¿Qué es la salud mental?

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Muchas personas se preguntan a menudo qué es eso de la salud mental, en qué consisten los principales trastornos o problemas con los que trabajamos los psicólogos y si existe una gran diferencia entre las personas con problemas de salud mental y aquellas que no los tienen.

En realidad, pese a lo que pueda parecer, no existe una diferencia muy clara entre ambos grupos de personas, no hay una línea divisoria inequívoca que indique el final de la salud mental y el principio de la psicopatología.

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Es evidente que hay personas con graves problemas de salud mental: su deterioro es tan llamativo y tiene unas consecuencias tan claras en ellas y en sus entornos que en esos casos se observa claramente la ausencia de salud mental. La desconexión de la persona consigo misma y con el exterior es tan radical que la línea entre salud y enfermedad está bien delimitada.

Sin embargo, en circunstancias menos extremas podemos considerar que la salud mental -como la salud en general- no es una categoría binaria (la tengo no/no la tengo) sino que es más bien un continuo. En uno de los extremos estaría la salud mental óptima (que nunca es 100%, somos humanos, no robots) y en el otro la patología total. Examinemos esto con mayor detenimiento.

La salud mental como continuo

Resumidamente, esta se caracteriza porque la persona se siente bien consigo misma y más o menos satisfecha con su vida, tiene un nivel de madurez lo suficientemente avanzado como para mantener relaciones sanas, siente ilusión por la vida y apertura hacia el futuro, está razonablemente reconciliada con su pasado y conectada con su presente. Cuando la persona tiene un buen grado de salud mental posee recursos de diferente tipo para responder adecuadamente a sus diferentes responsabilidades.

En el otro extremo estaría la patología mental severa: como hemos mencionado anteriormente, en este punto existe una desconexión seria de uno mismo y de la realidad, hay sintomatología somática y cognitiva (pensamientos) que desgasta profundamente a la persona, las relaciones interpersonales son superficiales, tóxicas o inexistentes; hay aislamiento y ensimismamiento extremos, deterioro físico, incapacidad para integrarse en la realidad y manejarse de manera autónoma y responsable; a nivel afectivo y motivacional lo que hay es un fondo de infelicidad y apatía severas, cuando no conductas erráticas e inconexas. La ausencia grave de salud mental está asociada, sin duda, a un alto grado de sufrimiento a todos los niveles.

¿Y en medio de los dos extremos? En medio de los dos extremos del continuo de salud mental está la mayoría de la población, con una cierta oscilación a lo largo de ese recorrido según la hora del día, los días de la semana o la época del año o de la vida en que se encuentre.

Efectivamente, la salud mental o bienestar psicológico no es estable, aunque tenga una cierta línea base más o menos estable: tanto la estabilidad total como la oscilación muy pronunciada serían sospechosos signos de un bienestar psicológico que empieza a tambalearse. Por eso no siempre sentimos la misma ilusión por la vida, no siempre tenemos la autoestima igual de alta ni sentimos la misma esperanza hacia el futuro, por ejemplo.

¿Qué es una enfermedad mental?

No es fácil describir en pocas palabras en qué consiste la patología mental, aunque existen cientos de manuales que la explican y desarrollan profusamente. Además, con carácter general, los psicólogos clínicos tienen a su disposición el llamado DSM, que es un manual para el diagnóstico de enfermedades mentales: están agrupadas por categorías y ahí se especifican qué criterios deben cumplirse para determinar que una persona padece tal o cual trastorno mental.

Por eso, alguien puede pensar que tiene un trastorno obsesivo-compulsivo o algún tipo de esquizofrenia, por ejemplo, que lo que le ocurre es fruto de un duelo patológico o bien constituye claramente una depresión grave. Sin embargo, oficialmente, es un psicólogo profesional adecuadamente formado quien debe determinarlo en función de si cumple los criterios establecidos y aceptados por el conjunto de la profesión, o si en realidad no existe tal problema de salud o sí que existe, pero de una manera indeterminada y poco específica, lo cual impide catalogarlo en una etiqueta diagnóstica concreta.

Por otro lado, como indicábamos al principio, la población general suele pensar que la enfermedad mental está caracterizada por fenómenos muy extraños, ajenos a la experiencia y vivencias psicológicas de la población sana. En realidad esto no es así: si nos fijamos, gran parte de lo que ocurre durante una enfermedad mental severa o un episodio transitorio de falta de salud mental son fenómenos que todas las personas tienen en un cierto grado… pero llevados a un grado extremo.

Por ejemplo, la tristeza es una emoción natural, cumple una función adaptativa (útil para nuestra supervivencia) y todas las personas del mundo -con salud mental- la experimentan. Sin embargo, llevada al extremo, se convierte en la desesperanza y melancolía profundas que caracterizan a la depresión. Del mismo modo, una persona puede ser relativamente estridente, intensa o peculiar en su manera de comunicarse o manifestar lo que siente y no tener ningún problema, aunque eso mismo -llevado al extremo y acompañado de otros síntomas- podría hacer pensar en un trastorno de personalidad, por ejemplo de tipo histriónico.

Alguien puede, estar tranquilamente junto a otra persona y creer que esta le ha dicho algo, cuando en realidad el silencio no se ha roto en ningún momento. Se trata de una alucinación auditiva leve, puntual y sin la menor importancia. Este fenómeno, llevado al extremo, es el que encontramos en las personas con un cuadro psicótico que creen escuchar dentro o fuera de sí voces que les ordenan hacer cosas o que hablan sobre ellos.

A lo largo de un año, o de algunos meses, puedes atravesar periodos de mayor motivación y alegría, incluso de gran energía y proactividad y luego, poco a poco, desinflarte y sentirte más plano, incluso rondando tímidamente la tristeza o la fatiga. No es extraño. Nuestro estado de ánimo y nuestra autoestima fluctúan en su graduación: cuando existe salud mental no siempre están en el mismo punto. Esta fluctuación, sobre todo en función del grado y las consecuencias, es lo que ocurre de manera extrema en una persona que padece trastorno bipolar.

Y así podríamos continuar con múltiples ejemplos. Lo importante, al fin y al cabo, es conocernos y entendernos cada vez más, tener un grado más completo y profundo de conciencia de nosotros mismos y de lo que nos ocurre. Todas las personas estamos en camino de crecer y desenvolvernos en la vida de la mejor manera que sabemos en cada momento y, naturalmente, de vez en cuando nos ponemos enfermas -a veces gravemente- también en nuestras emociones, pensamientos y conductas, como sucede con nuestro cuerpo físico. Por eso, presta atención a las señales que te indican que tu salud está comprometida y acude a un especialista si sientes que necesitas ayuda para reponerte. Los psicólogos estamos aquí para ayudarte con eso, nuestro trabajo va sobre tu salud.

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