Black Friday y adicción a las compras, ¿qué hay de cierto?

Compártenos en tus redes:

La adicción a las compras no está reconocida oficialmente como una enfermedad mental. Aunque esa expresión se use a menudo en contextos informales o, incluso, durante una psicoterapia, no se utilizaría como una etiqueta diagnóstica oficialmente reconocida, ya que no está contemplada en el DSM-V, que es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, actualizado por última vez en 2013. Este manual es la herramienta principal utilizada en psicología clínica para establecer diagnósticos oficiales. 

Concretamente, en el apartado dedicado a los “Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos” -que sí incluye, por ejemplo, el juego patológico- se especifica que dicho apartado no incluye “los grupos de comportamientos repetitivos, que algunos califican como adicciones comportamentales, como la adicción al sexo, la adicción al ejercicio, o la adicción a las compras, puesto que no existen suficientes datos científicos para establecer los criterios diagnósticos y las descripciones de su curso, fundamentales para considerar estos comportamientos como trastornos mentales”. 

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más

Es decir, actualmente no existe evidencia científica suficiente ni adecuadamente reconocida que permita un acuerdo en torno a la así llamada “adicción a las compras” como un trastorno mental, por lo que no se emplearía esa expresión de manera oficial en un contexto profesional. Esto se refiere al acuerdo académico y científico en cuanto a las etiquetas diagnósticas ya aceptadas, pero no quiere decir que no existan y, por tanto, sean observables en la consulta de un psicólogo online o presencial, problemas relacionados con el comportamiento de comprar y susceptibles de ser atendidos de manera profesional. 

La adicción a las compras no es un diagnóstico oficialmente reconocido, pero eso no quiere decir que no haya problemas de salud relacionados con las compras

El hecho de que no se ponga de manifiesto como motivo de consulta principal no quiere decir que no esté ahí. De hecho, puede aparecer enmascarado en otro tipo de situaciones en las que, entre otros aspectos que preocupen a la persona, haya un patrón que podríamos considerar de “compras problemáticas” a la que la persona no esté prestando atención. Examinar detenidamente la situación de la persona será fundamental para determinar la magnitud del problema.  

Causas de las compras adictivas

Como ya hemos explicado, no existe ninguna etiqueta diagnóstica oficialmente aceptada de “adicción a las compras”. Sin embargo, eso no quiere decir que no existan personas con problemas derivados de un patrón desadaptativo de consumo

En cualquier caso, la explicación a cualquier circunstancia de este tipo siempre es compleja y multicausal. Al hablar de problemas relacionados con adicciones, consumos problemáticos de sustancias, “comportamientos repetitivos” o “adicciones comportamentales” (por utilizar las expresiones mencionadas en el DSM-V) es importante tener en cuenta el papel que juega en estos cuadros el concepto de “recompensa”. Nos referimos al premio, placer o satisfacción obtenidos con esa conducta, que normalmente es rápido e intenso. Por eso se habla de “subidón”. 

Como explica el manual diagnóstico, en la vida cotidiana esta recompensa se produce “a través de comportamientos adaptativos” (es decir, no perjudiciales para la salud sino beneficiosos para afrontar la vida y las relaciones interpersonales de manera sana). En cambio, en el caso de, por ejemplo, el consumo de sustancias, estas “activan directamente las vías de recompensa”. Aquí es importante resaltar el directamente: de manera in-mediata, relativamente fácil y rápida, a veces con un simple clic

Siempre siguiendo con las explicaciones del DSM-V referidas a las sustancias, asumiendo de manera cautelosa que puedan establecerse paralelismos entre los efectos de estas y, en este caso, un patrón desadaptativo de compras, “los individuos con menores niveles de autocontrol, están más predispuestos a desarrollar trastornos por consumo de sustancias”. 

