6 hábitos para mantener tu mente en forma

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 25 de julio de 2018

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Parece que por hacer muchas cosas cada día, incluso más de las que podemos o debemos asumir, la vorágine diaria ya mantiene en forma nuestra mente. En realidad, muchas veces lo que sucede es que confundimos hiperactivación y agotamiento con tener una mente tonificada y bien ejercitada.

 

Por eso, a continuación te proponemos 6 hábitos sencillos para mantener tu mente sana, mantener tu mente sana, correctamente activada y lista para la afrontar los retos del día a día sin alterar en gran medida tu organización cotidiana. Prueba a ponerlos en práctica poco a poco, están al alcance de cualquiera y, con constancia y perseverancia, tendrán un impacto positivo en tu salud.

 

Practica algún tipo de actividad intelectual. Todos sabemos lo agotadora que resulta nuestra vida cotidiana y cómo, al llegar a casa cada tarde (o cada noche), nuestro aliado indispensable es el mando a distancia. En ocasiones, ver la televisión, sobre todo algún programa ligero que simplemente nos entretenga, es una buena manera de liberar presión intelectual en nuestra ya de por sí ajetreada cabeza.

 

No obstante, es importante que incluyas entre tus hábitos alguna actividad que te estimule a un nivel un poco más profundo que el del puro entretenimiento. Leer es el ejemplo paradigmático de las actividades que exigen un cierto esfuerzo cognitivo en comparación con ver la televisión, que suele resultar más llevadero ya que prácticamente no exige imaginación.

 

Tranquila, para estimular tu mente no tienes por qué pelearte con un un libro sesudo que te aburra o que no entiendas, puede ser uno divertido que te acompañe un ratito cada día en el metro de camino al trabajo. Por otro lado, hacer pasatiempos aunque no estés en la tumbona de la playa puede ser otra opción, los hay más o menos elaborados y pueden ir desde desde una sopa de letras para niños hasta un sudoku gigante.

Siempre tienes la opción de visitar exposiciones, planificar y ejecutar una actividad que no hayas realizado nunca o ver documentales o películas sobre temas que te interesen si es que no te resistes al influjo de la televisión.

 

¿Cuánto hace que no vas al teatro o a cualquier otro tipo de espectáculo? ¿No te parece que ya va siendo hora de hacerlo? Además de muy gratificante, es una buena manera de mantenerse activa más allá de pulsar pasivamente el mando a distancia cuando te aburres o cuando llegas a casa absolutamente entumecida.

 

Medita. Ya lo hemos hablado varias veces en este chat. Ejercitar tu capacidad para atender conscientemente a tu realidad interior y exterior es un hábito que, más allá de sus efectos placenteros, tiene un impacto positivo en tu actividad cerebral y va puliendo poco a poco, gracias a una práctica continuada, algunas facetas de tu talante y tu personalidad.

Recuerda que la práctica de mindfulness influye en el enfoque que utilizas para juzgar y valorar los acontecimientos de tu vida cotidiana, serena la jungla de tus pensamientos y aumenta tu amabilidad, mejorando tus interacciones diarias y tus relaciones. También te ayuda en tu rendimiento, ya que aumenta la lucidez y te permite procesar mejor la información que recibes. Sí, meditar no es solo sentarse en silencio durante unos minutos a ver qué pasa: conectar contigo practicando la atención plena también te permite tonificar tu mente.

 

Entrena tu creatividad. Tejer, cambiar algunos muebles de sitio, fabricar un regalo para alguien con tus propias manos, colorear mandalas (que a su vez te puede servir para meditar), cocinar al nuevo (sencillito, si eres principiante)… son actividades que pueden ayudarte a mantenerte en forma mentalmente.

 

No externalices todo. A veces hábitos tan simples como ocuparte tú misma de hacer la compra y alimentarte de cosas que vayan más allá de un simple bocadillo exigen practicar capacidades de planificación y ejecución que son mucho más sofisticadas de lo que parece.

 

Piensa en nuevos proyectos: un museo que te apetezca visitar, un viaje que tengas en mente -o una escapadita, que también puede dar mucho de sí-, un curso que te apetezca hacer… Márcate retos asumibles pero lo suficientemente complejos como para que “te piques”. Una vez que los tengas en mente, ponte con ellos. Insistimos, haz algo que no haya hecho nunca, aunque sea pasear por un barrio desconocido de tu ciudad (probablemente no vuelvas nunca si no encuentras nada interesante en él, pero puede llegar a suponer un cambio significativo si lo encuentras y, en cualquier caso, ese día tus neuronas te agradecerán la dosis de novedad). Transitar lo desconocido, incluso literalmente, también es ser creativa.

