Las emociones: moverse con inteligencia

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La palabra emoción viene del latín emotio, derivado del verbo emovere (hacer mover). Es por eso que una emoción es algo que nos saca de nuestro estado habitual: las emociones nos agitan y nos ponen en acción. Aunque te sorprenda, esto tiene mucho que ver con la inteligencia.

En palabras de Daniel Goleman, uno de los exponentes más célebres del concepto de inteligencia emocional, “existen centenares de emociones y muchísimas más mezclas, variaciones, mutaciones y matices diferentes entre todas ellas. En realidad, existen más sutilezas en la emoción que palabras para describirlas”.

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Las emociones son una presencia constante en nuestra vida. Son el puente que nos conecta a otras personas. Independientemente de que seamos conscientes de ellas o no, las emociones influyen en todo lo que hacemos. Tanto es así que el estado de ánimo y las emociones afectan a la manera en que vemos el mundo que nos rodea. ¿Sabías que diversos estudios realizados por el psicólogo Christopher Thorstenson y su equipo confirmaron que las emociones tienen influencia en la apreciación del color? Así es: quienes están tristes muestran dificultades para reconocer los colores azul y amarillo en comparación a los que no lo están. Sorprendente, ¿verdad?

Comprender las emociones 

  • Reconocer y comprender que las emociones tienen una función.
  • Conocer las diferencias, la transición, las variaciones y los grados de intensidad entre las emociones.
  • Comprender qué, cómo y por qué tú y otras personas experimentan ciertas emociones en ciertas situaciones.

Las emociones van acompañadas de pensamientos y, en consecuencia, nosotros actuamos de diferentes maneras en diferentes situaciones. Pero las emociones pueden ser complicadas. Esto puede hacer que sea difícil identificarlas, entenderlas y comprender su significado en nosotros.

Pensemos en la ansiedad. Supongamos que estás ansioso por un examen, una entrevista de trabajo o un evento social al que tienes que asistir. La ansiedad podría comenzar con un pensamiento («Temo esto») que podría activar diferentes estados físicos (se revuelve el estómago, se tensan los músculos, la boca se seca; esto, a su vez, favorece una cierta tendencia del comportamiento (incapacidad para quedarnos quietos y relajarnos).

Por otro lado, la ansiedad podría comenzar con la sensación física (con el estómago revuelto, etc.) que te recuerda y te hace pensar en el próximo examen, evento social, etc., («Temo esto») que da como resultado el comportamiento de caminar de un lado para otro.

Por supuesto, la ansiedad podría comenzar con la incapacidad para relajarnos, lo que desencadenaría las reacciones físicas con las que se expresa el temor y los pensamientos que las acompañan.

¡No es de extrañar que muchos de nosotros encontremos emociones difíciles de entender y de manejar!

Aunque vemos algunas emociones como positivas, hay muchas otras emociones que consideramos «negativas» o «incorrectas» según el contexto.

Sin embargo, a medida que desarrolles tu comprensión de qué son exactamente las emociones y por qué las tenemos, verás que juzgar las emociones como «positivas» o «negativas» -en el sentido de «buenas» o «malas»- no es muy útil.

El hecho es que todas las emociones tienen un propósito positivo: mantenerte a salvo, ayudarte a tomar decisiones, desarrollar y mantener vínculos sociales, experimentar la felicidad, mejorar a nivel individual de acuerdo a nuestros principios y valores, etc.

Aprenderás que desenredar lo que desencadena una emoción de los pensamientos, sentimientos y comportamientos que acompañan a la emoción también puede ayudarte a comprender una emoción y verla como «solo emoción», en lugar de quedar atrapado y abrumado por ella.

Por supuesto, todos sentimos y experimentamos emociones; son parte del ser humano. No obstante, una parte importante de la inteligencia emocional reside en comprender y aceptar que las emociones son experimentadas de manera diferente por personas diferentes. No solo eso, sino que, además, el conjunto de ideas y creencias sobre emociones también difiere de una persona a otra y también la forma en la que responden a ellas. Comprender esto resulta de vital importancia cuando establecemos vínculos con otras personas y sus emociones.

La inteligencia emocional

Una alta «inteligencia emocional» requiere que reconozcamos y comprendamos las emociones y que dispongamos de estrategias efectivas para poder gestionarlas.

Cómo manejas tus emociones y las de los demás depende, entre otras cosas, del contexto: las circunstancias o hechos establecidos que rodean un evento particular, la otra persona o personas involucradas, sus metas, etc. Debido a que manejar las emociones depende de tantas variables, habrá que emplear para ello un enfoque flexible. Por supuesto, si hubiera una respuesta estándar a cada emoción y situación, siempre sabrías cómo actuar y comportarte; sabrías qué hacer y qué decir, pero debido a que cada situación es diferente de otra, necesitamos desarrollar una variedad de estrategias; una variedad de formas en las que puedes dibujar según las circunstancias.

Pero, ¿qué es la inteligencia emocional? Esta capacidad consiste en ser inteligente con tus emociones mediante la práctica de habilidades de comprensión y gestión emocional. Dicho en otras palabras, usar tus emociones para informar a tus pensamientos y usar tus pensamientos para comprender y gestionar tus emociones.

Desarrollar las habilidades de razonamiento, reflexión y análisis no solo es crucial para una buena inteligencia emocional, sino que resulta de gran importancia en nuestra vida cotidiana para pensar con claridad y de forma creativa, gestionar estrés y asumir retos con confianza, además de encaminarnos en pos del bienestar del otro.