En definitiva, a la hora de explicar cómo se producen este tipo de problemas cobran especial relevancia dos ideas. En primer lugar, cómo una conducta puede facilitar a alguien una sensación de placer de manera rápida e intensa, lo cual resulta muy reforzante (es decir, aumenta enormemente la probabilidad de repetir esa conducta en el futuro y, por tanto, que la persona acabe “enganchándose” a esa conducta). En segundo lugar, la capacidad para controlar el impulso de consumir o realizar la conducta en cuestión. 

¿Influye el Black Friday en la “adicción a las compras”?

Teniendo en cuenta todo lo que hemos comentado hasta ahora, cabe pensar que fechas señaladas como el Black Friday, Navidad, Reyes, etc. son especialmente delicadas para aquellas personas que tienen algún tipo de problema como compradores/consumidores, ya que en estos periodos se dispara la tentación en diferentes direcciones. 

De este modo, aparecen excusas más o menos justificadas o socialmente aceptadas para comprar. Se facilitan descuentos importantes que suponen “buenas oportunidades”, toca hacer regalos a otras personas, surgen multitud de artículos novedosos y apetecibles, los medios de comunicación hacen una llamada generalizada a consumir en gran cantidad… 

Este ambiente puede activar una gran ansiedad en personas que tienen dificultades para controlar su impulso de comprar o en aquellas que son conscientes de la gratificación que obtienen comprando, incluso cuando también son conscientes de lo inadecuado de sus compras. Esto puede generar una gran tensión en ellas, que deberán canalizar de manera adaptativa en la medida de lo posible para no reactivar el círculo vicioso de su problema con las compras

¿Cómo detectar que soy “adicta a las compras”? 

De nuevo, tenemos que partir de la base de que, al menos por el momento, no es posible hacer un diagnóstico de adicción a las compras de manera oficial, dado que tal diagnóstico no está recogido en el DSM-V. Una vez que hemos insistido en este punto, debemos adaptarnos a las circunstancias de cada paciente a la hora de determinar si presenta o no un problema susceptible de ser solucionado en la consulta de un psicólogo. 

A grandes rasgos, y a falta de criterios objetivos que sirvan para determinar que una persona presenta un problema, podemos considerar que alguien tiene un problema cuando ese problema le genera problemas. Más allá del trabalenguas, el mensaje está en que debemos fijarnos no tanto en la conducta hipotéticamente problemática (comprar) sino en las consecuencias que esa conducta tiene para la persona que la realiza y para quienes tiene a su alrededor. 

De la misma manera que, a grandes rasgos, no es alcohólico alguien que bebe todos los días sino alguien que tiene un problema con el alcohol, no es un “adicto a las compras” alguien que gasta mucho dinero comprando cosas, sino alguien a quien el hecho de comprar esas cosas le genera un problema en su bienestar interior, en sus relaciones, en sus finanzas, etc. 

Una persona tiene un problema con las compras cuando comprar le genera problemas en su salud, sus finanzas y sus relaciones

Por ejemplo, si alguien se muda a una casa completamente vacía cabe pensar que, durante un tiempo, va a gastar una “gran cantidad” de dinero comprando una “gran cantidad” de cosas y eso no quiere decir necesariamente que tenga una adicción a las compras, sino que está adquiriendo artículos que necesita de manera acorde a sus necesidades y sus recursos, con la finalidad de que esos artículos le sean más o menos útiles. Además, la conducta de comprar va a durar un periodo determinado, sin que eso repercuta negativamente en su salud, sus relaciones interpersonales y el cumplimiento de sus responsabilidades, aunque temporalmente deje su cuenta corriente relativamente maltrecha

Diferenciar compras normales de problemáticas

Al contrario del ejemplo que acabamos de poner, alguien que tiene de todo y se atiborra de artículos y objetos que no necesita solo porque no ha podido resistir la tentación de comprarlos, por el mero placer que le ha reportado el adquirirlos pero con una sensación de culpabilidad y “bajón” a medio plazo cuando se da cuenta de que ha gastado demasiado dinero en demasiadas cosas que no necesitaba porque esa es su principal fuente de satisfacción a corto plazo… entonces estamos hablando de un problema, lo llamemos “adicción a las compras” o no. 

