Día Internacional de la Mujer sin Culpa

Por Silvia Lama Raposo
Publicado 08 de marzo de 2017

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Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y sin embargo, lejos de lo que pudiera parecer, este día no comenzó como una celebración, uno de los motivos es conmemorar la muerte de 146 trabajadoras en una fábrica textil en Nueva York en marzo de 1911, consecuencia de las malas condiciones laborales y la desprotección del colectivo.

Hoy, en pleno siglo XXI nos encontramos con que este día pretende visibilizar la labor que realizan todas las mujeres del mundo (dentro y fuera de casa). Sin embargo, en la era actual no deberíamos homenajear a la mujer, sino a la supermujer. ¿Sabéis por qué?

La respuesta puede levantar ampollas, pero la realidad es que las exigencias a las que se ve sometida la mujer son excesivas, o mejor dicho: agotadoras. En una sociedad de por sí exigente, de repente hay una demanda extra en la vida de la mujer, porque tiene que hacerlo todo, y todo bien.

Tiene que ser trabajadora de éxito, mejor madre, buena pareja y apasionada amante. Dedicada cuidadora de su hogar y su familia, sin desatender su figura y su rostro, para que no se le señale con el dedo.

Haga lo que haga, su actitud y sus decisiones siempre están en el punto de mira, todo el mundo opina sobre lo que debería hacer una mujer: qué es correcto y qué no, por su condición de mujer. Qué debe hacer con su cuerpo, con su vida profesional, con la posibilidad de ser madre, qué decisiones debe tomar si decide dar este paso… ¿Y sabéis cuál es la consecuencia de todo esto?

Culpa.

La carga más pesada es la culpa que sientes, y por eso tratas de complacer, de llegar a todo y a todos. Porque además te convencen de que eso es lo que debes demostrar.

Sí, culpa.

Si decides dedicarte a tu carrera profesional en vez de crear una familia.

Si prefieres atender a tu familia en lugar de construir una profesión.

Si tu figura se desvirtúa antes, y sobre todo, después de ser madre.

Si te maquillas mal; si no lo haces, también.

Si te vistes sexy mal; si no lo haces, también.

Culpable por ser, culpable por dejar de ser.

¿En qué quedamos?

Hagas lo que hagas, siempre hay un crítica detrás asociada a la idea de ser mujer.
Se cuestiona tu decisión, en casa, en el trabajo, en la vida.

El momento en el que la mujer se incorpora a la vida laboral consecuencia de la situación socio-política, no genera un reparto de las tareas entre hombres y mujeres, sino que tiene lugar una sobrecarga de trabajo en la vida de la mujer.

De repente sus tareas se duplican puesto que ya no tiene que encargarse sólo de construir una carrera profesional, sino que en la mayoría de los hogares acaban siendo las mayores responsables de las tareas domésticas y, sobre todo, de las labores de cuidado (atención de hijos, abuelos…). Si bien es cierto que esto va cambiando, las brechas que dejan ver las estadísticas son todavía alarmantes.

Lo que debería haberse convertido en una liberación, ahora es una sobreexplotación.
P
or eso, entre otros motivos, no hay igualdad.

Quizá todos los esfuerzos no deben destinarse a decidir si se es menos feminista por depilarse, o si se es menos femenina por no hacerlo. Tal vez se trata de cuestionar por qué los titulares de periódicos hablan sobre la apariencia o estado sentimental de una profesional, y no sobre el trabajo que hay detrás.

Se trata de cuestionar por qué se minimiza el machismo, llamando micromachismo a lo que es machista a secas. Se trata de dejar de decirle a una mujer que el hombre «ayuda» en las labores domésticas o de cuidado, cuando son responsabilidades compartidas. Se trata de cuestionar por qué tantas mujeres víctimas de violencia de género.

El verdadero empoderamiento y liberación de la mujer llegará cuando una mujer pueda decidir qué quiere hacer con su vida porque sí, sin que nadie lo cuestione en base a su sexo, sin explicaciones extra, sin justificarse.

La verdadera igualdad se dará cuando podamos ver más allá del sexismo, que afecta a unos y a otros, porque detrás del sexo o género hay personas cuyas diferencias hay que respetar.

Como profesionales de la Psicología y desde ifeel, nos gustaría acercar una mano a todas aquellas personas que se estén viendo afectadas por este tipo de situaciones, y en un día como hoy, a las mujeres en particular. Queremos validar vuestro derecho a decidir, sin cuestionamientos, deciros que aquí tenéis un hombro en el que apoyaros durante este proceso. No estás sola, somos muchas.


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