 

Considera tus opciones y toma medidas

A menudo, manejamos las emociones difíciles aferrándonos a una respuesta emocional, cualquiera que sea la situación. Sin embargo, tus emociones te controlan cuando asumes que solo hay una forma de reaccionar. Siempre puedes elegir, ¡aunque a veces no te apetezca!

Por ejemplo, un compañero de trabajo está enfadado porque tú fuiste promocionada y él no. El compañero empieza a hablar de ti a tus espaldas y te enteras. Podrías responder, confrontarle y preguntar cuál es su problema o podrías elegir ignorar el enfado y la envidia de la otra persona.

Otro ejemplo, te sientes decepcionada y triste porque acabas de recibir un correo denegando tu plaza en el máster que querías cursar. Podrías llamar inmediatamente por teléfono y exigir que te expliquen por qué. También podrías enviar un correo electrónico y, cortésmente, solicitar más información sobre las causas de la no admisión. O bien, tu respuesta podría ser seguir pensando en lo ocurrido y ahogar tus penas como sea. De cualquier forma, responde, tienes diferentes opciones para hacerlo.

Ser capaz de manejar tus emociones depende en parte de cuánto alimentas una emoción en particular. No importa qué emoción sea, siempre hay más de una manera de responder.

A continuación te ofrecemos algunos consejos que puedes seguir para manejar ciertas situación de una manera emocionalmente más inteligente.

  • Aléjate de la situación. Si una situación y la emoción que la acompaña te está sobrepasando, es posible que tengas la oportunidad de salir de la situación alejándote. Por ejemplo, imagina que estás en un tren y otro pasajero está hablando muy fuerte por el teléfono. Tú te empiezas a sentir realmente irritado. Aléjate de la situación. Simplemente vete. Cámbiate a otro vagón. Supón que no hubiera más asientos libres y decides quedarte. Abre el abanico de posibilidades. Puedes elegir seguir irritándote hasta pedirle si puede hablar más suave -lo cual deja la puerta abierta a la confrontación- o puedes optar por la asertividad. Ya sabes que el comportamiento es solo una de las dimensiones que acompaña a la emoción, puedes elegir controlar la situación controlando tus pensamientos o tu estado físico.
  • Reflexiona. ¿Qué fue lo que hiciste en una situación en la que tus emociones te sobrepasaron y te impidieron pensar claramente y responder de una forma valiosa para ti? Es probable que te sintieras responsable, avergonzado, triste, etc… No dejes que las cosas avancen en esa tónica permitiendo que las emociones te paralicen. En cambio, reflexiona sobre lo ocurrido. ¿Cómo podrías cambiar tu respuesta la próxima vez en una situación similar? Desgrana los componentes de la emoción que predominó en esa situación y las posibilidades de reacción que no viste. Y ahora, como formando de nuevo el puzle, piensa cómo podrías haber respondido de una forma más apropiada sin quedarte atrapado por la emoción. ¡Eso es practicar la inteligencia emocional!
  • Habla sobre tus sentimientos. Habla con alguien. Hablar sobre las cosas que te acontecen te ayudará a poner luz en las situaciones. Si ves que te encuentras continuamente luchando con la misma emoción dolorosa o la misma situación, habla con un psicólogo para descubrir juntos el resto de posibilidades satisfactorias que siguen en el abanico.

Empezar a gestionar tus emociones

La inteligencia emocional empieza siendo consciente y comprendiendo las emociones, las tuyas y las de la gente con la que te relacionas. El siguiente paso es desarrollar habilidades para gestionar emociones.

La gestión inteligente de las emociones incluye:

  • Hacer uso de tu conocimiento sobre tus emociones para ayudar e informar sobre tus pensamientos y forma de razonar.
  • Hacer uso de tu conocimiento sobre tus emociones para ayudarte a tomar decisiones sobre qué hacer y qué no hacer. Priorizar en los pensamientos y en el aspecto conductual.
  • Saber cuándo responder inmediatamente y cuándo pararse a pensar.
  • Saber cuándo y cómo expresar emociones, cuándo frenarlas y, sobre todo, cuándo distanciarse de una emoción.
  • Ser capaz de gestionar las emociones de otras personas.
  • Saber cómo usar emociones para desarrollar la empatía y relaciones sanas con otros.

Gestionar emociones no significa controlarlas. Controlar emociones implica intentos de dominar, suprimir o retener pensamientos, sentimientos y ciertos comportamientos. En cambio, cuando gestionamos emociones, ponemos énfasis en dirigir e influir en pensamientos, sentimientos y comportamientos.

 

Cuando intentas controlar una emoción -evitar, suprimir o negar una emoción (tuya o de otra persona)- bloqueas un importante mensaje que la emoción trata de transmitirte. Además, tratar de suprimir algún sentimiento requiere un gasto considerable de energía. El esfuerzo te dejará exhausto.

 

Por lo general, bloquear o suprimir ciertas emociones te aparta de otras y cuanto más te distancias de tus propios sentimientos más te distancias de otras personas -de sus emociones y necesidades.

 

En este punto, resultará más difícil desarrollar relaciones y comunicarte con efectividad. Las relaciones y la comunicación efectiva dependen en gran medida del entendimiento y contacto con tus emociones.

 

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