Los 40 vienen a verte: ¡salúdales!

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Los 40 son esa década que todo el mundo asocia con algo terrible cual varicela de adultos: la tradicionalmente conocida como “crisis de los 40”. Las mujeres han logrado construir un discurso colectivo en torno a lo bien que se encuentran con 40 en comparación con cómo se sentían a los 20. En cambio, son los varones quienes, al menos en la teoría, cumplen 40 y entran en una especie de desestructuración vital ante la todavía cercana “juventud perdida”. 

Presas de ese caos monstruoso que viene verles, un gran número de hombres parecen entregarse, como pollo sin cabeza, a conductas erráticas, perjudiciales o impropias de su edad. Bajo sus efectos ofrecen, para algunas personas, una sensación de patetismo que en ocasiones es interpretado con crueldad. ¿La explicación? Les ha entrado la crisis de los 40.

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De este modo, encontramos el famoso arquetipo del cuarentón con tripita que de repente sustituye el sofá por las zapatillas de deporte… y acaba en el médico. A hombres canosos que realizan esfuerzos ortopédicos por seducir a criaturas a quienes a veces doblan la edad. Respetables ex-jóvenes recientes que se hacen un pendiente o que se compran una moto y una chupa de cuero -sin ser ellos nada de eso- pero cumpliendo el presunto sueño de su vida… Y demás escenas cuyo único objetivo, en apariencia, es seguir aferrados a una presunta juventud cuya desaparición no se acaba de asumir. 

Cada edad tiene sus pérdidas pero también sus satisfacciones, si se sabe explotarlas

Si esto fuera verdad, daría cierto pánico acercarse a los 40 o moverse en torno a su órbita. ¿Quién querría pasar semejante catarro, atravesar esa barrera psicológica hasta llegar a la cuesta abajo que conduce desenfrenadamente a la decrepitud oficial? 

Sin embargo, como afortunadamente se indica cada vez con mayor frecuencia, no importa si eres hombre o mujer, si tienes quince, sesenta o noventa años, porque cada edad tiene sus pérdidas pero también sus enormes satisfacciones, si se sabe identificarlas y explotarlas. Los 40 y sus alrededores, por tanto, no iban a ser menos, ¡apañados íbamos a estar si no!

Sin la más mínima pretensión científica pero rescatando algunas voces reales para ilustrar el tema, en ifeel hemos hablado con cuatro fabulosos cuarentones (o casi) sobre qué es eso de tener 40 años (más o menos) y cómo se observa la vida desde esa cifra. Una cifra que es, insistimos, tan difícil y tan bella como cualquier otra que hayamos alcanzado o podamos alcanzar. 

Tomar decisiones más maduras

Como todo en la vida, hay opiniones para todos los gustos. No obstante, todo apunta a que en torno a los 40 nuestros hombres han logrado alcanzar una manera más sólida de tomar decisiones y reflexionar sobre las cosas que les ocurren, algo que parece tener que ver con su nivel de autoconocimiento. 

Crisis existenciales aparte, Charly considera este punto como una nueva madurez: “A diferencia de cuando tenía 20 o 30 años -nos cuenta este periodista de 46 años, casado y con un hijo pequeño- ahora reflexiono más las cosas, pienso más fríamente antes de responder y trato de ser más previsor y organizado”

Arturo (profesor universitario de 41 años) coincide con este punto de vista: “Me conozco mejor -dice con rotundidad-, sé lo que no quiero, lo que me gusta”. Dani (46 años, madrileño de muchos sitios) remata la jugada: “Me queda bastante más por conocer de mí mismo pero cada día creo que me conozco un poco mejor. Ahora sé lo que quiero en la vida”. Para ser un puñado de hombres inmaduros que añoran los tiempos de la facultad no está mal, ¿no?

Las decisiones, felizmente, van experimentando una evolución en su proceso de gestarse y ejecutarse. 

