Hipocondría: cuando los síntomas se convierten en tu esclavitud

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Todos en algún momento hemos tenido alguna ligera preocupación por algunos síntomas que hayamos podido sufrir; aunque lo más probable es que lo hayas acallado tomándote un ibuprofeno. Sin embargo hay personas que no pueden cejar en su preocupación por sus síntomas, haciéndolos cada vez más grandes; es lo que en psicología llamamos hipocondría.

¿Cómo es una persona con hipocondría?

Lo que caracteriza a la persona con hipocondría no es tanto la preocupación por los síntomas, como el miedo a sufrir una enfermedad importante debido a una mala interpretación de sus síntomas.

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Estas preocupaciones pueden centrarse casi en cualquier función corporal: el pulso, el sudor, latidos del corazón, tos, pequeñas heridas… la lista puede ser prácticamente interminable.

Este miedo les hace acudir al médico de manera muy frecuente, insistiendo en que ellos padecen una grave enfermedad. El médico les somete a todo tipo de pruebas para descartar cualquier cosa; una vez descartado que se trate de alguna enfermedad, empiezan los conflictos. El paciente empieza a desconfiar primero de la profesionalidad del médico y, por último, de su buena fe, creyendo que lo único que quiere es “que le deje de molestar”.

Búsqueda fallida de soluciones

A partir de ahí empieza lo que se denomina el peregrinaje médico. Cambiarán constantemente de especialista esperando de alguno de ellos que dé con la la clave de su maldita enfermedad grave.

Por si esto fuera poco, en los últimos años ha surgido el aliado ideal para los hipocondriacos: internet. La red ofrece todo lo que una persona con hipocondría podría soñar, una lista interminable de síntomas, asociados a su vez, a otra lista interminable de enfermedades, cada una más grave, mortal y extraña que la anterior.

Pero es un arma de doble filo. Aunque sí es cierto que encuentran un espacio donde son comprendidos, a la larga les dan nuevos argumentos para perpetuar su hipocondría.

Pueden incluso llegar a sentir síntomas que nunca habían sentido, a creer en enfermedades que desconocían. Ahora las opciones se multiplican, pero con ello también la ansiedad, la depresión y el miedo.

Desarrollo de la hipocondría

La hipocondría puede empezar prácticamente a cualquier edad, aunque lo más frecuente es que empiece en los primeros años de vida. Por lo general se da de forma crónica, combinando periodos más agudos con otros de más reposo.

Uno de los mayores inconvenientes de este problema de salud es que, al ser crónico, poco a poco va invadiendo todas las esferas del paciente afectado. Las relaciones sociales se limitan por las preocupaciones que el paciente tiene sobre su enfermedad. A las relaciones familiares  les sucede lo mismo, ya que todo se centra en el bienestar del “enfermo”; y por último puede incluso afectar a su actividad laboral y conllevar la pérdida de su trabajo.

El haber sufrido enfermedades graves en la infancia o lo antecedentes en la familia de alguna enfermedad grave se suelen asociar a la aparición de la hipocondría.  

Después, una fuerte situación de estrés como la pérdida de una persona querida, suele precipitar la aparición de estos síntomas.

Y empieza de forma un tanto gradual. Al principio es una pequeña preocupación, que tras una satisfactoria consulta al médico se queda disipada. Sin embargo este alivio cada vez dura menos tiempo, y tienden a remitir con cada vez mayor frecuencia a visitar a su médico. Incluso se puede dar que vayan cambiando sus síntomas físicos, y si en principio creían que podían tener una enfermedad del sistema vascular, puede haber mutado ahora a un problema oncológico.

¿Cómo hacer frente a la hipocondría?

El abordaje que se ha demostrado más eficaz contra la hipocondría es el tratamiento psicológico por encima del biológico (medicación). Dentro de los diferentes enfoques psicológicos disponibles destaca la terapia cognitivo-conductual.

En el plano cognitivo la terapia se centra en dar un nuevo significado a los síntomas que sienten los pacientes. Terapeuta y paciente crean un contexto seguro en el que la persona puede evocar diferentes síntomas corporales y sentir su reflejo en el cuerpo. De esa manera va aprendiendo a diferenciar los síntomas somáticos (es decir, los que tienen un origen mental y no físico) de los síntomas derivados de una enfermedad física.

La segunda parte de la terapia, la más conductual, está destinada a reducir las conductas que hacen que se mantenga el problema, como las consultas en internet o las visitas constantes al médico.

Si necesitas más información sobre la hipocondría o su tratamiento no dejes de ponerte en contacto con un psicólogo o psicóloga. Hacer terapia puede ayudarte a manejar mejor este problema, tanto si la realizas de forma presencial como online.

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