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Sabíamos que nunca llueve a gusto de todos pero nos quedaban por aprender un par de cosas sobre cuánto nos gusta la nieve. Y lo hemos hecho en un curso acelerado de menos de 48 horas que se va a prolongar todavía unos cuantos días más en forma de hielo.

La otra cara de la belleza 

Lo que es bonito durante unas horas puede convertirse en una pesadilla si se prolonga más allá. Esto lo saben bien quienes tienen experiencia con la nieve en entornos urbanos. Los que no, la tendremos a partir de Filomena

Más allá de que hay personas que aman el invierno y otras que aman el verano, lo que estamos viviendo estos días da pie a una interesante reflexión. Y es que no deja de sorprender cómo, gracias a un nevadón de estas características, comprobamos la ambigüedad de muchos de los fenómenos que nos vemos obligados a vivir. Esa ambigüedad se resume en ideas como “la belleza es peligrosa” o “lo que te atrae te puede dañar”. 

Tanto el sábado como el domingo muchos se plantearían, mirando por la ventana: quiero salir pero no debo hacerlo, me recomiendan que no salga por mi seguridad pero las calles están tomadas por personas jugando y paseando, ¿debo obedecer a mis ganas de disfrutar, a mi instinto de autoprotección, a las recomendaciones oficiales? ¿Cómo me sentiré si salgo y me rompo algo cuando estaba advertido de que no debía hacerlo? Y lo que es peor: si me ocurriera algo malo, ¿cómo podría conseguir ayuda? 

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El conflicto no acaba ahí. Porque, una vez que resolvimos el dilema entre salir a probar la nieve o protegernos, llegó el lunes con nuevos problemas. Es probable que muchos de los que el sábado se tiraban bolas y hacían muñecos en medio de las autopistas estén, ahora mismo, maldiciendo a la vida por no poder mover sus coches, no poder llegar al trabajo, tener otra vez a los niños en casa o no poder ir al supermercado (si es que tienen cerca un supermercado en el que tengan algo que comprar).

Nieva sobre nevado

Mientras se limite temporalmente a unos días, una emergencia climática de estas características puede causar ciertas incomodidades salvables si uno es más o menos sufrido o austero. Sin embargo, aunque sea corta, lo que más provoca son graves daños materiales y personales y, por supuesto, un enorme coste económico. 

En términos psicológicos esto se convierte en nuevas pérdidas (reales o previstas), incluso puede reactivar viejas experiencias de indefensión aprendida (cuando sentimos que nada de lo que hagamos puede solucionar nuestros problemas) aunque aparentemente todo vaya a quedar restablecido dentro de poco. 

Por supuesto, cuando ya nos hemos hecho todas las fotos y hemos resuelto todas las guerras de bolas de nieve, en la población general lo que hay es, sencillamente, estrés. Esto está afectando especialmente a quienes tienen que gestionar todos los destrozos de Filomena y a quienes experimentan más ansiedad por tener que volver a quedarse en casa durante días enteros porque la actividad está paralizada y las calles, impracticables. Pensemos además que muchas personas llevan varias semanas con los movimientos limitados a sus barrios por la Covid-19. Y eso siempre que no nos hayamos roto una pierna, que nuestro tratamiento médico no se haya visto interrumpido o que no hayamos sufrido un percance más grave o traumático. 

Una oportunidad para liberar tensión

La contingencia climática de Filomena ha llegado, por tanto, en un momento en el que los ánimos de quienes más la han sufrido están en un punto de saturación nada positivo. 

Y es que, por lo general, la gente está aburrida, hastiada y cansada de tener que preocuparse por la Covid-19. Cuando eso ocurre, es decir, cuando estamos faltos de buenas noticias, cualquier excusa es buena para descargar esa energía, sobre todo si podemos hacerlo de manera divertida o alegrándonos por algo. O, sencillamente, presenciando algo vistoso y diferente que durante un tiempo nos permite poner el foco en algo que no sea la fuente de nuestro aburrimiento o de nuestro pesimismo. Por ejemplo, la nieve. 

¿Recuerdas cuando España ganó el Mundial de Sudáfrica en 2010? En aquel momento nuestro país caía en picado en una enorme crisis económica que ya había sido monotema durante los dos años anteriores. Aunque a mucha gente se le ha olvidado, en aquella época el estado de ánimo nacional estuvo por los suelos durante varios años. Así que, si ganar un mundial se celebra siempre, no hay duda de que en 2010 se celebró con mucha más pasión como medio para hacer un paréntesis en nuestro mal humor. Se cogió con ganas, vaya. 

Algo parecido, aunque con más ropa, ha sucedido este fin de semana con la inmensa nevada caída en el centro de la península.

Es obvio que las imágenes habrían sido las mismas si nos hubiera pillado en un año normal: la nieve -al menos durante el primer rato- siempre es la nieve. Sin embargo, hay un comentario generalizado que describe la particularidad a la que nos obliga todo lo que llevamos vivido en 2020 y que no se habría repetido tanto si viniéramos de meses normales: la gente por fin estaba contenta, la gente jugaba, la gente (a veces muy imprudentemente) se olvidó durante unas horas de que hay un pandemia de coronavirus. Porque, sin que eso justifique las imprudencias, la gente necesita pausas en su hastío o en sus preocupaciones y su conducta lo refleja.

En cualquier caso, sea cual sea nuestra relación con este temporal nos esperan todavía unos días de incomodidades hasta que logremos recuperar nuestra antigua nueva normalidad. Por cierto, ¿a que la semana pasada no te esperabas que ibas a añorar la nueva normalidad en lugar de la antigua? 

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Para sobrellevarlos tenemos que acudir a nuestro repertorio de recursos. ¿Qué llevamos aprendiendo y practicando desde hace casi un año que podemos poner en práctica durante esta semana? Seguro que cuentas al menos con un par de estas 5 cualidades:

Paciencia. Es la capacidad para armonizar nuestro ritmo personal con el ritmo de lo que sucede a nuestro alrededor.

Resistencia. El temporal nos daña psicológicamente, pero -en la mayoría de los casos- no nos rompe. 

Cooperación. En toda crisis siempre hay oportunistas que estorban y dificultan, mientras que el resto se organizan para salir adelante a través de la ayuda mutua. Decide tu equipo.

Estoicismo. Las crisis no están ahí para que nos divirtamos mientras las vivimos ni para que aprendamos cosas de ellas: con que sepas capearlas con la más pacífica de tus actitudes habrás cumplido con creces.

Flexibilidad. Si estabas vivo en 2020 tienes un máster en reorganización de la agenda, cambio de planes y cocina de aprovechamiento. Toca seguir aplicando.

Con recursos o sin ellos la situación es la que es y nadie espera de ti que seas un héroe. Si la nevada tiene limitados tus movimientos recuerda que puedes contar con la ayuda de un psicólogo online hoy mismo a través de tu teléfono móvil. No te aísles del todo. 

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