¿Demasiadas cosas que hacer? 5 puntos para no llenar la agenda hasta reventar

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 03 de marzo de 2017

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¿Alguna vez te ha pasado que, al preparar la maleta para regresar a casa después de un viaje tienes que sentarte encima y forzar la cremallera hasta que, casi reventando, consigues retener dentro todo lo acumulado? Es probable que en esos momentos no te centres en disfrutar de todo lo que has colocado a presión dentro de la maleta, aunque sea muy valioso e interesante, sino que estés más pendiente de los nervios que pasas al ver correr los minutos y comprobar que la maleta no se cierra, que quieres transportar demasiadas cosas, que quizá te has organizado mal, etc.

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Hay muchas explicaciones para esto, pero una de ellas es la voracidad. Sí, la voracidad. No consiste sólo en comer mucho, con glotonería. Voracidad es el ansia de mucho: tener mucho, hacer mucho, conseguir mucho… y a ser posible muy rápido. Por eso, con el estilo de vida que llevamos, nos encontramos a menudo intentando cerrar maletas caiga quien caiga aunque resulte bastante evidente que hay que vaciarlas un poco si queremos conseguirlo. Antes de que nos demos cuenta la voracidad ha hecho que queramos acumular demasiadas cosas o, en otra de sus versiones, llegar a más cosas de las que somos capaces.

Movidos por nuestra voracidad de más y más rápido llenamos nuestras agendas de la manera más loca, añadiendo a las obligaciones “oficiales” una lista de obligaciones extras que siempre encuentra la manera de alargarse.

Hacer muchas cosas está muy bien, pero sobrecargarnos con jornadas interminables para simular que el día tiene 37 horas no es gratis: la cremallera de la maleta tarde o temprano acaba cediendo. No te olvides de que el día, por mucho que lo alargues, seguirá teniendo 24 horas, que bien utilizadas pueden dar mucho de sí pero que no se van a multiplicar porque te sientes encima de tu agenda y la aplastes sin piedad para poder cerrarla.

  1. El tiempo no es elástico, así que conviene ser conscientes de que las horas que le demos al trabajo se las vamos a quitar a los amigos, igual que las que le demos a los amigos se las vamos a quitar al gimnasio, y que las del gimnasio tendrán que salir de las destinadas a paseos, lecturas, ese ratito de más en la cama que tan bien nos vendría…
  2. Afloja un poco. El tiempo no es elástico ¡y tu resistencia tampoco! Date cuenta de cómo tu cuerpo te va pidiendo un cambio en el ritmo.
  3. Descansa. El descanso es la gasolina que tu cuerpo y tu mente necesitan para continuar de una manera óptima. Recuerda que los maratones, triatlones y relevos no las ganan los que van agotados ni los que han calibrado mal sus fuerzas.
  4. Prioriza, reordena. Aprende a tolerar que “mucho” no siempre es sinónimo de “mejor”. Selecciona aquellas actividades que consideres imprescindibles y dedícales tiempo de calidad.
  5. Mira hacia dentro. ¿De dónde te viene este hambre de hacer millones de cosas que disfrazas de obligaciones o de aficiones? Puede resultarte interesante explorar la manera que tienes de llenar ciertos vacíos, silencios o parones que se producen en tu vida cotidiana a base de no parar.


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