Una nueva relación a los 50

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Toda edad es dorada y cada una nos plantea sus retos, también a la hora de iniciar una relación de pareja. Tanto si la has buscado de manera proactiva como si se ha cruzado en tu vida de manera inesperada, ahí está y tienes que gestionarlo. Ya no eres el pimpollo que aparece en las fotos de hace unos años y, sin embargo, te ves iniciando una historia, aunque sea de manera muy embrionaria, que te hace conectar con emociones, sensaciones físicas y pensamientos que probablemente se te habían olvidado. Y hay que hacerlo bien, dure lo que dure, se llame como se llame eso que parece que está cogiendo forma whatsapp tras whatsapp, vinito tras vinito o siesta tras siesta. 

Si estás en una situación así, lo primero que queremos hacer desde ifeel es felicitarte: ¡no es tan fácil encontrar a alguien con quien nos haga ilusión empezar algo! Y como queremos que, pase lo que pase, salga bien, lo segundo que vamos a hacer es proponerte una serie de consejos para que las mariposillas del estómago no se conviertan en pajarracos en tu cabeza. Nuestra experiencia como psicólogos (y como personas normales y corrientes) nos dice que las primeras son símbolo de ilusión pero los segundos suelen ser señal de escándalo, confusión y ruptura asegurada. ¡Ya nos contarás!

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1. No pretendas que sea igual… 

…que a los 20, 30 o a los 40. Basta con que sea como tiene que ser, de una manera adecuada a la edad que tienes y que sientes que tienes. Simplemente espera que sea una relación coherente con la persona en la que has logrado convertirte a lo largo de todos estos años, que no han pasado en balde sino que te han permitido aprender de lo bueno y de lo malo y seleccionar de manera más ajustada lo que quieres y lo que no quieres para el siguiente periodo de tu vida. 

No pretendas que esta relación sea como las que tenías siendo más joven. Permítete disfrutarla tal y como es

Claro que en parte sigues enamorándote igual que siempre, y cuidando a la gente igual que siempre, y enfadándote por algunas de las cosas que siempre te han enfadado. Nadie se transforma al cien por cien con cada año que cumple: tú siempre has sido, eres y serás tú. Sin embargo, tampoco te sorprendas si no te sientes igual en esta relación que en otras que hayas tenido hace tiempo, si no te despierta las mismas sensaciones (para bien y para mal) que tus primeros, segundos o terceros amores, si no reaccionas igual o si no esperas lo mismo de esta otra persona que está apareciendo ahora. 

El tiempo nos va moldeando y puliendo, quitándonos cosas de un lado y colocándolas en otro. Por eso no siempre vivimos “la misma” experiencia, por ejemplo iniciar una relación de pareja, de “la misma” manera. No podemos interpretar la vida -ni interpretarnos a nosotros mismos– a los 50 (y tantos…) años igual que a los treinta y pico. Sencillamente eso no es posible y, qué quieres que te diga, ¿no es maravilloso?

2. No hace falta que sea explosivo

Con que sea bonito, agradable y te haga disfrutar es más que suficiente. Es decir, no le pidas a esta relación que sea algo que no puede ser. Igual que con los hijos se sufre educándolos pero con los nietos se disfruta siendo más permisivos (que no quiere decir necesariamente educándolos mal) podemos hacer un paralelismo con las relaciones que se entablan en la edad madura. Ahora ya sí que sí, más que nunca, estás para que te quieran, no para agobiarte ni para (volver a) sufrir. Eso ya lo pasaste así que ahora pasa tú de eso. Flexibiliza, relativiza, pon tus límites. Disfrútalo.

Ya no tienes que preocuparte por si querrá tener hijos o no , o por si ya los tiene y suponen una responsabilidad importante (o una carga) debido a su corta edad porque, para bien o para mal, tu edad o la de ambos ya indica que ese momento quedó atrás. Normalmente si a esta edad no se tienen hijos ya no se van a tener y, si ya se tienen, hace tiempo que dejaron de ser bebés. Lo más seguro es que tampoco habrá que ocuparse de qué sacrificios tendréis que hacer el uno por el otro para potenciar vuestras respectivas carreras profesionales, ya que seguramente estas estarán bastante encarriladas si es que no están finalizadas o en proceso de estarlo. 

¿Suegros? ¡Que no cunda el pánico! Lo más probable es que tus suegros ya no estén o que sean muy mayores. En cualquier caso, recuerda que si nunca la tuviste, ahora menos que nunca tienes la obligación de hacer la gran vida familiar con tus parientes políticos. Quizá eso ya lo viviste y no te quedan muchas ganas de repetir. Quizá no lo has vivido nunca y te da una pereza tremenda hacerlo ahora. Si a la otra persona no le parece mal, id por libre: es un noviazgo “a los 50”, no una nueva Nochebuena crónica. 

Por cierto, tampoco pasa nada si este tampoco es el amor de tu vida: todos lo han sido cada uno a su manera y si lo que esperabas era sentirte como una princesa de cuento entonces es que seguramente te habías equivocado de papel y estabas interpretando el de otra.  

