¿Cómo afecta el paro a la salud mental?

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Como no es lo mismo contarlo que vivirlo, quienes lo han vivido lo saben bien: estar en paro puede ser una experiencia devastadora para la salud mental de las personas. 

Quienes no lo han experimentado nunca o bien solo han estado en el paro durante muy poco tiempo, tienden a interpretarlo erróneamente: creen que estar en paro es una especie de periodo de vacaciones en el que el individuo está libre del estrés que provoca trabajar, está descansado y dispone de mucho tiempo libre que disfrutar solo porque no trabaja. Sin embargo, quienes han pasado por periodos largos de paro o están haciéndolo ahora mismo saben que el paro y las vacaciones tienen muy pocas cosas en común. 

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Cada parado vive la experiencia a su manera y puede haber grandes diferencias en función de las circunstancias de cada uno. La edad, las cargas familiares o económicas, el nivel de formación, entre otros, son factores que pueden influir negativa o positivamente en la ya de por sí difícil experiencia de estar sin trabajo. 

Por supuesto, también están las características psicológicas de cada uno: si somos más pesimistas y ansiosos tendremos menos perspectivas de encontrar pronto un nuevo empleo y eso hará que nos encontremos peor. Por otro lado, si el trabajo que hemos perdido nos importaba o gustaba mucho el proceso de duelo posterior será más árido que si detestábamos aquel empleo. 

No obstante, cuando pasan los meses, incluso los años sin poder reincorporarse a la carrera profesional en absoluto o solo a través de empleos menores y satisfactorios, la salud mental de la persona que está en esa situación acaba resintiéndose. 

A continuación te explicamos los principales efectos que puede tener un proceso de paro prolongado sobre el bienestar psicológico de las personas, especialmente en una situación de crisis económica.

1. Deterioro de la autoestima

El trabajo estructura nuestro día a día, nos mantiene activos e integrados socialmente y nos aporta un medio de vida, un proyecto y un cierto estatus. 

Es cierto que lo profesional no lo es todo en la vida y hay que darle la importancia que tiene. Sin embargo, perder el trabajo y tardar mucho tiempo en recuperarlo impacta negativamente en nuestra autoestima porque llegamos a la conclusión de que no somos válidos: no somos lo suficientemente buenos como para optar a un trabajo considerado “de calidad” para nosotros. 

Durante las primeras semanas y meses es posible que interpretemos nuestra situación en términos de las circunstancias: no es mi culpa, es que hay mucha crisis; yo soy bueno, pero también hay mucha competencia; no es mala suerte, es que hace falta que pasen las vacaciones, que empiece el curso, que aprueben tal o cual ley… 

Desafortunadamente, conforme va pasando el tiempo la balanza empieza a pesar más del lado de lo personal: no soy un buen candidato, me he quedado desfasado, no sé buscar empleo, carezco de cualidades… 

Como tantas otras cosas en la vida, encontrar trabajo es el resultado de combinar las circunstancias con mis características personales, debemos recordarlo antes de que nos devore la desesperación. 

2. Estado de ánimo negativo

El paso de los meses sin encontrar una sola señal de que la búsqueda se está haciendo correctamente o de que “algo se mueve” en el mercado laboral hace que, poco a poco, vayamos cayendo en un estado de desesperanza, pesimismo y desmotivación que pueden llegar a complicarse en forma de una verdadera depresión clínica

Además del natural sentimiento de desánimo y frustración es muy común en los parados de larga duración la experiencia de indefensión aprendida. Se trata de un estado de impotencia al que la persona llega tras concluir que, haga lo que haga, no tiene ninguna influencia en su capacidad para encontrar un trabajo y está a expensas exclusivamente de lo que las circunstancias quieran depararle.   

3. Aumento de la ansiedad

Aunque varía mucho de persona a persona, es probable que cuando alguien lleva mucho tiempo en paro experimente un aumento de la ansiedad, especialmente si ya de por sí la línea base de su activación fisiológica tendía a ser alta. 

Cuando hablamos de un aumento de la ansiedad, que suele ir muy unida al estado de ánimo negativo, nos referimos a un estado de inquietud física, dificultad para descansar y relajarse, miedos anticipatorios, angustia ante la incertidumbre y la falta de señales favorables, etc. 

No podemos olvidar que el paro es, entre otras cosas, un periodo en el que la persona pasa mucho tiempo sola o “reconcentrada” en sus pensamientos haciéndose preguntas respecto al futuro que no son nada relajantes: ¿volveré a trabajar algún día?, ¿cuándo encontraré trabajo?, ¿conservaré mi puesto después del ERTE?, ¿empeorarán mis condiciones laborales en el futuro?

4. Confusión respecto a la identidad

No es que cuando estamos mucho tiempo en paro vivamos completamente despersonalizados, sino que la pérdida del trabajo impacta negativamente en nuestra identidad precisamente porque, cuando lo teníamos, nuestro empleo aportaba mucho contenido a nuestra identidad. 

Siempre tendemos a definirnos en primer lugar por la labor que hacemos, por el trabajo que tenemos. Si te fijas, es de las primeras cosas que les comunicamos a los otros que “somos” y es de lo primero que sale en las conversaciones cuando nos encontramos con nuestros amigos. 

Cuando perdemos nuestro trabajo se produce una fractura en esa etiqueta que nos define y tenemos que encontrar una nueva que no nos resulte incómoda, dolorosa o vergonzante. Sí, a muchas personas que llevan mucho tiempo en paro les da vergüenza decirlo delante de otras, así que tienen que ocultarlo para seguir resultando “presentables”, incluso aunque sea a un nivel estrictamente de inserción laboral, ya que al buscar trabajo no queda bien decir que llevas mucho tiempo sin trabajar. 

5. Exclusión social

Aunque muchas veces decimos que nuestros compañeros de trabajo no son nuestros amigos, otras veces la gente con la que trabajamos sí forma una parte importante de nuestro círculo afectivo cercano. 

Incluso cuando no es así, son las personas con las que más tiempo pasamos y más interacciones compartimos en nuestro día a día. Además, aunque teletrabajemos, el trabajo nos hace salir literal o simbólicamente de la soledad de nuestra realidad doméstica, nos conecta con otras personas y otras realidades, nos mantiene activos en muchos sentidos. 

El trabajo y lo que nos ocurre trabajando es lo que les contamos a nuestros amigos y familiares cuando les vemos. El trabajo es lo que nos ofrece un sueldo que luego podemos emplear en participar de múltiples facetas de la vida. Cuando todo eso desaparece durante un periodo largo de tiempo la persona pierde gran parte de sus vínculos con el “mundo exterior” y puede aparecer una gran sensación de desconexión, soledad e incapacidad para participar de la vida en la que sí participan los demás. 

Como acabamos de explicar, la del paro de larga duración es una experiencia muy desafiante para la salud psicológica de cualquier persona. Si estás en esta situación ahora mismo es importante que mantengas la esperanza en el futuro y la conexión con tus redes sociales de apoyo, además de llevar a cabo una correcta búsqueda activa de empleo. Si ves que no es suficiente y tu bienestar empieza a peligrar entonces quizá es el momento de buscar ayuda especializada. Los psicólogos estamos preparados para acompañarte en este proceso. 

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