En definitiva, si comprar te satisface antes, durante y después y eso no repercute negativamente en tu vida porque, entre otras cosas, te lo puedes permitir y, además, el hecho de no poder hacerlo no te genera malestar (si lo haces, bien pero si no lo haces, también, porque no te entra “el mono”) entonces seguramente eres una persona que disfruta consumiendo, pero no alguien con un problema de adicción a comprar. 

Cómo lidiar con la adicción a las compras

Dado que ya hemos dicho que no existe este diagnóstico como tal, es importante decir que no hay un tratamiento específico y oficialmente recomendado. Como ya hemos señalado, habrá que estudiar detenidamente cada caso: sus orígenes, en qué se concreta, qué consecuencias tiene, qué factores lo están manteniendo, cómo es la persona que presenta esta situación y trabajar sobre esos aspectos. Diversificar las fuentes de gratificación y las estrategias de afrontamiento de la ansiedad y la frustración, así como potenciar la autoestima y promover una organización más adaptativa de las propias finanzas pueden ser intervenciones interesantes con estas personas. 

No existen signos “inequívocos”, en el sentido de oficialmente aceptados, de adicción a las compras, ya que no hay criterios objetivos y absolutos con los que determinar que existe este problema. Suponiendo que la gente del entorno note que la persona presenta una hipotética conducta problemática (en este caso, comprar) resultará útil observar en qué circunstancias se activa, con qué motivación, si es una manera (sobre todo si es la única manera o la principal) de obtener satisfacciones, premios o descarga emocional. 

Igual que en tantos otros problemas psicológicos, hay que observar cómo la conducta presuntamente inadecuada o excesiva de comprar afecta a la persona a nivel emocional: ¿disminuye su autoestima?, ¿aumenta su sensación de culpabilidad?, ¿genera más ansiedad que la que pretendía disminuir mediante la conducta de comprar? Hay que ver también cómo afecta a las relaciones de la persona, a las otras facetas de su vida, en el sentido de determinar hasta qué punto las compras “se comen” todo lo demás, sin dejar espacio para nada más. 

También habrá que observar qué sucede después, es decir, cómo se siente la persona a medio plazo, una vez pasado el “subidón” inicial de la conducta. Si la conducta de comprar genera malestar a medio plazo -que habrá que gestionar de alguna manera- entonces probablemente estamos ante un problema

Por último, hay que observar si la hipotética conducta problemática genera verdaderos problemas a la persona. Por ejemplo, si le impide cumplir con sus obligaciones, la lleva a  descuidar sus relaciones personales, la pone en riesgo de quiebra, etc. En definitiva, no es tanto si gasta mucho o poco, o si gasta en cosas inútiles, ya que estos criterios son muy subjetivos. Hay que ir a las consecuencias de ese gasto que, aunque también sean relativas, aportarán una información más útil. 

Problemas con las compras y autoestima: una relación inversa

La autoestima tiene que ver con las situaciones de compras problemáticas en la medida en que tener posesiones materiales es una fuente de validación para la persona compradora. Es decir, cuando las compras son un medio a través del cual la persona se siente valiosa (atractiva, interesante, con estatus, integrada…) o bien es una vía para recompensarse/gratificarse (por haber tenido una mala semana, por haber tenido un mal día, por haberse esforzado mucho, para compensarse de sus sinsabores cotidianos…). 

Sentir placer es bueno para la autoestima, aunque sea efímero. Ese no es el problema. El problema es tener una o pocas fuentes de placer, que la fuente principal de placer, satisfacción, gratificación, recompensa, validación, sea efímera y, por supuesto, que sea el preámbulo no de un estado “neutro”, sino de un estado de culpabilidad, vacío o frustración, que directamente son incompatibles con sentirse bien con uno mismo.