Por otro lado, parece que el factor tiempo también influye en los caminos por los que optamos al tocar la cuarentena: el famoso “ya no somos unos niños”. Sin embargo, como era de esperar, esto depende de cada persona y los enfoques pueden llegar a ser muy diferentes según la manera que tenga cada uno de percibir sus responsabilidades. Por ejemplo, Charly afirma que no se permite a sí mismo experimentar tanto por no disponer de tanto tiempo como antes para reconducir los errores que comete. En cambio, Raúl (arquitecto madrileño de 39 años), afirma haber ganado en seguridad y confianza en sí mismo, por lo que siente que ahora tiende a decidir con mayor espontaneidad que antes, sin necesidad de pensarlo todo tanto. Está claro que no hay dos hombres de 40 iguales

Los 40 (no) son lo que parecían

Como todos sabemos que no es lo mismo contarlo que vivirlo, existe un cierto consenso en cuanto a que los 40 no son lo que uno imaginó sobre ellos cuando tenía 20. Esto tiene que ver con algo que todos hacemos de manera más o menos espontánea: a lo largo de la vida todos nos vamos planteando retos para el futuro con su propia fecha de entrega. Ya sabes, como cuando en las entrevistas de trabajo cutres todavía te preguntan dónde te ves dentro de 5 años y ese tipo de cosas. 

En efecto, a lo largo de la vida nos vamos haciendo nuestra propia “entrevista de trabajo” cíclicamente. Se trata de una manera de inspirarnos, proponernos metas y avanzar hacia un futuro deseado, que luego -para bien y para mal- no siempre se corresponde al cien por cien con la fantasía que nos habíamos montado en nuestra cabeza. 

Una vez inmersos, o casi, en la década prodigiosa, llega el momento de rendir cuentas ante nosotros mismos. Como siempre, los hay más optimistas, como Arturo (“Todo lo que me había planteado para cuando tuviera 40 lo he conseguido con creces”) y otros, como Charly, son un poco más autocríticos, dentro de su balance positivo: “A mis 20 era más soñador y allí cabían sueños muy desapegados de la realidad, pero ciertamente haber formado una familia es uno de esos logros alcanzados. En lo profesional también estoy contento cuando analizo todo lo que me ha tocado vivir”. 

Dani tampoco se entrega a la melancolía, ni a la frustración grave, antes de seguir con su vida todo lo plácidamente que puede: “Sí, me había planteado algunos logros al llegar a los 40. Aunque ahora pienso que algunos de ellos ya no tienen tanto sentido, en general siento que sí los he conseguido”.

A veces los 40, con todas sus contradicciones, no dejan de ser un toque más de realidad sin mucha diferencia con las décadas anteriores pero sí diferentes de lo que se había ambicionado en la fantasía cuando se llegara hasta ahí. “Supongo que me proyectaba en la vida de mis padres -afirma, sincero, Raúly daba por hecha una estabilidad en todos los ámbitos, cosa que para naaaaada ha ocurrido”. Si hay algo que caracteriza a la vida desde luego no es el progreso lineal. 

El miedo cambia de cara

Ahora me da miedo la altura, cualquier cosa que signifique riesgo”. Sin paños calientes. Cuatro décadas largas de cambios, aprendizajes y más de una ida y una venida sin duda le han servido a Dani (46) para poner muchas cosas en su sitio. “Sin embargo -añade este hombre polifacético en pleno momento de “reinvención”- he perdido el miedo a pedir, a decir lo que pienso, a decir que no y a luchar por lo que considero justo”. Escuchándole parece que lo que a los veinte nos parece ser contestón pasados los cuarenta lo llamamos asertividad a secas. Puestos a comparar edades, su coetáneo Charly (46) también se sincera: “Antes me parecía mucho a los millenials: si no lograba tal y cual cosa a cierta edad lo veía como un fracaso, y la verdad es que no es así, pero -puntualiza- la incertidumbre laboral en mi caso es el principal temor, comparado a cuando tenía 20 años”. 

