Celos: un fantasma que acecha

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 28 de marzo de 2017

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En las relaciones de pareja, como en otras relaciones, suele haber un fantasma que merodea por detrás de las cortinas, debajo de las camas, dentro de los armarios… Sí, claro que sí, incluso tú le has visto las cadenas asomando por la sábana: son los celos.

A pesar de que mucha gente los confunde con una muestra de interés y amor (“si siente celos es porque le importo; si no los siente es porque le da igual que estemos juntos o no”) lo cierto es que los celos pueden llegar a ser algo muy tóxico para ti y, por tanto, para tu relación.

Todos tenemos nuestra parte de inseguridad. No somos perfectos, tenemos defectos y tememos que esas imperfecciones se conviertan en un monstruo que aterrorice a nuestra pareja y le convenza de que debe dejarnos. Además, a veces tendemos a compararnos con el resto de personas que podrían llegar a gustar a nuestra pareja y, oh casualidad, salimos perdiendo en la comparación. ¿No lo crees así? ¿Entonces por qué te da miedo que tu pareja se vaya con alguien más joven, más bello, más listo, más alto, más rico… que tú?

La inseguridad y las dudas son muy humanas. Pero vivir en modo sufrimiento permanentemente activado porque nuestra pareja nos está engañando o podría hacerlo o podría volver a hacerlo… no es manera de vivir. Las personas celosas viven detectando rivales por todas partes, destructores de matrimonios, invernaderos de segundas intenciones. Sin embargo, el amor no entiende de conspiraciones, sino que crece mejor en la confianza.

 

Detrás de un problema de celos puede haber experiencias pasadas con parejas que nos engañaron y sembraron en nosotros el fantasma de la desconfianza. También hay gente que tiende más a desconfiar, quizá desde pequeña aprendió que no puede fiarse de nadie, que tarde o temprano alguien le traicionará y, finalmente, le abandonará. Estas personas han aprendido a manejar este miedo a base de controlar al otro y sufrir por sus engaños, reales o imaginarios.

Revisa lo que consideras una manera adecuada para que tu pareja y tú os relacionéis con terceras personas, te ayudará a reajustar lo que os incomoda y poder evitarlo.

Aprende a diferenciar motivos reales y motivos inventados para desconfiar de tu pareja. No es lo mismo alguien que te ha traicionado abiertamente varias veces que alguien que no lo ha hecho nunca y del que, sin embargo, vives desconfiando.

Mejora la comunicación con tu pareja. Aprended a compartir lo que os preocupa y lo que os molesta. No importa si eso genera algún roce, ser sinceros entre vosotros es un signo de madurez.

Respeta el espacio del otro y pide que tu espacio también sea respetado. Relacionarse con más personas es inevitable y no podemos controlar lo que hace el otro las 24 horas del día. ¡Libérate de esa utopía de espionaje y lánzate a generar una relación más sólida y honesta!


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