Hacer terapia: riega la planta de tu vida para que no se marchite

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Hacer terapia cada vez es más habitual en la vida de muchas personas, y es que por suerte cada vez menos personas piensan que ir al psicólogo es cosa de locos o enfermos.

Un psicólogo es un profesional especialista en tratar de comprender qué pasa por tu cabeza, qué ocurre con tus emociones y desde luego, en ayudarte a gestionarlas para que puedas vivir tu vida de la forma más satisfactoria posible -dentro de la situación y las posibilidades de cada uno-.

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Igual que cuando nos duele la rodilla vamos al médico…
¿Por qué no ir al psicólogo cuando nos duele el corazón?

 

Cada vez más personas se plantean acudir al psicólogo alguna vez en su vida, aunque no todas lo hacen. A veces por miedo, otras por vergüenza, pero en otras muchas ocasiones argumentan que la razón es fundamentalmente económica o de tiempo.

 

Mejor prevenir, que curar

Tener que desembolsar dinero en visitar al psicólogo, es algo que hace que con frecuencia,no lo veamos como inversión, sino como gasto. Por esa razón esperamos haya un motivo de peso para dar el paso de hacer terapia. Pero claro, a veces ese motivo de peso ya es demasiado grande y ha causado una hernia en la espalda que no te permite levantarte de la cama.

Tal vez uno de los problemas sea justamente ése, aguantamos hasta que se produce una fractura: esperamos a que se rompa algo para arreglarlo, igual que pasa con un secador de pelo. Pero cuando hablamos de una pareja o del corazón, las tiritas y el celo no funcionan igual de bien que con el mando de la televisión.

Crecemos en una sociedad que nos invita a reparar pero no a prevenir, buscamos cómo curar enfermedades o resolver problemas en vez de adelantarnos y evitarlos. La realidad es que eso, a posteriori, supone más esfuerzo, más gasto y en general, más dificultades para solucionar el conflicto en cuestión.

Algo parecido ocurre con los psicólogos, pensamos que sólo están ahí cuando hay que resolver un conflicto, pero también están para prevenirlos o mejorar la calidad de vida de una persona, familia o pareja.

 

La consulta del psicólogo: la ITV de cerebro y corazón

En cualquier caso, tal y como decíamos, cuando pensamos en ir a la consulta de un terapeuta solemos partir de cierta pregunta ‘¿Por qué ir al psicólogo?‘, pero por qué no partir desde otro lugar, ‘¿Por qué no ir? Siempre que el punto de partida es un ‘no’, el abanico de posibilidades se reduce, y por tanto, el crecimiento y la forma de mejorar nuestra calidad de vida también.

Asumimos como base que al psicólogo cuando se va cuando ocurre algo, pero por qué no asumir como la normalidad el acudir a un especialista para revisar cómo de «a punto» se encuentran nuestras emociones, por ejemplo.

 

Vamos a la itv para revisar que el coche está en buen estado y así evitar accidentes,
¿acaso no es igual de importante hacerlo con nuestra vida emocional y evitar así posibles golpes o accidentes?

 

También vamos a hacernos revisiones médicas para comprobar nuestra salud física, pero lo que ocurre en nuestro cerebro y nuestras emociones también es una parte de la salud: también necesitamos revisiones emocionalesNo debemos olvidar además, que nuestro cuerpo se encuentra íntimamente relacionado con la emoción: cada vez descubren más evidencias que indican que muchos factores emocionales son precipitadores de enfermedades.

 

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Muchas personas personas dan el paso de hacer terapia cuando han llegado al límite, se dan cuenta de que no pueden más porque todo se les hace grande o están sufriendo mucho. En el caso de las parejas suele ser habitual que acudan a un profesional cuando el conflicto entre los miembros de la relación se ha hecho tan grande, que casi parece un muro infranqueable.

En cualquiera de los casos, cuando hemos llegado a cierto punto o el límite se ha traspasado, también es más complicado reparar el daño. De hecho, no siempre es posible, sobre todo en el caso de las parejas. Es por eso que no es necesario esperar hasta que algo duela o queme.

 

Si no esperamos a que una planta esté seca para regarla,
¿por qué no hacer lo mismo con mi vida o las relaciones que me importan?

 

 

Preguntarse ‘para qué’ en vez de ‘por qué’

Cuando preguntamos a alguien o a nosotros mismos ‘¿por qué quieres ir al psicólogo?’, tenderemos a buscar una causa. Basaremos nuestra respuesta en una explicación que está en el pasado normalmente. Miramos hacia atrás.

Pero si cambiamos la pregunta y preguntamos ‘¿para qué quieres ir al psicólogo?‘ podremos encontrar motivaciones aún cuando no haya ocurrido algo malo o grave. Estaremos poniendo el foco en un objetivo que queremos conseguir. Miramos principalmente hacia el futuro.

De esta forma no necesariamente hablaremos desde el daño, sino que será más fácil que hablemos desde la salud o la motivación, favoreciendo así el crecimiento personal: aspectos que te gustaría mejorar, targets que quieres conseguir, aspectos de tu vida que te gustaría explorar…

 

Cuando hay fuego en casa, hay que mirar qué lo ha provocado

Es frecuente que las personas acudan a terapia cuando se encuentran mal y que, una vez que ha cesado el malestar principal, su compromiso con la terapia se reduzca.

También puede ocurrir que una persona atraviese una crisis vital por sí misma y que, cuando se encuentra mejor, no se plantee visitar a un profesional.

Sin embargo, piensa durante unos minutos en tu cuerpo y en tu mente como si fuera una casa (al fin y al cabo lo son).

Si en tu hogar se hubiera producido un fuego, ¿no te gustaría saber por qué? ¿No te preocuparía que volviera a repetirse y que esta vez no pudieras controlarlo? ¿No te sería útil saber cómo evitar que se volviera a quemar tu casa?

En vez de actuar desde la crisis constantemente, es saludable tomar conciencia de cómo funcionas y profundizar en tu persona. Cuanto más consciente seas, cuando más sepas de dónde pueden salir los problemas, más posibilidades tendrás de protegerte ante las adversidades que todos nos encontramos a lo largo del camino de la vida.

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