Estar soltera (o soltero): ¿castigo o bendición?

Por Raquel Ruiz Juárez
Publicado 29 de marzo de 2018

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Si eres de los que cuando está soltero echa de menos tener pareja y cuando tiene pareja piensa que estaba más a gusto solo… a ti también te han hecho un lío con todo esto.

Parece que si echamos la vista atrás y hacemos un repaso por lo que ha sido la concepción de la soltería a lo largo del tiempo lo vemos como algo negativo. Que si tienes 40 años y no tienes pareja eres una solterona y nadie te quiere. Que si tienes 50 y vives solo es porque nadie te aguanta.

¿Y qué hay de esas reuniones familiares en las que tus tíos y abuelos no paran de preguntarte que para cuándo traes a alguna pareja a casa? Todo esto nos indica que para ser felices o estar completos tenemos que tener una relación, compartir nuestra vida -sí o sí- con un compañero sentimental porque, si no, es que algo no va bien: tienes un problema y vas a morir solo.

Un momento… ¿No estamos siendo un poco dramáticos?

En el otro lado de la balanza está la revisión de la sociedad actual, cada vez más individualizada, cada vez va más rápida, una manera de funcionar en la que cada persona tiene su vida y sus inquietudes. Si eres joven probablemente no sepas si te vas a quedar a vivir en esta ciudad o el mes que viene te vas a tener que mudar a otra para seguir trabajando de lo tuyo.

Por un lado quieres ser fiel a tus objetivos y conseguir tus metas personales, pero por otro… se activan todos los recuerdos de las historias de tus familiares, las conversaciones con tus amigos que se van a casar o las películas románticas que has visto a pares.

La obligación de tener pareja

Sentir la obligación de compartir tu vida con alguien no puede ser algo bueno. Una cosa es que te apetezca tener pareja, que tengas ciertas metas en el ámbito sentimental. Otra muy distinta es que todo esto lo hagas porque sientes que es lo correcto y que va a ser la solución a todos tus males.

No, tener pareja no conlleva de manera inherente ser feliz. Hay muchos tipos de parejas y no todas están repletas de felicidad.

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Si accedes a iniciar una relación -incluso sin estar muy convencido de ello- párate a pensar: formar una pareja conlleva ciertos sacrificios, pero no debe estar por delante de ti y tus necesidades.

Tómate tu tiempo para ver si es lo que de verdad quieres, comunícaselo a la otra persona, practica tu asertividad. Puedes serte fiel a ti mismo sin olvidarte de los sentimientos de la otra persona.

También aquí es importante tener en cuenta la dependencia emocional, ese gigante que a veces hace su aparición en las relaciones de pareja.

Dedícate unos minutos a reflexionar sobre estas cuestiones: si sientes que tu vida no tendría sentido sin la otra persona, si ves que tu vida se ha visto reducida a tu pareja y que has dejado a un lado tus metas, tus amistades o tus gustos por adaptarte a los de la otra persona… parece que te estás olvidando de alguien.

¿Dónde te has quedado tú?

Hay determinados momentos en los que el amor (mal entendido) se convierte en una adicción, en una necesidad que tenemos que satisfacer a toda costa. Cuando la necesidad, las ganas, la dependencia aparecen, se vuelven las protagonistas de nuestro día a día y nuestra relación de pareja empieza a girar alrededor de una única persona: el otro.

Si has llegado a ese punto quizá no es mal momento para replantearte el enfoque de tu relación o, incluso, para pasar un tiempo en soledad, que no es sinónimo de tristeza. Aprovechar las etapas en las que andamos el camino solos también nos ayudan a crecer y a disfrutar de nuestra vida de una forma diferente. No hay prisa: si tu relación termina, disfruta también de la soltería, puede ser muy divertida.

 

Yo quiero estar soltera (o soltero). Es mi decisión

Adelante, esa decisión es tan válida como cualquier otra. En la actualidad las formas de entender las relaciones interpersonales y la vida han cambiado mucho. Si prefieres disfrutar tu soltería estás en todo tu derecho.

Eso sí, de igual manera que en el apartado anterior, es interesante reflexionar sobre los motivos de la decisión que has tomado.

¿Qué es lo que te impulsa a tomar esta decisión?

A veces las malas experiencias vividas en el pasado nos hacen tomar decisiones drásticas para evitarnos el sufrimiento en el futuro.

El problema de la evitación es que cuanto más tiempo se lleva a cabo, más grandes se hacen los miedos y, por lo tanto, más trabajo nos cuesta luego afrontarlos.

Por decirlo de alguna manera, cuando evitamos exponernos a nuestro miedo, nos metemos en una especie de burbuja, nadie puede alcanzarnos ahí. Sin embargo, si por algún motivo esa burbuja explota, por ejemplo conociendo a alguien que nos guste mucho, y damos de nuevo con lo que nos preocupaba, ahora nos daremos cuenta de que vemos el mundo exterior de una forma mucho más hostil y querremos salir corriendo.

