¿Qué le pasa a Antonio Banderas? Dolor y gloria explicado desde la psicología

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 02 de abril de 2019

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Hace unas semanas se estrenó Dolor y gloria, la nueva y muy esperada película de Pedro Almodóvar. Como aquí no escribimos sobre crítica de cine (¿te imaginas?), no vamos a juzgar si la película es buena, mala o regular. Lo suyo será que le eches un vistazo para formarte tu propia opinión al respecto.

Este es un blog sobre psicología y, precisamente por eso, la nueva del director manchego nos encaja perfectamente. Como suele suceder con las películas de Almodóvar, Dolor y gloria es un festín para los psicólogos.

Mucho dolor… y poca gloria

Salvador Mallo, el director de cine interpretado por Antonio Banderas, tiene que afrontar una crisis vital. No es la primera de su vida, según averigua el espectador conforme avanza la película.

Él es un hombre acostumbrado a definirse a través de su trabajo. Ahora provoca en su entorno una incómoda sensación de desubicación y expectativa ante su deseada recuperación. Todos están impacientes por sacarlo de su parálisis creativa. Una parálisis que todos, quizá también él, interpretan como una completa parálisis vital.

Como decíamos, no es la primera crisis gorda de su vida pero esta le pilla más torpe de reflejos que otras veces. Además, su perspectiva pasada es mucho más dilatada que la perspectiva que tiene por delante y eso hay gente a la que le amarga en lugar de inspirarla.

Mallo asiste al momento de su otoño como persona y como creador. Un momento que, a falta de ser resuelto, pide ser afrontado con los recursos que tiene a su alcance, más o menos funcionales.

Cuando te acostumbras al dolor

Si eres aficionado al cine de Almodóvar recordarás a Huma Rojo, una de las protagonistas de Todo sobre mi madre. En esa cinta Huma pronuncia una sentencia demoledora sobre sí misma: “Humo es todo lo que ha habido en mi vida”. También ha tenido éxito, le responde su interlocutora. “El éxito no tiene sabor, ni olor. Y cuando te acostumbras es como si no existiera”.

Salvador Mallo nos recuerda a la humareda biográfica de aquel personaje. Ha tenido mucha gloria, pero nosotros le conocemos cuando la gloria ya no le sabe a nada, ya no le huele a nada. Cuando, acostumbrado a ella, es como si ya no existiera para él.

Lo que siente ahora es, básicamente, dolor. Dolor, podría decir Salvador Mallo interpretado por Antonio Banderas, es todo lo que ha habido en mi vida.

Dolor físico y emocional

Salvador Mallo nos narra con la voz de Antonio Banderas el importante papel que el dolor, tanto físico como emocional ha tenido a lo largo de su vida. Ambos dejan cicatrices, como si sus sensaciones siguieran palpitando bajo la piel aunque haya transcurrido mucho tiempo desde el desgarro.

A los achaques insoportables se les une el dolor emocional, la depresión, el abatimiento. Todo esto en el marco de un enemigo implacable: el insomnio. La culpa, el miedo, el desamparo recorren su espalda con el mismo filo de un bisturí. Salvador Mallo vive parapetado en una jaula con forma de dolor.

La historia de Dolor y Gloria es, entre otras, la historia de cómo este hombre se enfrenta a las pérdidas significativas de su vida, una serie de duelos importantes a los que tiene que enfrentarse atrapado en un cuerpo que no lo acompaña.

Lo vemos instalado en la potente oscilación que caracteriza cualquier duelo normal. Por un lado, necesita desconectarse furiosamente de la realidad de sus pérdidas, anestesiándose por todos los medios. Por otro lado, se permite a sí mismo conectar con esa misma realidad y tratar de resolver las tareas que le quedan pendientes, ya sea con su madre o con una antigua pareja: asuntos inconclusos, perdón-reconciliación, expresión del amor y la gratitud.

Cualquier proceso de duelo importante lleva su tiempo y Salvador Mallo lo sabe mejor que nadie.

Para transitarlo lo vemos revisitar lugares simbólicos de sus relaciones desde el punto de vista de la actualidad. No caminando en círculos de manera improductiva, sino regresando para cavar más hondo en cada visita, como sucede con los duelos normales

Mirado con ojos de psicólogo, Mallo hace un repaso de su vida tirando de su estilo de afrontamiento. Dicho estilo está muy caracterizado por lo narrativo: él es un escritor, un director de cine que perdió a una pareja importante, que perdió a su madre tan presente, que ha ido perdiendo la salud con el paso de los años. Antonio Banderas interpretando a Salvador Mallo se entiende a sí mismo desde la comunicación quejumbrosa con su cuerpo dolorido. También narrándose a sí mismo en la búsqueda de nuevos significados que vuelvan a inspirarle. Mallo intenta reconstruir desde el interior de su jaula un autoconcepto que chilla con desesperación.

