4 actitudes para romper (o continuar) bien con tu pareja

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 18 de mayo de 2017

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Tanto si estamos solteros como si compartimos nuestra vida con alguien de alguna manera lo importante es que esa situación sea un espacio saludable que nos permita crecer (y dejar crecer) y, sobre todo, que no esté nublada por un sentimiento de melancolía en el que deseamos estar en la situación contraria a la que estamos.

Debido a nuestra necesidad de estabilidad, hemos llegado a la conclusión de que una relación de pareja es un camino lineal, según el cual llega un momento en que  decidimos estar juntos y permanecemos seguros de ello hasta el final (bien hasta el final de nuestras vida o bien hasta que la relación finaliza por «muerte natural»). Así es como mucha gente considera que deben ser las relaciones ideales o, al menos, las deseables y óptimas. Según esta manera de concebirlas, las relaciones de pareja tienen un ciclo de vida claro, con un comienzo, un desarrollo y un final sin sobresaltos.

Sin embargo, la relación de pareja es algo vivo y dinámico. Eso quiere decir que, por definición, está sometida al cambio. Aunque es deseable que haya una cierta estabilidad en los vínculos que compartimos, las relaciones son mucho más complejas de lo que la idealización colectiva nos ha enseñado a desear. Por eso es normal que -sobre todo en las relaciones relativamente duraderas- haya idas y venidas, crisis, parones, reflexiones, reformulaciones del vínculo… y no por ello la relación es necesariamente tóxica o insatisfactoria. Tampoco significa que vaya a finalizar, es solo que hace falta plantearse si queremos que eso pase o no. Si somos capaces de observar y asumir nuestras propias transformaciones personales, nuestra evolución, también seremos capaces de observar y asumir las transformaciones de nuestra relación de pareja.

 

Quizá estás teniendo problemas últimamente (o desde hace mucho tiempo) con tu pareja y te planteas a menudo no solo cómo solucionarlos sino también la posibilidad de interrumpir la relación o finalizarla definitivamente. Es una decisión importante, por eso es normal que necesites mucho tiempo para madurarla y dar el paso correspondiente. Presta atención a estos consejos que pueden ser útiles para que tu pareja y tú afrontéis adecuadamente esa situación que os atañe a los dos.

Sed flexibles. No hay una única decisión buena, no hay un único buen camino para canalizar los problemas que estáis atravesando. Si veis la solución solo en términos de dejarlo o continuar es probable que os agobiéis porque ninguna de esas opciones se ajusta a lo que necesitáis. Buscad vuestros propios puntos medios y probadlos. No os estáis casando con nadie: si veis que decidís algo inadecuado siempre podéis decidir algo diferente en el futuro.

Comunicaos abiertamente y no os forcéis el uno al otro. Vale más tomarse otra semana para valorar una opción que decir que sí o que no a algo de lo que no estáis razonablemente convencidos. No confundáis esto con posponer eternamente las decisiones, se trata simplemente de no precipitarse.

Clarificad vuestros acuerdos. Incluso hablando el mismo idioma a veces es difícil entenderse, así que es mejor que no deis por hecho que los dos estáis tomando las mismas decisiones. Tened claro que ambos estáis de acuerdo, por ejemplo, en lo que significa “tomarse un tiempo”, así evitaréis sorpresas desagradables y malos entendidos.

No perdáis los papeles. Puede que vuestra situación se haya deteriorado mucho por diferentes motivos y que ya os hayáis hecho daño incluso sin querer. De todos modos, recordad que  todavía  sois una pareja, no enemigos íntimos: os debéis un respeto, os habéis tenido cariño y afecto, puede que incluso conservéis mucho de todas esas cosas. Tanto si seguís juntos, como medio juntos como si os separáis, el respeto y el cariño os ayudarán a tomar la mejor decisión de una manera constructiva.


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