3. Fuera convenciones sociales

Las relaciones de pareja son el típico escenario sujeto a que todo el mundo opine y presione sobre qué es adecuado y qué no, qué define una verdadera relación y qué es simplemente un pasatiempo sin importancia pero también sin “avance”. Pero tú ya tienes edad suficiente para sobreponerte a opiniones, juicios y estilos ajenos, ¿no crees?

No te sientas en la obligación de repetir un patrón convencional que no va contigo, que no te apetece, que no tiene nada que ver con vosotros. Insistimos: no es obligatorio casarse, ni vivir juntos, ni hablar cada día, ni nada que se le parezca. Nunca lo ha sido, mucho menos ahora. Sobre todo si sientes que en tus anteriores relaciones has hecho cosas que no te convencían del todo, o de las que no estabas muy segura, o que no iban nada contigo, ahora sí que sí es el momento de no hacer concesiones de las que luego te vayas a arrepentir. 

Ten la relación que tú quieras tener, tira de asertividad y no te sientas en la obligación de hacer lo que se supone que hay que hacer solo porque estáis en-camino-de convertiros en pareja o porque ya lo sois. Quizá ahora la relación no consiste en lo mismo en que consistieron las anteriores, o no se basa en los mismos componentes o la importancia de estos ha cambiado. Eso se refiere a que la relevancia que se le da al ocio compartido, al sexo, a la convivencia, a la vida familiar, etc. es diferente en cada relación. Lo que a los veinte o los cuarenta era realmente importante para que una relación se solidificara quizá en esta nueva relación de madurez ha perdido toda importancia, porque tus necesidades e intereses probablemente distan mucho de aquellos que tenías a los 35. 

Sin estereotipos, sin prejuicios, sin boicots anticipatorios. Quizá ahora lo que te interesa es explorar tu sexualidad en cantidad y calidad como no lo habías hecho antes y sientes que ahora es el momento porque tienes más seguridad en ti misma/o, porque no has podido hacerlo antes, porque no te preocupan tanto los embarazos o sabes controlar mejor que antes las infecciones de transmisión sexual o porque, sencillamente, te da la gana hacerlo o seguir haciéndolo. 

Quizá el sexo ha pasado a un segundo plano en tu vida y lo que quieres es tener una persona al lado con la que el sexo, aunque exista, no esté sujeto a una expectativa tan intensa y sea más ligero, dando prioridad a otras actividades siempre sabiendo que no sois simples amigos sino que sois una pareja que “está en otro punto”. O bien lo quieres todo pero tienes claro que eso de la convivencia nun-ca-ja-más, que ya has compartido tu espacio todo lo que lo tenías que compartir y que, como has cumplido con creces, a partir de ahora novios y novias todos los que surjan pero cada cual en su casa. 

Y así sucesivamente. Siempre insistimos en lo mismo: tú y tu (hipotética) pareja sois los dueños de la relación y la diseñáis a vuestra manera para que os guste a ambos, no a la manera de los demás.

4. Haz valer tu experiencia

La escritora Almudena Grandes suele decir que los años sirven para algo más que para coger kilos y que te salgan canas. Y todos sabemos qué es lo que hace que el diablo sepa tanto y no es, precisamente, su maldad, ¿verdad? Pues que se note. 

Tus anteriores relaciones te han enseñado qué necesitas y qué no cuando tienes una pareja. Ahora es el momento de ponerlo en práctica

Pon en práctica lo que has aprendido de relaciones anteriores y, sobre todo, de toda una vida de experiencias. Espontaneidad ante todo. Ten la mente abierta, no castigues a los demás por lo que te hicieron otras personas ni anticipes cómo van a ser las cosas solo porque fueron de una determinada manera en un momento determinado. 


Si no aparece nadie puedes disfrutar perfectamente de tu soltería pero si aparece, permítete disfrutar de esa relación todo lo que esa relación dé de sí. No es inadecuado ni te estás comportando como un adolescente. De acuerdo, quizá tienes más canas y más kilos (o los mismos de siempre pero distribuidos de manera menos agradecida). Pero también tienes mucha más sabiduría, que no necesariamente implica mayor maldad. Puede que tengas por detrás un largo currículum de pérdidas, decepciones o frustraciones, pero también de experiencias enriquecedoras que han evitado que te entregues a la amargura. Piensa que las relaciones anteriores no sirvieron solo porque fueron importantes por sí mismas, sino porque te han permitido entender mejor qué necesitas y cómo eres y te dieron la oportunidad de entrenar habilidades que puedes poner en práctica en futuras relaciones. 

Sabemos que vivir el amor (o lo que sea) a partir de los 50 puede resultar a veces complicado y a veces desconcertante pero también maravilloso, divertido y muy satisfactorio. Los psicólogos de ifeel estamos aquí para ayudarte a batir las alas de tus mariposas sin que la cosa acabe necesariamente en una nueva frustración. Es tu momento. Si lo necesitas, nosotros te lo recordamos.

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