Insomnio: cómo detectarlo y hacerle frente

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¿Tienes dificultades para conciliar el sueño? No pasa nada, el insomnio también es un problema común en nuestra sociedad y representa un gran desafío clínico siendo una de las quejas más frecuentes que la población presenta a los profesionales sanitarios. De hecho, uno de los últimos estudios sobre epidemiología del insomnio en España informa de que el 30% de la población general española presenta, al menos, algunas de las manifestaciones propias del insomnio y se estima que cada año se emplean miles de millones de euros para intentar tratarlo. Las consecuencias del insomnio son bastante variadas e incluyen, obviamente, sufrimiento para la persona que lo padece y enormes costes sociales.

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¿Qué es el insomnio?

La palabra «insomnio» viene del latín insomnium y significa «falta de sueño a la hora de dormir». El término se usa de muchas maneras en nuestro lenguaje cotidiano, así como en la literatura médica y científica, pero siempre con una connotación negativa. Aunque la mayoría de la gente está de acuerdo con el significado general de la palabra, este resulta ambiguo al no especificar un patrón particular de dificultad para dormir o problema subyacente que sea su punto de origen. Cuando alguien dice «padezco insomnio» se refiere fundamentalmente a dos cosas: «No puedo dormir «y «Estoy sufriendo».

Hay muchas variaciones en las quejas relacionadas con el insomnio:

  • Me lleva demasiado tiempo dormirme por la noche.
  • Sigo despertándome durante toda la noche; parece que cada hora.
  • Ya no tengo sueño profundo, estoy en estado de duermevela.
  • No he dormido en meses.
  • Siempre me levanto demasiado temprano y no puedo volver a dormir.
  • Mi mente, simplemente, no se apaga por la noche.
  • Siempre tengo que arrastrarme fuera de la cama por la mañana porque mi sueño nocturno no es reparador.
  • Estoy cansado todo el día.
  • No puedo concentrarme durante el día por la falta de sueño.

Los primeros seis elementos son quejas específicas de dificultad para iniciar y/o mantener el sueño. Los tres últimos apartados hacen referencia, en cambio, a distintos síntomas diurnos que, generalmente, son el resultado del insomnio de la noche anterior.

Las quejas diurnas van desde cansancio, somnolencia e inadvertencia de los episodios de sueño hasta una sensación de excitación excesiva y una completa incapacidad para dormir la siesta a pesar del cansancio. Como puedes observar, los síntomas y las causas son variados y es por esto que resulta imprescindible un informe subjetivo de la experiencia personal.

Todos podemos padecer un “insomnio situacional transitorio” (cuando dura menos de seis meses) causado por acontecimientos vitales estresantes: malos hábitos de sueño, uso y abuso de sustancias, cambio de zona horaria, jet lag, etc… y que desaparece cuando se gestionan o se eliminan esos estresores. También podemos sufrirlo como consecuencia de enfermedades metabólicas y hormonales (por ejemplo, problemas con la tiroides, cefaleas, etc.) o trastornos mentales (esquizofrenia, depresión, etc.).

El desarrollo del insomnio crónico (cuando el problema dura más de seis meses) es un proceso más complejo que tiene que ver con factores que predisponen, precipitan y perpetúan la evolución a largo plazo del insomnio. Para su evaluación será necesario analizar e identificar ciertas circunstancias biológicas y ambientales del paciente. Hay que tener en cuenta que, en ocasiones, el insomnio es una respuesta normal al contexto vital del individuo (trabajo estresante, una relación de pareja tóxica…).

Algunas personas, tal vez en virtud de sus rasgos psicofisiológicos (mayor reactividad, pensamiento negativo, preocupación persistente, etc…) son más propensas a dormir menos y peor que otras. No obstante, no es tan importante cuántas horas duermes sino cómo de recuperado despiertas. Hay personas que con cinco horas de sueño despiertan recuperadas y otras que necesitan ocho. Esto, además, varía con la edad. De hecho, hay una tendencia a dormir menos horas conforme envejecemos.

Qué no hacer frente al insomnio

Las reacciones desadaptativas, como el aumento del tiempo en la cama despierto, el ansia de intentar dormir o las preocupaciones poco realistas y distorsionadas sobre las consecuencias diurnas de la alteración del sueño reducen la posibilidad de quedarse dormido. Esto aumenta la aprensión, dando como resultado el condicionamiento de la cama: la persona asocia la cama con la experiencia negativa de estar despierta y no poder dormir. Estos factores perpetuadores, aunque centrales en la evolución del insomnio primario, pueden complicar el problema y ayudar a su cronificación.

Lo que sí podemos hacer

Algunas influencias excitantes que favorecen el insomnio se pueden abordar con relativa facilidad. Por ejemplo, evitar la siesta, la cafeína, el alcohol, etc. son hábitos que pueden ayudar a la persona que padece este problema. Los horarios de trabajo adversos, el dolor crónico y la angustia debida a problemas sentimentales y/o financieros son menos fáciles de tratar.

Sin embargo, la elaboración de todas estas posibles influencias negativas sobre el sueño ayudará a abordar todos los posibles motivos según el caso. Por lo general, fijar un horario, llevar una buena alimentación, hacer ejercicio físico que no sea extenuante y dormir en una habitación silenciosa, fresca y oscura son las mejores prescripciones para cuidar la higiene del sueño.

Sea cual sea tu caso, el insomnio nunca se debe trivializar. Es posible superarlo y dejar de sufrir. No dudes en contactar con los profesionales de la salud para que puedan ayudarte.

 

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