Estrategias de afrontamiento

Toda crisis vital, repentina o cronificada en el tiempo, requiere que nuestro organismo ponga en marcha su estilo de afrontamiento. Este estilo, forjado desde que somos muy pequeños -incluso bebés- se concreta en un repertorio de estrategias que ponemos en marcha para hacer frente a los diversos problemas que van apareciendo a lo largo de nuestras biografías.

Como ya te hemos explicado en otros artículos de este blog, las estrategias de afrontamiento de un ser humano pueden dividirse básicamente en cuatro tipos: cognitivas, emocionales, somáticas y conductuales. Lo has adivinado: al final todo se reduce a lo que piensas, lo que sientes, lo que se te remueve en el cuerpo y las cosas que haces.

Salvador Mallo tiene entre manos una crisis de las gordas así que, como no podía ser de otra manera, tiene que tirar de las herramientas que tiene a mano (o sea, estrategias de afrontamiento) para sobrevivir. Nota mental: sobrevivir es el ejercicio heroico que nos permite llegar con vida hasta la siguiente gran supercrisis de nuestra vida. Visto así no es poca cosa, ¿verdad?

Repertorio de estrategias

La distinción entre estrategias de afrontamiento mentales, emocionales, somáticas y conductuales la hacemos solo con un objetivo didáctico. En realidad, en una persona ocurren de manera mezclada y todas a la vez, no van por separado, aunque unas destaquen sobre otras.

En Salvador Mallo vemos claramente estrategias de afrontamiento conductuales. Algunas de ellas, por ejemplo el uso que hace de su abundante medicación así como de las drogas, tienen claramente una función de desconexión. Son potentes anestésicos y somníferos que le ayudan a evadirse de su dolor. Y sí, aunque no parezca un método muy respetable, fumar heroína es una manera de afrontar la vida, otra cosa es que su coste compense o no a la persona.

Otras estrategias de afrontamiento conductuales de este personaje serían, por ejemplo, cuidar de su salud acudiendo al médico y sometiéndose a pruebas y tratamientos de diverso tipo con la expectativa de encontrarse mejor. Por otro lado, dar rienda suelta a su creatividad a través de la escritura o la filmación de películas sería una estrategia conductual con un importante componente cognitivo también.

Recordar es afrontar, revisitando los lugares importantes de nuestra historia. Aunque habría que indagar en ello con mayor detenimiento, la función de escribir, de plasmar en diferentes formatos su mundo interior, tendría en Mallo una función sobre todo de conexión, de tolerar su dolor y mirarlo de frente, sin huidas, sin anestesias.

Recuerda: el duelo normal es como un péndulo en el que tan importante es conectar con la realidad de la pérdida como desconectar de ella.

Apuntes sobre el dolor

En resumen, si yo fuera el terapeuta de Salvador Mallo sucederían dos cosas. La primera es que tendría a Antonio Banderas sentado delante de mí, lo cual no deja de tener su interés. La segunda es que anotaría las siguientes cosas en mi cuaderno en cuanto se cerrara la puerta tras la primera sesión y las releería varias veces antes de la segunda:

  1. Explorar con Salvador la función y el coste de sus estrategias de afrontamiento. Ayudarle a tomar conciencia de lo que ocurre, qué le aporta y qué le quita.
  2. Ojo a los factores de riesgo: aislamiento, adicción en proceso a drogas potentes, graves problemas de salud asociados, fondo depresivo, fácil acceso a medicación abundante. Nota: explorar riesgo suicida no estará de más.
  3. Potenciar los factores protectores, por ejemplo su creatividad y su apoyo social. Aunque escaso, hay que tirar de él. Nota: tener en cuenta las características personales que me llegan de él y que tendré que confirmar según nos vayamos conociendo. Por ejemplo, fragilidad y vulnerabilidad por un lado, ímpetu por salir adelante por otro. Ver cómo vive la dualidad entre haber cuidado a sus seres queridos ausentes en el pasado y ser cuidado por otros en la actualidad. Potenciar su búsqueda personal, el hecho de no haberse rendido. Hacerle consciente de su manera de funcionar basada en lo narrativo con una finalidad pragmática: “Si no lo voy a rodar no quiero escribirlo, y ahora no estoy en condiciones de rodar, no puedo afrontar un rodaje en estas condiciones”.

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