Conéctate con tus emociones positivas

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En psicología existe una clasificación de las emociones bastante clásica: la que separa las positivas de las negativas. Aunque para algunos haya pasado de moda, sigue teniendo cierta utilidad por su sencillez. El ejemplo típico de emoción positiva es la alegría, mientras que algunos ejemplos de emociones negativas serían la tristeza o el miedo. Esta clasificación tenía sentido, sobre todo, en una época en la que únicamente se estudiaban las emociones más básicas (aquellas que todos los seres humanos experimentamos de manera parecida, desde muy pequeños y que, incluso compartimos con algunos animales). Sin embargo, aún no se había profundizado en el estudio de emociones más sofisticadas, con un componente más cultural y, sobre todo, que no hablaran de nuestras vivencias más sombrías.

Es importante entender que no se habla de emociones positivas o negativas para decir que unas son buenas y otras son malas. No es en ese sentido. Al contrario, ¡todas las emociones tienen su función! Están ahí para que nos adaptemos mejor al medio ambiente, así que en ese sentido todas son buenas. Hablamos de emociones positivas y negativas porque unas están asociadas a sensaciones agradables y otras, en cambio, a sensaciones desagradables.

Históricamente la psicología científica ha centrado sus energías en estudiar el dolor, el malestar y la patología. No obstante, en los últimos años ha desarrollado también una rama muy interesante, llamada psicología positiva, que ha adoptado como uno de sus principales campos de estudio precisamente el de las emociones positivas sin perder por ello rigor, profundidad ni utilidad. Al fin y al cabo, la emoción es una dimensión muy importante del ser humano y no podemos conocerla en profundidad sin prestar atención a su parte más agradable.

Si te interesa este tema, tienes a tu disposición multitud de libros y artículos de todo tipo que profundizan en el ámbito de las emociones positivas. Aquí te proponemos una pequeña lista de esas emociones para que empieces a conectarte de manera consciente con ellas y prestarles atención en tu día a día. Verás que a menudo las emociones se relacionan entre sí, como si fueran parientes más o menos cercanas:

Orgullo. Tiene muchas caras, por ejemplo la de la satisfacción con uno mismo, con lo que se es y con lo que se ha logrado. Por tanto, está relacionado con la conciencia de ser alguien digno de consideración. Aplicado a las relaciones interpersonales, tiene que ver con la alegría por los logros ajenos y con la admiración (otra emoción positiva para nuestra lista que tiene su contrapunto en la envidia).

Flujo. Es un estado muy particular, el de estar absortos en una actividad que -más allá de entretenernos- llega a realizarnos, sumergidos en ella como estamos con nuestros cinco sentidos. El flujo es la experiencia de estar anclados con toda la energía de nuestro organismo solo en esa actividad, que nos embebe. El tiempo pasa volando y, en según qué momentos, parece que llegamos a fusionarnos con lo que estamos haciendo, como si buceáramos placenteramente en ello.

Gratitud. Aunque podemos estar agradecidos por haber estado acertados o generosos con nosotros mismos, lo habitual es que el sentimiento de gratitud se dirija a alguien por la generosidad con que nos ha premiado y la importante ayuda prestada. La gratitud, cuando es profunda y va más allá del reconocimiento por cortesía, es una emoción muy bella y alimenta enormemente las relaciones.

Inspiración. Está fuertemente emparentada con el flujo y consiste, sobre todo, en la vibración creadora y alegre que sentimos cuando nos decidimos a emprender una tarea y que hace que plasmemos en el exterior los resortes del talento que se nos han activado por dentro.

Emoción estética. Es el deleite que sentimos cuando estamos frente a una obra de arte o cualquier manifestación artística con cuya fuerza, contenido o simple belleza nos embelesamos y disfrutamos. Cuando damos un paso más allá, podemos incluso sentirnos inspirados para realizar nosotros mismos nuestras propias obras de arte. No en vano, la e-moción es pariente cercana de la motivación, de tal manera que el disfrute tiene valor en sí mismo pero también puede conducirnos a la creatividad en un bucle bastante interesante.

¿Sientes que estás desconectado de tus emociones positivas? ¿Ya te has familiarizado con ellas pero te apetece profundizar más en esa faceta de tu vida interior? Los psicólogos estamos aquí para acompañarte en ese proceso de autoconocimiento que, en este caso, tiene un resultado asegurado: aumentar tu capacidad para disfrutar de la vida.



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