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Las rupturas sentimentales son muy dolorosas, es cierto. Sin embargo, abren una puerta al autoconocimiento y a la reflexión. Seguro que se te pasan por la cabeza situaciones en las que hubieras hecho las cosas de una forma diferente o aspectos de ti que no te gustan. Quizá has querido controlar cada aspecto de la relación o quizá te has olvidado de pensar en ti. Sea como sea, plantéate por qué ha sido dolorosa y por qué has sufrido tanto.

Se te ha cruzado por delante la posibilidad de generar cambios en ti y en tu forma de relacionarte, aprovéchala para crecer y aprender.

 

¿Qué es lo correcto entonces?

Lo correcto es sentirse bien decidas lo que decidas.

Si estás en una relación de pareja que te hace feliz, no dudes en cuidarla. No importa que hayas llegado ahí sin darte cuenta o que no fuera lo que tenías en mente. Si es algo que hace que tu día a día sea mejor, disfrútalo. Eso sí, no te olvides de que es una relación de más de una persona. Es importante tener en cuenta a todas las personas implicadas, cuidar del otro desde nuestro bienestar, tenernos en cuenta, respetarnos, cuidarnos.

No hay por qué esforzarse en seguir las reglas establecidas durante años. Cada pareja es un mundo y cada una establece sus normas, sus rutinas y sus formas de entender el amor. Siempre y cuando haya una relación de igualdad y respeto, estará bien. Si definitivamente eres más feliz siendo soltera o soltero, ¡disfruta!

Que nadie te imponga tener una relación de pareja si no es lo que quieres o si no es lo que te apetece en este momento. Dedícate todo tu tiempo, alcanza tus retos personales y vive tu vida, puedes compartirla con muchas más personas, no tiene por qué ser con tu pareja.

 

Habilidades a tener en cuenta para estar sanos, solos o acompañados

Vamos a mencionar algunas de las habilidades que vienen muy bien a la hora de sentirnos sanos a nivel emocional y sentimental.

Autocuidado

Como decíamos antes, para estar bien dentro de una relación y cuidar a nuestra pareja debemos sentirnos bien, primero, con nosotros mismos.

Piensa en tus necesidades, no solo dentro de una relación de pareja, sino también a nivel físico y emocional. Intenta encontrar tu propio equilibrio, encontrar huecos para pasar tiempo contigo misma, haz lo que te hace disfrutar. Quizá te guste hacer cosas acompañada pero hay muchos pasatiempos que se pueden hacer sin nadie más y aun así pasarlo bien. Si en tu vida diaria estás sintiéndote mal y no sabes muy bien el porqué, pide ayuda, quizá necesitas replantearte tus objetivos.

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Ser asertivos y respetar los tiempos de cada uno

En todas las relaciones, sean familiares, de amistad o de pareja, hay situaciones complicadas o momentos en los que hay desacuerdos. Poner en práctica la asertividad es un buen recurso para afrontar estas conversaciones incómodas.

Cuando somos asertivos estamos explicando nuestro punto de vista desde el respeto hacia nosotros mismos, nuestro derecho a enfadarnos o a no aceptar determinadas cuestiones pero sin invadir los de la otra persona. Se trata de poner en una balanza nuestro punto de vista y el de la otra persona y, por muy diferentes que sean los argumentos, que uno no sea considerado más importante que el otro, siempre que las dos sean respetuosas.

Respeta los tiempos de cada uno. Puede que tengas muchas ganas de solucionar un problema o una discusión reciente, pero no hay que forzar nada. Puede que tú necesites hablarlo ahora y que tu pareja necesite un tiempo para asimilar lo sucedido, así que dejar espacio también es una muestra de respeto hacia el otro.

Lo mismo ocurre cuando estamos solteros, quizá delante de una persona que nos atrae y con la que no tenemos una relación consolidada, quizá es un familiar o una amistad. Sea como sea, no invadir y avasallar es una ventaja para ambos.

Buena comunicación

Preguntar y escuchar son los pilares fundamentales para establecer unas pautas de comunicación sanas. No tenemos una varita mágica que nos permita saber lo que está pensando la otra persona, por mucho que la conozcamos. No dar por hecho las cosas y preguntar puede evitarnos algún que otro malentendido.

Seguro que podéis recordar algún momento en el que estábais seguros de que, con cierto comentario, vuestra pareja o vuestra amiga se refería a algo muy concreto y que una vez que lo habéis puesto en común, resulta que nada de lo que pensabas tenía relación con lo que el otro quería decir.

Preguntar si la otra persona se refiere a algo en específico, preguntar si quiere hablar de lo sucedido o de cómo se siente puede ser un gran aliado. Tenemos que tener cuidado, porque en el otro extremo de la balanza está el no parar de preguntar, obsesionarnos con una cuestión en concreto, aquí podemos traer de nuevo la cuestión de respetar los tiempos de cada uno y no forzar.

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Si ves que la teoría está muy bien pero que ponerlo en práctica no es tan sencillo quizá tengas que averiguar por qué te resulta tan difícil. No pasa nada, a muchas personas les cuesta descubrir los motivos que las llevan a comportarse de una u otra manera, lo bueno es que nunca es tarde para dedicarle un poco de tiempo a investigar en nosotros mismos.


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