Por qué nos cuesta pasar de fase

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Pasar página a veces cuesta lo suyo. Pues no digamos pasar de fase, ahora que nos hemos instalado en el reino del peligro, de la condicionalidad y de la contradicción. La salud manda, la economía también. La salud manda, la libertad también. La salud manda, el disfrute de una vida llena de posibilidades también. ¿Lucha de titanes? Probablemente, pero son titanes que están condenados a entenderse en lugar de pelearse si quieren sobrevivir más allá de lo inmediato. 

Parece que cuanto mejor van las cosas más protestan algunos, quizá sea una paradoja inherente al ser humano. En cualquier caso, ahora que (por fortuna) toca volver a replantearse los hábitos y las actividades, tenemos por delante el reto de pasar de la queja y la nostalgia a la toma de decisiones sobre cómo queremos participar de la llamada desescalada. 

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Y aquí cobran protagonismo nuestras dudas, vacilaciones y paradojas, fruto de unas perspectivas externas no menos dudosas, vacilantes o paradójicas. 

Si la alternativa no es mejor que lo que tengo entonces me quedo con lo que tengo

Es evidente que estar confinado no ha sido siempre agradable. Sin embargo, si lo que me esperaba al salir solo podía ser un paseo de un ratito, con distancia, con mascarilla y a una hora determinada… es normal que no me haya motivado la idea. Es decir, es normal que salir no resulte más atractivo que seguir quedándome en casa, que es la costumbre en la que ya he logrado encontrar mi propia comodidad

¿Cómo es posible? Por algo tan sencillo como que si la alternativa no es mejor que lo que tengo entonces me quedo con lo que tengo. Quiero pasear pero, mientras no pueda pasear como antes, prefiero hacerlo poco o no hacerlo. La vida explicada como un paseo

Y esto de salir a la calle para algo que no sea hacer la compra en el supermercado más cercano no es lo único que tiene que reformularse. A veces me cansa trabajar en casa y añoro lo entretenido que era estar en la oficina con mis compañeros, estarán pensando muchos. Pero si regresar supone más incomodidades de las que me quita, entonces prefiero seguir trabajando en casa. Entre soledad y mascarillas, gasto en tiempo y transporte, interacciones forzadas y quién sabe si riesgo para la salud mucha gente vuelca sus ojitos hacia la silenciosa, quizá aburrida pero cómoda soledad del hogar como puesto de trabajo. 

Qué decir también de cómo hemos interactuado estos meses con amigos, familias y parejas, fuertemente mediatizados por nuestros medios de teletrabajo. Te echo de menos y disfruto hablando contigo -habrán sentido muchas personas- pero las condiciones en las que tengo que trabajar actualmente me obligan a estar muchas horas al día pegado a un ordenador y haciendo varias videollamadas cada día. Así que lo siento: no voy a hacer una videollamada contigo, si quieres hablamos por teléfono normal, como antiguamente, o nos conformamos con unos cuantos whatsapps de mantenimiento, que también están muy bien. No confundamos las obligaciones de la cuarentena. 

Así pues, a pesar de la fruición con la que nos vamos entregando a las avenidas, las terrazas y las tiendas sin cita previa nos está costando pasar de fase porque el cerebro humano no se reprograma sincrónicamente al ritmo de la desescalada oficial. 

Nos cuesta pasar de fase porque las expectativas no siempre se corresponden con la realidad. Cuanto mayor es el desajuste entre unas y otra, mayor la sorpresa agradable o bien mayor la decepción, que es la hermana gemela de la frustración. 

Porque lo que la vida me puede ofrecer ahora mismo más allá de los muros de mi casa no siempre es muchísimo mejor que lo que tengo más acá de esos mismos muros. 

Porque lo que no me gustaba antes del inicio de la emergencia sanitaria no tiene por qué empezar a gustarme solo porque lleve unos meses sin haber podido hacerlo. 

Porque cambiar de hábitos cuesta. Igual que me costó empezar a quedarme en casa también tengo que acostumbrarme a poder salir. 

La salud manda, el disfrute de una vida llena de posibilidades también. ¿Lucha de titanes?

Porque salir a la calle a pasear junto a cientos de personas cuando todos sabemos que no deberíamos estar tan cerca unos de otros y que, no nos engañemos, podríamos ahorrárnoslo en una gran parte de casos, me hace sospechar que pueda estar infectándome o infectando a otros. 

En cualquier caso, y como siempre decimos, ten claras tus prioridades y sigue tu propio ritmo de desconfinamiento siempre que tus obligaciones y responsabilidades lo permitan. Por supuesto también teniendo en cuenta no solo tu ritmo, sino tu salud y la de quienes están a tu alrededor. Te llevó tu tiempo encontrar tu propio sitio dentro de las cuatro paredes de tu casa, no pretendas encontrar tu sitio en la nueva normalidad solo porque la fase en la que estabas ayer hoy ha cambiado de número.

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