Mantén a raya el Black Friday

Cada uno es libre de consumir como considere. Igualmente también es libre de aprovechar las oportunidades comerciales que tenga a su disposición para adquirir aquellos artículos que desee o que necesite. 

No obstante, en previsión de que el Black Friday pueda suponer un perjuicio más que una satisfacción, podemos plantearnos algunas pautas para contrarrestarlo. En primer lugar, es importante tener un cierto sentido crítico y valorar detenidamente si las ofertas que se nos proponen valen realmente la pena. También es importante entrenar un suficiente control del impulso de poseer. Esto tiene que ver con saber esperar o lo que en psicología llamamos “retrasar la gratificación”. Ante la tentación de compras significativas debemos preguntarnos si realmente eso que nos planteamos comprar es un capricho vacío que nos va a dejar de satisfacer al poco tiempo o es algo que realmente nos hace ilusión tener o que necesitamos. 

Es decir, acabemos desenvainando nuestra tarjeta de crédito o no, debemos plantearnos por qué queremos comprar eso y si lo estamos haciendo como una mera respuesta automática e irreflexiva a una poderosa estrategia de marketing. Podemos activar también, por qué no, un enfoque ecológico: ¿tiene sentido comprar eso que vamos a comprar o podemos ahorrárnoslo, en términos materiales, económicos y de espacio? Si lo compramos, ¿es posible darle salida a otro artículo u objeto que ya tengamos y así evitar acumular excesivamente

Marcarnos un presupuesto máximo de compra e intentar no excederlo (demasiado) o elaborar una lista cerrada de las cosas que vamos a comprar pueden ser herramientas útiles que aporten una sensación de control sobre el impulso y la conducta de comprar. Además, podemos incluir esa táctica en nuestra estrategia de “compras navideñas”: ¿qué tal si utilizamos el Black Friday para comprar los regalos de Navidad en lugar de repetir otro episodio de compras excesivas dentro de tres semanas cuando los compromisos se nos echen encima? 

En definitiva, programar, pensar, acotar el consumo que vamos a hacer, no improvisar como quien va al supermercado a hacer la compra con hambre, ya que ese es un camino asegurado para comer lo que no necesitamos y al precio que menos nos conviene. 

Soy coleccionista, ¿tengo una adicción?

Una adicción es un problema de salud. El coleccionismo es una actividad que genera placer y que no tiene por qué tener excesivos perjuicios. Quizá tengan en común ciertas conductas acumulativas que, si no se controlan, pueden llegar a ser excesivas. Sin embargo, el coleccionismo está vinculado a una afición, incluso a una pasión, algo que nos motiva, entretiene y da satisfacción, o que nos enriquece como personas de alguna manera, mientras no degenere en pura acumulación desadaptativa. Para algunas personas, el hecho de compartir esa afición con otros individuos hace que aumenten su red social de una manera muy beneficiosa. 

La llamada “adicción a las compras” está más vinculada a lo compulsivo, a una acción repetitiva que nace de un impulso, no de una reflexión. Aunque genere placer, este suele ser efímero y normalmente antecede a un estado de malestar psicológico (vergüenza, arrepentimiento, de nuevo ansiedad), no conecta con la red social, puede llegar a generar un grave deterioro económico y acaba resultando ser un gasto acumulativo y vacío más que la respuesta a una pasión. 

Convivir con un adicto a las compras

Cada caso es diferente. En primer lugar cada uno debe examinar por qué considera que esa persona tiene un problema con las compras y también qué nivel de responsabilidad existe sobre esa persona. No es lo mismo observar este patrón en una madre, que en una pareja, un hijo o una amiga, figuras en cuyo bienestar tenemos diferentes grados de responsabilidad.

Lo previsible en estos casos es reprender, regañar y reprochar. Son reacciones legítimas, sobre todo cuando vemos que alguien a quien apreciamos realiza conductas que pueden considerarse desadaptativas, o que hacen que se ponga en peligro (a sí misma o a otros). 

