Operación bikini interior: prepárate para brillar

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 13 de junio de 2019

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Llevas semanas, meses, entregada a una estrecha operación de vigilancia de tu cuerpo. ¿La meta? Ponerlo a punto para la gran exhibición veraniega en playas y piscinas. Sin embargo, no estás reparando en que tu cuerpo brilla mucho más cuando también te pones a punto por dentro.

Una operación bikini es una estrategia para lograr un objetivo. Ese objetivo se resume en tres palabras: prepararse para brillar. No hay más. Puedes llamarlo hacer dieta, ponerse guapa, probar nuevos posados sobre la arena o como tú quieras pero una cosa está clara: cualquier operación bikini es un método más o menos estructurado de autocuidado para encajar mejor en las exigencias del verano.

La limitación que tiene este modelo es que las exigencias del verano suelen limitarse a que no te sobren kilos para que tu estampa en traje de baño sea lo más atractiva posible… y poco más.

Es legítimo que en estas fechas fíes tu bienestar solo a tu capacidad de adelgazamiento y tonificación para que tus venerables rodetes no desluzcan dentro del bañador nuevo pero, ¿por qué no tener un poco más de ambición?

En este caso el objetivo será trabajar en tu bienestar más allá de la estética. Es decir, no se trata (solo) de adelgazar sino de prestarse atención también por dentro. No (solo) para gustar a otros sino para gustarse, en primer lugar, a uno mismo. De acuerdo, recibir valoraciones positivas del exterior aumenta nuestra satisfacción y no hay nada de malo en ello, al contrario, es muy natural, ¡nos encanta gustar! Simplemente ten en cuenta que hay áreas de nuestra vida que podemos embellecer más allá de lo que se ve por fuera.

Fitness psicológico

¿Te imaginas que pudiera haber un programa de aerobic psicológico que te pusiera en forma como quien se apunta a un gimnasio en mayo para llegar a tiempo a la pasarela de agosto?

Consejos de autocuidado podemos darte muchos pero es importante que tú seas capaz de diseñar tu propio programa de fitness interior. Sin pánico: si no sabes hacerlo por tu cuenta recuerda que los psicólogos estamos aquí para darte un montón de buenas ideas adaptadas específicamente a ti, ¡es parte de nuestro trabajo!

Para ir abriendo boca, lo primero es tener claro que ponerte en forma por dentro quiere decir tener una mirada más aguda, más centrada en lo que hay y no en lo que imaginas, no enganchada a cosas sin importancia, con capacidad para saborear los buenos momentos, por pocos o cortos que sean, en lugar de quedarse encasquillada en la queja. En el mundo del mindfulness a esto lo llamamos ecuanimidad.

El adelgazamiento del cuerpo está bien siempre que haga falta, pero adelgazar las preocupaciones innecesarias, los cabreos excesivos, las pérdidas de tiempo o las envidias insanas también va a mejorar mucho tu salud a todos los niveles. Recuerda que la salud no trata solo de no tener enfermedades mentales o físicas, sino también de encontrarse bien, con un razonable nivel de ilusión, ánimo o tranquilidad. Vamos, de estar cómoda en la piel que habitas, que diría Almodóvar.

Step de la autoestima, spinning de la felicidad

Esta comodidad está relacionada con tu autoestima, esa parte de nuestra identidad que fluye y cambia y que no podemos dejar nunca de tonificar, porque es donde tenemos que colocar el gran bikini de nuestra vida.

Si te preguntas cómo mejorar tu autoestima procura no centrarte en decirte lo guapa que eres cuando te mires al espejo: no va a servir de nada. En cambio, prueba a recordar que la belleza de los brazos, de los glúteos, de las piernas y de la cara tiene más de una forma, aunque en la televisión solo salga una. Eso no quiere decir conformarse con lo que hay sino aceptarlo: apreciarlo con una mirada razonablemente ajustada a la realidad, mejorarlo dentro de unos límites realistas y juzgarlo con benevolencia.

