Emociones y sentimientos: ¿conoces la diferencia?

Por Laura Alonso González
Publicado 19 de julio de 2018

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¿Qué es una emoción? ¿Qué es un sentimiento? ¿Hay alguna diferencia entre ambos? Las definiciones de sentimiento y emoción siguen siendo un tema de amplio debate entre los profesionales de la psicología. Es difícil distinguir estos dos conceptos y solemos utilizarlos de forma indistinta cuando hablamos de manera informal, pero entre ellos podemos destacar algunas diferencias. En este artículo vamos a explicarte los matices que diferencian a las emociones de los sentimientos.

Empecemos hablando sobre la emoción. Las emociones, sobre todo aquellas que son básicas, son las repuestas automáticas que aparecen ante ciertos estímulos, como por ejemplo la tristeza que experimentamos cuando perdemos a un ser querido. La emoción está vinculada a nuestro cerebro y, por tanto, produce ciertos cambios psicofisiológicos en nosotros que nos permiten poder adaptarnos al ambiente.

Uno de los autores más relevantes en el estudio de las emociones es Paul Ekman, quien en la década de los noventa categorizó las seis emociones básicas en su teoría de la emoción, que a día de hoy sigue siendo una de las más populares en este ámbito de la psicología. A pesar de ser un tema que sigue creando controversia entre autores, la emociones que Ekman considera básicas son: el miedo, la ira, la  tristeza, la alegría, el asco y la sorpresa.

Cuando nos enfrentamos a una situación, las emociones activan nuestros pensamientos, actitudes y creencias sobre lo que está pasando. De esta manera, influyen en cómo percibimos e interpretamos esta situación, lo que en último término determina cómo actuaremos. Por eso, se dice que los componentes de la emoción son tres:

Los componentes fisiológicos. Determinan cómo reaccionamos en el primer momento, de manera involuntaria. Por ejemplo, si tenemos miedo a los insectos y nos encontramos con uno, el latido de nuestro corazón se acelerará, nuestros músculos se tensarán, sudaremos, etc.

 

Los componentes cognitivos. Nos permiten evaluar la situación de manera consciente e inconsciente y esto influye en nuestra experiencia subjetiva. Si he tenido experiencias negativas con los insectos, en las que he sufrido picaduras dolorosas, la presencia de un insecto va a desencadenar en mí una emoción de miedo.

 

Los componentes conductuales. Siguiendo con este ejemplo, serían movimientos corporales, cambios en la expresión de la cara o temblor en la voz cuando noto que el insecto está a mi alrededor.

Pasemos ahora a hablar de los sentimientos. Los sentimientos son las percepciones subjetivas de las emociones, es decir, la forma en que cada uno de nosotros interpretamos la emoción y le damos nombre. Por tanto, dependiendo de nuestra personalidad, creencias y vivencias pasadas interpretaremos la emoción de manera diferente y esto nos producirá distintos sentimientos.

Por lo tanto, podríamos decir que las emociones se producen de manera inconsciente y los sentimientos son la forma consciente de las emociones: tienen un componente más racional. Por ejemplo, imagínate que has conseguido el trabajo de tus sueños, la emoción de alegría te invade y puede manifestarse con sentimientos de satisfacción, optimismo o gratitud, entre otros.

Cuando hablamos de emociones y sentimientos no podemos dar definiciones absolutas y específicas, ya que ambos conceptos están interrelacionados. Aunque podamos matizar que las emociones son irracionales e inmediatas y los sentimientos son producto de un análisis consciente de la situación, lo cierto es que la emoción y el sentimiento no pueden darse de manera unilateral. No hay emoción sin sentimiento y viceversa.

El debate abierto para diferenciar estos conceptos es más una cuestión teórica que práctica, que tiene como objetivo entender todo el proceso que los origina y en qué parte de la experiencia consciente nos encontramos. No obstante, existen muchas ocasiones en que podemos utilizar ambos conceptos como si de sinónimos se tratara.

Las emociones y los sentimientos son parte de nosotros e influencian en gran medida las decisiones que tomamos a diario y en muchos casos, no somos conscientes del gran papel que desempeñan en nuestro día a día.

Más que el hecho de cómo definamos sentimiento y emoción, lo realmente importante para cualquier persona es cómo los gestione. Aunque creas que los sentimientos y emociones no pueden controlarse, sí que podemos tomarnos tiempo para identificar lo que sentimos, ponerle un nombre, y una vez lo hayamos identificado, podemos analizarlo y tomar decisiones sobre cómo afrontarlo.

Es importante que nos paremos a analizar cómo reaccionamos a los acontecimientos y si estamos dándole la respuesta emocional adecuada a los mismos. Esto se define como autoconocimiento emocional y, además, es uno de los componentes de la hoy en día tan popular inteligencia emocional.

Si crees que este no es tu caso y necesitas aprender a darle a los problemas de la vida la importancia justa e incrementar tu inteligencia emocional y tu bienestar, te recomendamos que busques ayuda de un profesional que pueda enseñarte y guiarte en este proceso de mejora personal.

 


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