Septiembre: el enemigo de las vacaciones

 In Ansiedad, Desarollo personal, Estrés

Ya lo has notado: ha llegado el mes de septiembre y las vacaciones que asociamos a julio y agosto han finalizado. Las ciudades vuelven a estar llenas de coches, ruido y oficinas llenas de gente morena y nostálgica. Es decir, gente llena de sentimientos ambivalentes, quejosa y focalizada en emociones negativas, refunfuñando por estar de nuevo frente al ordenador mientras idealizan su pasado reciente entre palmeras, aeropuertos y campings de montaña.

Quizá tú eres de esos pocos que ha reservado el grueso de sus vacaciones precisamente para septiembre pero lo más probable es que estos días tu comentario habitual sea algo del tipo “Lo bueno ya acabó”, “Toca empezar el curso”, “Ya hasta el año que viene nada” y frases de este estilo.

Las transiciones nunca son fáciles, sobre todo cuando uno se reincorpora a un trabajo incómodo, que no le satisface del todo o que, directamente, no le gusta. Sin embargo, nos gustaría darte algunas pistas para poder sobrellevar estas semanas con la mejor actitud posible.

Vuelve al presente. A no ser que la situación sea realmente grave, agradece lo vivido y permite que se vaya. Las vacaciones han tenido su momento pero ya forman parte del pasado. Obsérvalas con satisfacción si las has disfrutado y permite que dejen de ocupar tanto espacio en tu mente y emociones. Orienta tus energías hacia lo que toca ahora, tal y como es, recordando que septiembre (como el resto de meses) también pasará.

No dramatices, relativiza. Estar tirado en la playa, visitar un país desconocido o hacer tu vida habitual a un ritmo más pausado es más agradable que la vorágine de las múltiples obligaciones que has decidido tener. Pero piénsalo por un momento: ni las vacaciones son perfectas ni el regreso a la rutina laboral normalmente es tan terrible. Permítete durante un rato añorar tus días de desconexión pero acuérdate de la gente que está desesperada porque no tiene trabajo al que regresar ni, por tanto, vacaciones que permitirse. ¿No se ve diferente desde ese punto de vista?

Tómatelo con calma. Retomar nuestras tareas después de dos, tres o incluso más semanas fuera de todo contacto con ellas no se hace de un día para otro. Prioriza, no hagas maratones y no intentes reconectarte con todo el primer día.

Incorpora lo aprendido. Las vacaciones suelen ser periodos de reflexión, de nuevas ideas, de redescubrimiento de cosas, acciones y personas. Probablemente las has utilizado para disfrutar de aquello que te sienta bien, darle vueltas a nuevos proyectos o hacer balance de cómo han ido los últimos meses. No tienes que interrumpir eso cuando vuelvas al trabajo. Ponlo en marcha, aplícalo, seguro que hay hábitos que tenías durante tus vacaciones que puedes mantener aunque septiembre haya llegado: ir más despacio, dedicar más tiempo a las relaciones, permitirte pequeños ratos de capricho o disfrute, reservar más tiempo para el ocio productivo…

Este mes no tiene por qué ser el mes de la depresión post-vacacional. No obstante, si notas que septiembre se vuelve más hostil de lo esperado y descubres que el problema no es solo que las vacaciones se hayan acabado debes tomar cartas en el asunto. Recuerda que un psicólogo puede ayudarte a explorar qué es lo que se ha descolocado en tu vida y que no tiene que ver solo con tus vacaciones y el final de las mismas.



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