Sin embargo, son reacciones que también pueden resultar ineficaces, por no conseguir el efecto esperado. Incluso pueden resultar contraproducentes, en la medida en que pueden poner a la persona en contra, hacer que se aleje y que deje de confiar en nosotros para compartir lo que hace. 

Reflejarle de manera respetuosa y cuidadosa lo que nos parece que está haciendo y las consecuencias que percibimos en ella, recordarle qué consecuencias puede tener, preguntarle cómo está, si le ocurre algo, si podemos hacer algo por ella, si se ha planteado cambiar, pueden ser aproximaciones adecuadas. 

Adicción a las compras en el universo online

Es difícil de determinar la influencia que los medios online pueden tener sobre las compras compulsivas, particularmente en fechas como el Black Friday. Hay que recordar que no todas las personas que tienen este problema usan las redes sociales  o “siguen” a posibles fuentes de consumo. 

En cualquier caso, a través de la publicidad y de las publicaciones de algunos de sus seguidores es evidente que las redes sociales (como cualquier otro medio de comunicación) actúan como un enorme estimulante: bombardean con la idea de comprar dentro de un marco positivo y no culpabilizador, ya que su objetivo es despertar nuestro impulso de adquirir y poseer el artículo en cuestión. 

El auge del e-commerce facilita y estimula un patrón de conducta que ya existía. No han creado el problema pero, desde luego, pueden exacerbarlo. En personas que no tienen este problema no pasa nada, ya que normalmente la gente “se permite un capricho” o no ha podido evitar “picar” con algo, pero sin que hacerlo resulte significativamente perjudicial para nadie. En personas predispuestas a comprar de manera compulsiva, como un estilo sistemático de gratificarse y/o aliviar su malestar, cualquier facilidad para comprar es una boca del lobo. 

No se trata de si alguien compra mucho o poco, sino de observar si la manera de comprar de una persona le genera más problemas de los que le soluciona

Online o de manera física, comprar es comprar. Al final, quitadas las capas superficiales, el impulso es el impulso, y satisfacerlo activa probablemente los mismos resortes de recompensa sin importar el medio. Los anuncios y los escaparates son siempre llamadas a la acción que llegan por diferentes vías. Por supuesto, habrá personas más susceptibles al influjo de una tienda, otras al influjo de la redes sociales y otras al de la publicidad en televisión, en función de diferentes características personales (gustos, tendencias, necesidades, edad, estilo…).

Padres adictos a las compras, ¿qué consecuencias tiene?

Cuando existe un consumo problemático de alguna sustancia, o un problema relacionado con un comportamiento repetitivo y compulsivo que puede tener características adictivas, hay que observar cuánto espacio de la vida de la persona ocupa el problema, para valorar cuánto espacio queda disponible para las otras facetas de su vida, incluyendo sus responsabilidades. 

Cuanto más intenso el problema, menos disponible está la persona para todo lo demás, por muy importante que sea. Según se vaya agravando el problema, podríamos observar conductas negligentes en cuanto al cuidado y la educación de los menores, del mismo modo que observaríamos negligencias en el cumplimiento de otras funciones o responsabilidades. Si se detecta que existe un verdadero problema es importante dar la voz de alarma, tanto por la salud de los padres como por la de los niños o niñas implicados. 

En definitiva, más allá de discursos ideológicos sobre nuestra manera de consumir (que daría para un buen número de artículos) es importante que tomes conciencia de cómo es tu propia pauta de consumo. Fechas como el Black Friday pueden servirte de termómetro para que midas tu salud como compradora. Si el resultado que detectas no es muy favorable pero no sabes cómo reconducir la situación no pasa nada. Solo tienes que ponerte en manos de especialistas, ya sea de manera presencial o a través de una terapia online. Los psicólogos estamos aquí para ayudarte. 

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más


Si te encuentras en peligro o en una situación de emergencia, no recurras a esta web.

Llama al 112 para ayuda inmediata.