Las vacaciones son para descansar: ¡fuera estrés!

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Puede que ya hayas iniciado tus vacaciones. Puede que estés preparando los últimos detalles. Puede que estés contando los días para lanzarte hacia ese periodo de descanso y desconexión que llevas tantos meses esperando… El plan no saldrá bien si coges el estrés de tu oficina y te lo llevas de crucero.

¿Descanso? ¿Desconexión? Sí, y tómatelo en serio. Recuerda que las vacaciones no son un periodo para trabajar menos o trabajar al mismo ritmo pero bajo una palmera en lugar de hacerlo en tu despacho. Las vacaciones son un paréntesis en tu actividad habitual y tienen precisamente ese objetivo: ser un cambio, romper con una rutina que acaba aburriéndonos o sobrecargándonos, no maquillar esa rutina.

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A veces, por la naturaleza de nuestro trabajo, es difícil desconectar del todo. Otras veces somos nosotros quienes no nos ponemos un límite asertivo a nosotros mismos, a nuestros compañeros o a nuestros jefes. Cuando esto pasa no nos tomamos verdaderas vacaciones, bien por la inercia de seguir produciendo o bien por un infundado sentimiento de culpabilidad: nos hemos convencido de que le debemos al trabajo todo nuestro tiempo. En ocasiones, el responsable es nuestro ego, instalado en una desmesurada sensación de que somos imprescindibles, de que no podemos delegar en nadie durante nuestra ausencia y que tenemos que permanecer vigilantes a la espera de los múltiples fuegos que se encenderán y que nadie podrá apagar por nosotros.

En definitiva, sea por el motivo que sea, no conseguimos separar adecuadamente dos facetas importantes de nuestra vida: trabajo y ocio. Si este es tu caso, presta mucha atención, porque estás escribiendo la crónica de un desgaste anunciado.

Cada trabajo es un mundo y cada uno sabemos hasta qué punto podemos tomarnos vacaciones o no. En cualquier caso, te sugerimos que sigas estas recomendaciones para poder darle el máximo sentido a las vacaciones que estás a punto de empezar o que ya has iniciado.

Delega, piensa que tienes derecho a tu descanso y a turnarte con otros para asumir las responsabilidades de vuestro trabajo. Cuando ellos se vayan de vacaciones tú te quedarás al frente, pero ahora te toca a ti descansar. De lo contrario, lo que te espera es seguir en modo sobrecarga. Te lo traduzco: en modo estrés. 

Reformula tus atribuciones: si eres imprescindible para demasiadas cosas es que tienes la autoestima demasiado alta o (mucho más probable) que tu equipo no está funcionando. Parece que tenéis una charla pendiente en septiembre, cuando todos os hayáis reincorporado. Será el momento de que habléis del reparto de funciones y de vuestro rendimiento.

Deja los temas cerrados antes de irte, asegúrate de que no hay cabos sueltos importantes que se conviertan en bombas durante tu ausencia o a tu regreso. Así no estarás pendiente de eso mientras te haces un selfie delante de ese acantilado o mientras degustas tu mojito con los pies metidos en la piscina. Si hay algo importante que se quede sin resolver intenta que alguien se quede “de guardia”, o deja bien claro cuándo volverás a estar disponible para encargarte de ello.

Recuerda: tu resistencia no es eterna. Aunque de momento vayas tirando, necesitas hacer parones importantes en tu actividad para cuidarte y descansar. Si no lo haces, ten por seguro que tu sistema hará un cortocircuito por algún lado, en el momento más inesperado e inconveniente. Ser un trabajador responsable no es trabajar permanentemente (rendir más), sino tomar las medidas para estar en buena forma y poder rendir mejor.

Avisa y clarifica. Los mails automáticos advirtiendo a la gente que te escribe con cosas de trabajo son un buen método para dejar claro que no habrá una respuesta hasta que regreses. No esperes a que se lo encuentren de repente. Ten una previsión de qué personas importantes pueden escribirte durante tus vacaciones con algún asunto y anticípales qué días vas a estar fuera. Esto genera seguridad en los demás y permite que el contacto entre vosotros no se interrumpa bruscamente.

Habla con tus compañeros. Pídeles que, a no ser que pase algo de vida o muerte, no te llamen por teléfono ni te escriban por privado para comentarte cosas del trabajo o pedirte que resuelvas algo. Promételes que tú harás lo mismo cuando les llegue su turno. Silencia las notificaciones del grupo del trabajo que tienes en tu móvil. Identifica los focos de estrés de tu vida diaria y apárcalos, aunque sea por unos días. No mires el mail del trabajo: desconectar es desconectar.

Prepara unas buenas vacaciones. No tiene que ser un viaje de revista (a veces esto no es posible), pero haz una lista de las cosas que te apetece hacer, conéctate ya con esa vibración y mentalízate: esos días están dedicados a esas actividades, que llevarás a cabo como una forma de disfrute y de autocuidado. Aprovecha para no hacer nada, para cocinar y comer más despacio, para hacer cosas que te apetezcan y para las que normalmente no tienes tiempo. Reserva un ratito para quedar con aquellas personas a las que tienes más descuidadas.

Estar de vacaciones no es solo vegetar en un resort del Caribe, sino tener tiempo de calidad para actividades que no sean trabajar pero que también necesitas hacer para disfrutar de la vida. Si no sabes cómo hacer esto o regresas igual que te fuiste -incluso peor- seguramente es el momento de mirar adentro y ver qué está ocurriendo con tu estilo de vida. Una terapia con un psicólogo puede ayudarte con ello.

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