Tarde de domingo, ¿por qué tengo ansiedad?

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Puede que te identifiques con la siguiente situación. Es domingo, puede que hayas comido con tu familia, o hayas tomado el aperitivo con amigos, tal vez estés con tu pareja tranquilamente en casa, o tal vez solo o sola descansando tras un intenso sábado noche. No hay nada especial que hacer con urgencia justo esta tarde, es tu día libre. Sin embargo, una ligera inquietud atenaza tu interior.

A veces es una sensación melancólica, difícil de asociar con una causa concreta. En otras ocasiones esa sensación de intranquilidad podría ser algo más intensa, rozando incluso un estado de incómoda ansiedad. La verdad es que esta situación no es nada extraña en la vida moderna. De hecho ha sido definida como un fenómeno clínico dentro de la psicología por varios autores. Hablamos de la llamada “neurosis de domingo”.

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Son varios los autores que definieron el término. El famosos psiquiatra y creador de la logoterapia, Viktor Frankl,  atribuye la «neurosis de domingo» al vacío existencial, del que habla ampliamente en su famosa obra El hombre en busca de sentido.  El domingo, día de poca actividad, nos enfrentamos a la realidad de nuestra existencia, no hay estímulos ni cortinas de humo como la rutina laboral.

Para Frankl no era posible vivir una existencia plena si no nos confrontábamos a nosotros mismos con ese interrogante tan existencial: ¿cuál es el verdadero sentido o propósito de nuestros días? ¿Puede tener sentido levantarse cada mañana e ir a trabajar esperando que pase el día sin más? De pronto parece que el domingo las preguntas grandilocuentes se hicieran más presentes.

Viktor Frankl vivió una experiencia extrema de supervivencia humana en un campo de concentración nazi, donde vio morir a su esposa y a sus padres. Dicha experiencia le llevó a conformar una teoría y una terapia basadas en la búsqueda existencial del sentido vital. En sus propias palabras, “No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas como la consciencia de tener una tarea en la vida”.

Sandor Ferenczi, otro ilustre psicoanalista discípulo de Freud, también contempló este fenómeno ya a principios del siglo XX. En uno de sus escritos relataba cómo había observado que muchos de los síntomas de malestar de sus pacientes neuróticos se exacerbaban en domingo.

Su explicación es que dicha sintomatología permanecía parcialmente reprimida durante la semana por las obligaciones pero, al llegar la temida libertad, dichos síntomas tenían pista libre. Tal y como Ferenczi decía, “El día dedicado al descanso se convierte en el de máxima actividad para el neurótico”.

¿Por qué nos deprimimos el domingo por la tarde?

La realidad es que hay muchas y muy variadas posibles causas. Como suele suceder, lo más probable es que en la combinación de todas estas variables se encuentre el origen de este conocido síndrome. Veamos algunas:

 

Mañana es lunes. Sí, como si de niños pequeños que no quieren ir al colegio se tratara, a veces los adultos podemos tener una sensación muy similar. Comenzar a pensar en las tareas pendientes que dejamos el viernes sin más dilación. Experimentar nerviosismo por alguna cita o reunión laboral que sabemos que no podremos declinar. Incluso el temor al trato con un jefe o cargo superior. Todos ellos son motivos frecuentes de ansiedad anticipatoria.

 

El ambiente de alta exigencia y rendimiento que hoy en día vivimos en el entorno laboral no ha hecho más que incrementar síndromes de estrés y ansiedad.  asociados a nuestro desempeño profesional. Si sientes que esta es la causa de tu sensación de ansiedad los domingos o de que este día no duermas bien tal vez debas replantearte si realmente estás donde deseas estar. Piensa qué conflictos reales se están poniendo en juego  en este área de tu vida e ve directamente a buscar las soluciones pertinentes.

 

Huir de ello cada viernes no hará que el problema que puedas tener en tu vida profesional simplemente desaparezca.

 

Cambio de rutinas y biorritmos. Esta es una explicación aparentemente más sencilla pero llena de sentido común. El domingo no madrugamos,  los consumidores de cafeína reducen su dosis de café diaria con el consecuente síndrome de abstinencia caracterizado por alta irritabilidad y dolor de cabeza.

 

Además, cambian las rutinas en la alimentación y la digestión. Y sí, todo ello altera nuestro complejo equilibrio físico y, por ende, somos más propensos a ligeras alteraciones en el humor.

 

Consumo de alcohol durante el fin de semana. No está de más decir, aunque parezca evidente,que si abusamos del alcohol en las noches de viernes y sábado el malestar sobrevenido por la resaca no va más que a contribuir a acrecentar la inquietud psicológica. Aquí basta con conocer los límites de nuestro cuerpo y ser prudentes al respecto.

 

Combatir el síndrome del domingo por la tarde

  • Planifica tu fin de semana. A veces dejamos nuestro tiempo libre a merced de la improvisación, pero no siempre surgen planes apetecibles. Toma el control de tu tiempo libre: es limitado, piensa durante la semana qué quieres hacer con él.

 

  • Actividad física y social. Pasar demasiado tiempo en el sofá sin salir de casa no suele ser la mejor forma de aprovechar el tiempo libre. Activa tu cuerpo a través de rutinas deportivas, mucho mejor si son al aire libre y mejor todavía si son en grupo.

 

  • Por último, aquí va una recomendación diferente. Lejos de evitar el vacío, es una buena opción escucharlo, seguro que tiene algo valioso que decirnos. Para ello, simplemente, acepta la sensación de ansiedad, tómate unos momentos para prestar atención a tu cuerpo y a tu mente: ¿qué mensajes trata de hacerte llegar? Si nos permitimos escuchar nuestro vacío podemos hacer de este algo fértil.

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