Desconfía de todo aquello que te suene a “consejos para ser feliz”, no hay nadie que pueda decirte cómo lograr algo tan discutible y mucho menos alguien que no te conoce. No obstante, intenta conectar con lo que para ti es importante, eso que los psicólogos llamamos valores. Pon en primer plano tus gustos, localiza lo que te hace sentir que aquello en lo que inviertes tu energía merece la pena y, sobre todo, ¡sobre todo! ponte manos a la obra en esa dirección.

El bienestar psicológico está en el camino de imaginar pero también en el placer de concretarlo en hechos. No sabemos si eso te va a dar “la felicidad” pero sí hará que percibas tu vida como más auténtica. Nuestra experiencia profesional siempre nos lo confirma: sentirse auténtica también da mucho gustito.

Toma conciencia de los logros que has tenido en tu vida y de esas pequeñas batallas cotidianas que vas ganando cada día. Ser feliz no es morir de amor, sino conocer tus fortalezas, sentir que vives en coherencia con tus opiniones y experimentar el aprecio de la gente a la que quieres y respetas. Y saber que en ese mar habrá islas de disgustos por todas partes en cuyos puertos nunca dejarás de recalar y, por tanto, no perderás el tiempo en evitarlo.

4 abdominales (y una dieta) para el bikini interior

Ya hemos dicho que consejitos bienintencionados sobre la paz espiritual duradera los encontrarás en las estanterías de autoayuda barata (o cara). Aquí nos conformamos con hacerte algunas sugerencias sencillas, realistas, para gente normal. Son recomendaciones que puedes aplicar hoy mismo y que no te van a costar ningún dinero. Si te sirven nos encantará saberlo. Si no, lo que nos encantará será que cuentes con nosotros para encontrar otro método que a ti te parezca más adecuado para cuidar de ti en este momento.

1. Ordena la casa, haz una limpieza a fondo, tira cosas

A veces vale la pena invertir una mañana en poner la casa o la habitación patas arriba para despejar. Nuestro espacio exterior y nuestro espacio interior están muy conectados, hablan el uno del otro y se reflejan como si fueran dos espejos. Verás las cosas más despejadas cuando la casa esté despejada (y limpia).

2. Haz algo que te apetezca estas vacaciones

Eso puede incluir no hacer nada, no exigirse tener las vacaciones más trepidantes del mundo, dedicar el tiempo a estar más que a hacer. Y si lo que te apetece es aventura -signifique aventura lo que signifique para ti- adelante, haz eso que lleva tiempo apeteciéndote.

No lo vivas desde la angustia, ¿qué es lo peor que puede pasar? Tampoco lo vivas desde el ansia, pensando que ya no tendrás más oportunidades, que tienes que exprimir a tope este momento como si fuera el último o no estarás aprovechando tu vida. Vívelo desde el reposo: no sabes si este será el único momento posible, solo sabes que este es un buen momento para hacerlo. Si quieres, ahí lo tienes. Piensa qué necesitas y dátelo: hacer, no hacer, parar, no parar. Todo es válido. Las normas de tu tiempo libre las estableces tú.

3. Revisa tus objetivos

¿Cómo llevas los objetivos que te marcaste a principios de año? Quizá es el momento de desechar aquellos que ya han demostrado ser inviables y reservar recursos para esas ideas geniales que todavía puedes llevar a cabo.

4. No te agotes

No tienes que rellenar todas las horas de tus vacaciones para tener la certeza de que estás sacando el máximo partido de ellas. Lo que decidas estará bien, ninguna vida es perfecta, ningún bikini sienta bien a todo el mundo.

Y la dieta: ¡sin agobios!

La operación bikini interior no es una competición contigo misma, no hay nada que lograr más que sentirte mejor y cuidar de ti. No hay que estar en todos los saraos ni conseguir nada que no sea hacer exactamente lo que tú quieras y las circunstancias te permitan. Ese plan es tan bueno cualquier otro. Ya está: proceso y resultado al mismo tiempo. Abre la mente, date una oportunidad.


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