No digas “Debería”, di “Lo haré”

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 06 de junio de 2018

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Nuestro discurso interno está lleno de frases que comienzan con la palabra “Debería…” y que luego, en muchas ocasiones, acaban diluyéndose en la jungla de nuestra rutina y no se concretan en nada. Esto, como ya habrás notado, no es lo más constructivo ni para tu autoestima ni para hacer que vivas mejor de lo que ya vives.

Si ya sabes que deberías hacer algo -es decir, que ese algo te conviene, por la razón que sea-, si ya sabes que cuentas con los recursos necesarios para hacerlo -o, al menos, sabes qué recursos son necesarios para ello y cómo conseguirlos- y ya sabes que no tienes grandes impedimentos para ponerte en marcha, entonces la única respuesta a toda frase que comienza con la palabra debería es su sustitución por la frase Voy a ponerme con ello ya mismo.


No pospongas los “debería”

Hoy es el primer día más adecuado para empezar a hacer (o hacer del todo, si se trata de algo puntual) eso que crees, sientes y sabes que deberías hacer. Aquí tu fuerza de voluntad va a jugar un papel clave, ya que siempre vas a encontrar un nutrido conglomerado de excusas para no ponerte en marcha, un conjunto de pretextos de lo más seductor que ha sido cuidadosamente diseñado para impedirte hacer ahora mismo eso que crees, sientes y sabes que deberías hacer. Pero cambiar no es decir “Debería cambiar”, cambiar es actuar ahora mismo para cambiar.

Siempre va a haber algo que hacer que sea más importante que eso que crees, sabes y sientes que deberías hacer. Siempre vas a merecerte ver un rato más la televisión antes de hacer eso que deberías hacer, siempre va a haber mucho trabajo que avanzar antes de tomarte un rato de descanso, siempre vas a poder hacer en otro momento esa llamada de teléfono que hace tiempo que piensas que deberías hacer, siempre va a ser más divertido utilizar tu tiempo en ver la tele o pasear que en estudiar un idioma o apuntarte a ese curso para manejar Excel que sabes que deberías hacer para avanzar en tu carrera profesional. Siempre va a haber algo más importante que hacer que pedir hora con tu terapeuta en lugar de seguir tirando con las dificultades de tu vida que te cuesta manejar adecuadamente por ti misma.

Hazlo ahora, ya, este momento ya es perfecto para hacerlo o para empezar a hacerlo. Cada vez que te acuerdes de tu amigo Fulanito y pienses “Debería llamarle para ver qué se cuenta, hace tiempo que no hablamos” llámale inmediatamente o, por lo menos, salúdale con un mensaje escrito. Si piensas “Luego, cuando acabe de hacer tal o cual cosa, seguro que le llamo” lo más seguro es que pase un año antes de que marques su número… y lo sabes. Si no puedes llamarle en el momento escríbele al menos “Hola, ¿qué tal estás?”. Eso es mejor que seguir en silencio y abrirá el canal de comunicación entre vosotros. Definitivamente es mejor que seguir pensando que deberías haberle llamado porque hace tanto tiempo que no sabes nada de él…

Divide los retos

Hacer una llamada telefónica o bajar un momento al supermercado para organizar un poco tus comidas de la semana son acciones “únicas” que se resuelven en un único episodio, más o menos. Sin embargo, hay retos más complejos, cosas que deberías hacer pero que no van a resolverse con una única y simple conducta. Sacarte el carnet de conducir, triplicar tus méritos para quedar en un buen puesto al presentarte a una oposición, reorganizar la casa redecorándola y transformándola en eso que debería ser para que tú vivas mejor en ella, etc. son cosas que crees, sientes y sabes que deberías hacer pero que no vas a conseguir culminar de una tacada.

Al cerciorarte de esto puedes sentir una serie de emociones negativas, como frustración, desánimo, rabia o tristeza, pero debes recordar que la dificultad forma parte de las reglas del juego de avanzar. Nadie dijo que fuera fácil, así que piensa que cuando pretendes incorporar logros que solo pueden fructificar a largo plazo la aparición de dificultades por el camino no es, ni mucho menos, un indicador de que no debas recorrerlo. Las dificultades son una parte natural del proceso de conseguir hacer eso que crees, sientes y sabes que deberías hacer.

¿Has visto alguna vez un camino que no tenga piedras? Hasta los aviones cuando vuelan tienen que sortear baches y tormentas, y eso que ni siquiera los ven. Si tienes tus objetivos claros, simplemente sigue caminando: hay recodos realmente bonitos en tu camino esperando a compensarte de tanto bache y tanta piedra.

 

Haz trabajo interior

Hacer eso que deberías hacer, sea una acción más o menos simple o una transformación personal a gran escala, no es posible solo poniendo en marcha una serie de conductas más o menos complejas pero carentes de raíces, de fundamento.

Piensa que detrás de todo esto que estamos comentando tu mejor arma -también la más abstracta- será tu fuerza de voluntad, como comentábamos al principio de este artículo. También tu constancia, tu optimismo y tu compromiso contigo mismo para forjar paso a paso -no importa la cantidad de piedras que encuentres en el camino- lo que en psicología llamamos una vida que merezca la pena ser vivida… en este caso por ti.

 

Busca en tu interior, ten claros tus valores (todo eso que realmente te importa), emplea tu tiempo y tu energía en cosas que tengan que ver contigo, que tengan un sentido para ti, más allá de lo socialmente deseable o de los consejos bienintencionados -pero a veces francamente desorientados- que puede llegar a ofrecerte la gente de tu entorno.

Sé paciente. Crecer, mejorar, encontrar un estilo de vida significativo y saludable para ti es una tarea que te ocupará toda la vida, así que dosifica tus energías y procura acostumbrarte a tolerar la incertidumbre y las negativas de todo tipo que vas a ir recibiendo sobre la marcha. Confía en ti, en tus posibilidades. Sé flexible. Normalmente no es cierto que todo, absolutamente todo, vaya a ir bien, pero seguramente la parte que salga bien va a merecer mucho la pena si te comprometes contigo mismo.


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