#METOO: YO TAMBIÉN HE SUFRIDO ACOSO SEXUAL

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La denuncia de varias actrices por acoso sexual contra el productor de cine Harvey Weinstein ha hecho que Hollywood ponga sobre la mesa un tema turbio, antiguo y silenciado que interpela a toda la sociedad. Estos días recorre Twitter y Facebook como una llamarada el hashtag #MeToo (“Yo también”), una protesta planetaria contra el acoso sexual hacia la mujer. El #MeToo de las usuarias busca sacar a la luz todos los casos que han sido silenciados. Otras van más allá, como @dearcatcallers, una holandesa que está subiendo a su cuenta de Instagram los selfies que se hace con los hombres que la acosan por la calle. Los gritos de las mujeres para denunciar esta forma de violencia a la que se ven expuestas son cada vez más fuertes.

El Parlamento Europeo define el acoso sexual como “la situación en que se produce cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo”. No cabe duda: el acoso sexual es una forma de chantaje que tiene que ver con un abuso de poder (mayoritariamente de los hombres contra las mujeres). Este abuso, inevitablemente, afecta a la salud física y psicológica de quienes lo sufren.  

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Según ONU Mujeres se estima que el 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida”. De hecho, según este organismo:

las mujeres que han sufrido maltrato físico o sexual por parte de sus compañeros tienen más del doble de posibilidades de tener un aborto, casi el doble de posibilidades de sufrir depresión y, en algunas regiones, 1’5 veces más posibilidades de contraer el VIH, en comparación con las mujeres que no han sufrido violencia por parte de su compañero sentimental”

Y esto es solo lo que se estima. Por eso, debemos considerar el acoso sexual como un tipo de violencia psicológica: intimidar, chantajear y violentar son conductas que, aunque no vayan acompañadas de un contacto físico, tienen un severo impacto en las emociones, sensaciones físicas, pensamientos y conductas de la persona agredida.

Es importante decirlo claro: ser víctima de acoso sexual no tiene por qué destruirte pero deja una huella en tu salud que conviene ser atendida. No siempre es fácil detectar en qué consisten sus efectos, puesto que están en función del daño sufrido y del grado de vulnerabilidad de la víctima. A continuación incluimos tres claves que pueden servirte como guía para observar en ti misma las consecuencias de una situación de acoso sexual que sufriste -o en la que quizá sigues inmersa:

El acoso sexual llega a ser traumático. No lo decimos por dramatizar con el lenguaje, sino en un sentido estrictamente técnico: es una experiencia asociada a experiencias de fuerte impotencia, invalidación, indefensión y estrés.

El acoso sexual puede generar un duelo desautorizado: la persona, normalmente por vergüenza o por miedo a no ser creída, tiende a silenciar lo ocurrido junto con el dolor sufrido, disminuyendo así la posibilidad de recibir apoyo y reforzando su sensación de haber sido traumatizada.

El acoso sexual merma tu autoestima. Nunca es tu culpa, pero es una experiencia en la que llegas a la conclusión de que eres alguien a quien solo se debe premiar por sus favores sexuales, alguien que solo vale por su atractivo físico, alguien cuyos límites no merecen ser respetados.

El dolor que no se comparte no se sana ”

¿Y aquí acaba todo? Para nada. Después de sufrir acoso sexual es importante que tomes un papel activo y te pongas en tu sitio. Denuncia, cuéntalo, visibilízate. No es necesario que publiques a toda página lo que te ocurre a ti, pero sí que se lo cuentes a alguien de tu confianza y te apoyes en él o ella. La terapeuta Alba Payàs, experta en duelo, lo dice bien claro, “El dolor que no se comparte no se sana”. Tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo pueden ser una primera línea de apoyo. Si te ha afectado demasiado, si te está afectando demasiado, esa persona de tu confianza puede acompañarte, o un profesional de la salud mental te puede ayudar en el proceso de cuidar de esa herida que no te mereces pero que está contigo.

Lo importante es que tú misma encuentres la manera que mejor te venga para recuperar el poder que te han quitado y refrescar la memoria de tu propia valía. No lo pienses, ante el acoso sexual tú también debes dar ese paso.

 

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