5 maneras de boicotearse con el pensamiento

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 23 de noviembre de 2018

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Tener una autoestima saludable pasa por cultivar un pensamiento que no nos limite, sino que nos saque a relucir y nos permita avanzar. Sin embargo, en cuanto entramos en terrenos desconocidos aparece el problema. Nos asaltan múltiples ideas según las cuales no somos ese tipo de persona que puede conseguir tal o cual cosa, sino alguien que carece de esta o aquella capacidad. Con cada uno de esos pensamientos nos hacemos boicot a nosotros mismos. Eso, tú lo sabes bien, no es un buen negocio.

 

A continuación nos centraremos en 5 ejemplos de pensamientos que coartan nuestro crecimiento. Seguro que te identificas con alguno de ellos.  

 

Alguien como él/ella nunca se fijaría en alguien como yo

 

Es la típica situación en la que nos fijamos en alguien que nos presentan, o que detectamos en la discoteca, o en la pantalla de nuestra app de ligoteo. Nos encanta esa persona. Nos parece una especie de divinidad deslumbrante. Sin embargo, no establecemos contacto con ella. Nos paralizamos con este pensamiento: no voy a hablarle, es inútil, porque alguien como él/ella nunca se fijaría en alguien como yo.

 

Esta expresión es la versión amable de “Esa persona es demasiado guapa, inteligente o exitosa como para fijarse en alguien tan anodino como yo”. Error. Existe la creencia de que las personas guapas solo se enamoran y atraen físicamente entre ellas pero, ¿quién decide los integrantes de esa categoría?

No te hagas ideas raras. Claro que hay personas con estilos, digamos, estéticos que tienden a fijarse solo en personas que siguen esa misma línea. También es cierto que todos tenemos un cierto tipo de chico o chica que nos llama especialmente la atención. De acuerdo pero, en general, a la mayoría de personas le gusta gente muy dispar. Y, a menudo, no alguien precisamente parecido física o estéticamente a ellas.

 

Habla a ese chico. Habla a esa chica. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Como mucho, que no le intereses o no le gustes… o bien que descubras que él/ella tampoco te gusta a ti una vez iniciado el contacto. ¿Es eso tan grave? En absoluto. Eres alguien tan bello, tan interesante y tan simpático como para permitirte flirtear con cualquier habitante del Olimpo. Te aseguro que, a veces, la cima de ese monte se alcanza, tú prueba.

 

Esa ropa es preciosa, pero a mí no me sentaría bien

 

Parece algo muy frívolo, pero no lo es. Hay quien no da ninguna importancia a su atuendo pero quien más, quien menos, deseamos ir por la vida adecuadamente arreglados y favorecidos dentro de nuestras posibilidades.

 

Existen personas a las que, por alguna razón, se pongan lo que se pongan, todo les queda bien. Lo sé, dan mucha rabia. También es cierto que hay cierto tipo de prendas, colores, accesorios, etc. que nos favorecen más y otros que, sencillamente, suponen un grave destrozo para nuestra imagen.

Si descartamos estos dos casos, en realidad lo que sucede es otra cosa. Muchas veces nos acomodamos en lo fácil, en lo plano, en lo estándar para vestirnos. No destacamos ni vamos especialmente elegantes, pero tenemos la seguridad de que lo que llevamos es lo adecuado. De repente nos sugieren romper con esa tendencia, probando nuevos tipos de prenda o estampados más atrevidos. En ese momento nos asalta ese pensamiento con el que nos boicoteamos incluso antes de haber probado algo nuevo: “Imposible, me encantaría, pero a mí eso no me queda bien”.

 

Pruébatelo, no es tan grave, date la oportunidad de modificar el estilo de siempre y atreverte con algo más moderno o con algo que jamás se te hubiera ocurrido ponerte pero que siempre has deseado lucir.

 

Obviamente tienes que sentir comodidad, no que caminas dentro de un disfraz. Vale, pero, ¿por qué no lanzarse a la inocente -pero maravillosa- locura de permitirse vestir de una manera diferente? Te sorprenderás del toque que puedes llegar a darte.

 

Yo sería incapaz de aprender eso

 

¿Hacer yo una paella? ¿Escalar en el rocódromo? ¿Manejar excel? ¿Conducir una moto? ¿Hablar francés? No, eso no es para mí, yo sería incapaz de aprender eso. Este es un típico pensamiento de auto-boicot que da brincos dentro de nuestra cabeza cuando la vida nos pone delante ciertos retos.

 

Por muchos años que viviera -nos decimos- yo sería incapaz de aprender ni la mínima parte de lo que se necesita para hacer eso. Bien, puede que sea verdad. Puede que seas una de esas personas incapaces de aprender un nuevo idioma. Quizá eres de esos que pondrías en peligro a la humanidad si te decidieras a montar tú solo la nueva mesa de comedor. Sí, consideras que aprender el funcionamiento de un ordenador escapa por completo a tus capacidades. Obvio, no todos sabremos hacer de todo a lo largo de nuestra vida.