«He perdido el miedo a pedir, a decir lo que pienso, a decir que no y a luchar por lo que considero justo»

Sin desprenderse de sus carácter optimista, Arturo (41) ve esto de los temores desde lo que muchos llamarían cierto vértigo, un ritmo que obliga a optimizar el tiempo que (ya no) se tiene: “Miedo, miedo -afirma- no me da nada, pero con 40 te das cuenta que has vivido media vida. El reloj está a la mitad de su tiempo, la vida pasa más rápido… piensas en disfrutar al máximo”. Desde luego quien no se conforma es porque no quiere. 

Ni prodigiosos ni terribles: los 40 tal cual son

En general -nos comenta Raúl (39) con la cal en una mano y la arena en la otra- las personas de 40 que tengo alrededor están en momentos de crisis, descontentos con su vida y tratando de reinventarse. Me identifico con lo segundo, con lo de reinventarse, pero no con el descontento. Uno es muy resiliente”. ¡Un brindis por los 40!

Arturo (41), encantado de conocerse, es consciente de que en su entorno hay algunas personas de su generación -no muchas- que no se sienten tan felices o tan seguras consigo mismas como él, para quien sus 40 han comenzado como una década “buenísima”. 

Charly (46) detecta en sus compañeros de década un cierto afán por aferrarse a aspectos de una juventud pasada, además de una cierta apatía, si bien se siente identificado con ellos en otras cosas: siente que comparten preocupaciones similares que, básicamente tienen que ver con el trabajo, la economía doméstica y los hijos. No obstante, su discurso no es pesimista, no siente que cumplir 40 le cambiara especialmente pero percibe esta época de su vida como un momento para mostrar lo que se ha aprendido de los errores pasados y la capacidad para disfrutar del presente sin miedo pero con equilibrio. 

Para Dani (46) los 40 están siendo “una década extraña, bastante plana en cuanto a emociones y un poco aburrida. Me ha costado bastante adaptarme a mi nueva escala de valores y -admite sin pudor- aunque estoy bastante contento con lo que tengo en mi vida ahora mismo, a veces echo de menos un poco de chispa”. Hay un momento para cada cosa y un tipo de personas para cada momento. Con chispa o sin ella, él sabe a quién quiere tener cerca en esta etapa del camino: “Me identifico -nos cuenta- con la gente que busca estar tranquila, que no busca meterse en problemas, que se rige por el principio de no maleficencia y que se acepta a sí misma con sus cosas buenas y con sus mierdas”. 

A veces la autocomplacencia, la necesidad de convencernos de que estamos satisfechos con lo que tenemos, puede hacernos caer en el vicio de la edulcoración. Es fantástico tener capacidad para ver la botella medio llena y estar conformes con lo alcanzado, sin afirmar por ello que todo es genial, que los 40 son un punto culminante a nivel sentimental, profesional, de madurez… porque para mucha gente son un buen punto, pero para continuar avanzando, no necesariamente la culminación de nada. Cada uno tiene derecho a sus ritmos y también a contar la fiesta según se lo esté pasando en ella, no en función de cómo se lo estén pasando los demás. 

Si te sientes bien contigo mismo y crees que, en general, estás donde tienes que estar, no dejes que te confundan: o no tienes crisis de los 40 o esta es tan leve y asintomática que la estás pasando sin darte cuenta. Y si los 40 te están sentando fatal tampoco te desesperes, ni te sientas inadecuado por no haber alcanzado una madurez y una satisfacción con tus logros propias, presuntamente, de esta edad. Sé crítico, sé justo, busca el apoyo y la complicidad de los cuarentones y no cuarentones maravillosos que hay en tu entorno. Si la cuesta de los 40 es demasiado empinada entonces pide ayuda: quizá es el momento de mirar adentro, por ejemplo junto a un terapeuta, y ver qué está pasando. Los 40 son muy largos, pueden dar mucho de sí. Y si no lo dan… ¡no pasa nada! Es tu fiesta. 

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