o estrés emocional, especialmente cuando algo te preocupa o intentas tomar una decisión. El desasosiego se instala en tu barriga, no te deja dormir y se convierte en un nudo en la garganta o en la boca del estómago, te hace sentir culpable de lo malo que pueda ocurrir, trae a tu mente imágenes y pensamientos negativos constantemente… Por ejemplo:

    • No romper con una pareja por miedo a la soledad.
    • No dejar un trabajo que odias y en el que llevas años trabajando por miedo a no encontrar otro, por miedo al cambio, o a fracasar si decides empezar esa aventura profesional, o aquel proyecto personal con el que sueñas desde hace tiempo. Todos sabemos que el mercado laboral no es el ideal, pero ni siquiera has mirado ofertas de empleo, ¿no será que se esconde un poco de miedo detrás?
    • Necesitar continuo contacto con tu pareja porque tienes miedo de dejar de gustarle y necesitas que te lo confirme continuamente. ¿Le llamas sólo porque quieres hablar o porque en el fondo tienes miedo de perderle y te tranquiliza charlar y saber que sigue ahí?
    • No decir lo que te enfada o lo que realmente sientes a tus amigos o familiares, para que no se enfaden contigo, para que no te rechacen.
    • Hacer todo lo posible por complacer a tu pareja no sólo porque quieres hacerle feliz, sino para que no se vaya de tu lado.
  • No proponer una relación formal a la persona con la que llevas meses acostándote, por miedo a que no quiera lo mismo que tú o miedo a que salga mal y sufras en el intento.

Todo ello puede provocar ansiedad. ¡Nosotros te podemos ayudar con nuestras terapias!

¿Y tú? ¿Vives tu vida desde el miedo o desde el amor?

¿Cómo empezar a vivir desde el amor?
¿Cómo sentir la vida con más conciencia y plenitud?

1. Cuando estés en un lugar tranquilo cierra los ojos, respira profundamente varias veces y concéntrate. Practicando asiduamente conseguirás abstraerte en cualquier situación.

2. ¿Sientes tensión en alguna parte de tu cuerpo? ¿Dónde sientes el miedo? Localiza esa parte de tu cuerpo y concéntrate en ella. Con frecuencia suele situarse en la boca del estómago o en la barriga.

3. Imagina al miedo. Trata de pensar una imagen que represente cómo te sientes y colócala en la parte del cuerpo que has elegido en el punto anterior. Puede ser un objeto, una persona, una escena…

4. Coloca tu mano en la parte de tu cuerpo que has localizado hace un momento. Visualiza cómo coges la imagen con tu mano y la sacas fuera de tu cuerpo. Haz el gesto incluso si lo necesitas.

5. Ahora que el miedo está fuera de ti, piensa: ¿qué harías si el temor no estuviera ahí? ¿Qué decisión tomarías?

Una vez que empiezas a ser consciente de que estás viviendo desde el miedo, y antes de actuar, es importante que…

  • No te fustigues. Ahora eres consciente de ello y ése el primer paso para cambiarlo -si quieres-.
  • Hagas lo que hagas estará bien. Estás haciendo lo que puedes y lo que necesitas ahora mismo. Cada persona tiene su ritmo, y cada cosa su momento.
  • No tomes decisiones precipitadas, es un proceso gradual. Lo importante es empezar a tomar conciencia y luego ir dando pasos hasta que te sientas preparado para afrontar las decisiones.

Recuerda que…

Desde el miedo tomo decisiones para evitar aquello que no quiero. Desde el amor y la plena conciencia de mi ser, tomo decisiones para conseguir aquello que quiero.

Desde el amor no juzgo, no me comparo. Actúo sintiéndome en paz conmigo mismo, incluso cuando el resultado final no es el deseado, porque estoy en el camino hacia lo que yo quiero.

La felicidad llega cuando no actúas por y para el miedo, sino por y para ti mismo, a pesar del riesgo.


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