Hay gente que es más de ciencias y gente que es más de letras. Gente que es más manitas y gente que tiene manos de trapo. Gente con habilidades extra-sensoriales y gente que no se entera nunca de nada. Y luego hay gente que es de ciencias y de letras a la vez, que lo mismo te cocina que te monta un mueble, que habla tres idiomas y corre maratones a largo y ancho del planeta. ¿Recuerdas a esos a los que todo les sienta bien se pongan lo que se pongan y que nos daban tanta rabia? Pues a estos hombres y mujeres del Renacimiento también los odiamos un poco.

 

Y luego estamos los demás, hombres y mujeres de a pie, con nuestras virtudes y defectos. Pero piensa que todos, absolutamente todos los seres humanos, tenemos capacidad para aprender algo, incluso cosas que aparentemente escapan por completo a nuestros límites. La vida está llena de personas que han sobrepasado esos límites, que han acabado consiguiendo cosas que jamás imaginaron, que se han visto haciendo aquello que era lo contrario para lo que todo el mundo pensó que estaban destinadas.

 

No hablamos de cruzar el Atlántico a nado o de descubrir una vacuna contra las superbacterias. Hablamos de pequeñas y grandes hazañas cotidianas de las que tu biografía, si te pones a rascar, también está felizmente plagada. Hay ciertos retos que son imposibles pero muchos otros, con un poco de ahínco, voluntad y motivación… pueden llegar a convertirse en tu próximo y codiciado talento.

Las cosas se han organizado así, qué le vamos a hacer

 

No me gusta cómo celebramos las navidades en casa pero las cosas se han organizado así, qué le vamos a hacer. No me gusta la casa en la que vivo, pero es lo que hay, qué le vamos a hacer. No me gusta cómo mis compañeros de piso y yo nos organizamos para la limpieza de la casa y la compra pero las cosas se han organizado así, qué le vamos hacer.

 

¿Qué le vamos a hacer? ¡Lo que tú o vosotros queráis hacer! “Las cosas se han organizado así” es una manera de hablar, una expresión. Tiene todo el sentido del mundo en el lenguaje coloquial pero, en realidad, lo que hace es separarnos de los hechos, eludir nuestra responsabilidad en ellos.

 

Recuerda que “las cosas” no son criaturas sueltas que van por ahí “organizándose” por sí solas. Tú, yo, nosotros organizamos las cosas, en primera persona. Y, al igual que las organizamos, podemos desorganizarlas si no nos gustan y organizarlas de otra manera.

 

Cuando Moisés bajó del Sinaí con las tablas de los Diez Mandamientos no había un punto número 11º que dijera: “Y las navidades siempre se organizarán así. Siempre vivirás en esta casa, siempre trabajarás en este trabajo, nunca tendrás las vacaciones cuando tú quieras y siempre vivirás con gente desastrosa. Y, además, nunca podrás aprender a cocinar, escalar en el rocódromo y dominar excel. Lo dice la Ley Divina”.

 

Así que, ¡buenas noticias!: ni la ley divina ni la ley natural ni la Constitución española establecen ese tipo de cosas. Porque ese tipo de cosas, dentro de un orden, las estableces tú.

Claro, hay un cierto margen, no somos seres todopoderosos. No obstante, el margen de maniobra es mucho más ancho de lo que nuestro pensamiento auto-boicoteador se empeña en establecer.

 

Recuerda, muchas de las cosas que no te gustan de tu vida no se han organizado así, las ha organizado alguien así. Y eso solo significa una cosa: que, con mayor o menor dificultad, pueden cambiar… siempre que los implicados se pongan a ello. ¿Te animas a ponerte?

Yo soy así, así seguiré y nunca cambiaré

 

Puede que la famosa canción de Alaska quede muy bien como himno de autoafirmación y de celebración de la persona que eres. De hecho, nos encantará que la cantes y la bailes con ese sentido.

 

Lo que no queremos es que la utilices con su sentido oculto: no es que yo no quiera cambiar, es que yo no puedo cambiar. No puedes detener el tiempo, evitar que te salgan canas o modificar el color de tus ojos. Pero eres un ser vivo, dinámico, en constante movimiento interior y exterior. Y eso es puro-espacio-de-cambio.

 

Eres una persona con muchos talentos, aunque mucha gente no los vea, aunque algunos no estén todavía a la vista ni sospeches que los tienes. Piensa que algunos de ellos están ahí ocultos, esperando su turno para ayudarte a disfrutar más de la vida, crecer y brillar. Solo hay una manera de comprobar si los tienes o no… y es intentándolo.

 

¿Nunca cambiarás? Por tu bien, ojalá esa frase sea solo la letra de una canción.

 


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