 

Mantén tu casa limpia y ordenada: muebles, papeles, ropa, cacharros. No, no se trata de obsesionarse con la más mínima pelusa que corra por tu pasillo, ni de revivir pesadillas de adolescente cuando uno de los pecados mortales que podías cometer era tener tu cama deshecha y tus bártulos caóticamente distribuidos por todos los rincones de tu habitación.

 

Se trata de algo más sutil. El orden de nuestro mundo exterior, es decir, del espacio que ocupamos y habitamos, a menudo es un fiel reflejo del orden de nuestro mundo interno. De acuerdo, todos sabemos que nuestro desorden es una especie de organización paradójica de las cosas en la cual todo tiene asignado su sitio, un sitio que, milagrosamente, tú misma conoces de sobra… hasta que necesitas una hora para encontrar esa camiseta que se resiste a ser encontrada o comprobar si hay algún sobre en el que puedas enviar ese documento urgentemente sin perder más tiempo.

Admitámoslo: si la distribución de los objetos tiene un sentido y un orden el impacto en tu mente -y en tu estado de ánimo- es mucho más positivo que si la sensación que percibes a tu alrededor es de suciedad, desidia o caos. Por eso, desde la nevera a tu escritorio, desde la cama hasta el sofá, mantener un nivel aceptable de orden y limpieza te ayudará a encontrarte mejor, ser más eficiente… y a encontrar más rápidamente todo lo que busques en esos espacios.

 

Ten una vida social activa. Es un viejo axioma de la psicología: el ser humano es el estímulo más complejo que existe… sobre todo para otro ser humano. Eso tiene múltiples aplicaciones y una de ellas tiene que ver con la salud. Sí, como lo oyes, la salud mental puede medirse, entre otras cosas, en función de la salud de nuestras relaciones de amistad, de familia, de pareja u otras.

 

Un ratito de soledad está muy bien y, de hecho, es importante que sepas pasar tiempo contigo misma sin buscar ansiosamente la compañía de otros. No obstante, recuerda -sobre todo si eres una persona que tiende a aislarse o retraerse sobre sí misma- que es la interacción humana una de las cosas que mantiene engrasada la compleja maquinaria de nuestro cerebro.

 

Por otro lado, no hay duda de que comunicarte con tu mascota y disfrutar del tiempo que pasáis juntos es estupendo… pero no pierdas la perspectiva. Habla con personas, resérvales tiempo y queda con ellas, comparte actividades -a ser posible agradables- con tus semejantes. El silencio reflexivo es maravilloso, pero los seres humanos estamos diseñados para conversar, encontrarnos y ayudarnos mutuamente. El contacto social continuado y gratificante es un hábito realmente saludable. Cuando tratas con otras personas te abres a la posibilidad de enterarte de cosas nuevas, divertirte, recibir ayuda, conocer nuevos lugares. El contacto interpersonal, en cualquiera de sus formas, es uno de los métodos más sencillos y naturales para estimular nuestra mente.

Haz deporte. El deporte, además de entrenerte, agotarte, modificar tu cuerpo por fuera y facilitarte la interacción humana si lo realizas junto a otras personas, también modifica tu cuerpo por dentro. Y no, no hablamos solo de tu capacidad cardiorrespiratoria o del vigor de tus fibras musculares, sino de los efectos que tienen sobre tu cerebro esos kilómetros sobre la cinta o la paliza que te metes cada semana en la máquina de remo.

 

Recuerda que el ejercicio físico, sobre todo si es intenso, provoca la secreción de una serie de sustancias químicas que actúan como neurotransmisores, es decir, activan la transmisión de información de unas neuronas a otras. Es cierto que, técnicamente, el cerebro no es ningún músculo que se entrene como quien aumenta el tamaño de sus bíceps haciendo pesas, pero es un órgano que también puedes ejercitar y mantener en forma a través del ejercicio físico adecuado y controlado.  

 

Estas son solo 6 ideas que pueden ayudarte a poner y mantener tu mente en forma. Te animamos a que las practiques y a que, si no son adecuadas para ti, encuentres otras que te ayuden a desperezarte por dentro. Tu salud lo notará y eso, como decía aquel anuncio de la televisión, se notará por fuera.


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