10 tonterías que hoy vas a dejar de repetir

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El mundo de los tópicos, los estereotipos y los lugares comunes (también conocidos como clichés, si nos ponemos finos) es una auténtica jungla de la confusión, un reino de las etiquetas detrás de las cuales nos parapetamos para encontrarle explicaciones mágicas, milagrosas y prefabricadas a aquello para lo que no encontramos una explicación mejor. Esas explicaciones, en forma de frases hechas y manoseadas, actúan como un consuelo que nos motiva ante la frustración o una manera de tranquilizar nuestra conciencia y sentirnos mejor con esas circunstancias que odiamos pero que tenemos que mostrar ante los demás de una manera razonablemente presentable. 

Existe un cierto consenso en que todo tópico o estereotipo guardan en su interior una dosis de verdad y creo que es cierto. Una dosis, aquella que se refiere al sentido común, a la lógica fría que no necesita ser demostrada. Una dosis que acaba envuelta, oculta y sepultada bajo toneladas de creatividad que no significan nada aunque mucha gente esté de acuerdo en que lo significan todo. 

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La expresión «nunca te rindas» esconde el mandato perverso de no aceptar que has sido derrotado

A continuación vamos a describir brevemente 10 ejemplos de memeces con apariencia de respetabilidad que la gente va repitiendo, y repitiendo, y repitiendo hasta hacer pasar como una verdad algo que en realidad no se sostiene en nada sólido, por mucho que bajo las múltiples capas de barniz fósil exista un poco de lógica con la que incluso un niño muy pequeño podría coincidir.  

1. Las madres lo saben todo

Una madre sabe esas cosas. Nadie conoce a un hijo como su madre. Una madre es adivina. Una madre observa a su hijo con rayos X en los ojos. Porque la genética insufla por ósmosis en las madres un superpoder según el cual conocen a la perfección todos los resortes de la personalidad de sus pequeños y se dan cuenta de hasta la más mínima circunstancia que los atribula. 

Pues siento decepcionar a las madres del mundo que se creen muy listas y a las mujeres del mundo que pretenden hacer causa común de esa presunta intuición hipertrofiada y defender que una madre lo sabe todo. Una madre, si ha convivido con su hijo lo suficiente, si es inteligente y está en el mundo y, sobre todo, si tiene la suficiente capacidad para observarlo y escucharlo (a él, no a sí misma y luego proyectarlo sobre él y confundirlo todo), entonces se dará cuenta de muchas cosas, naturalmente. Y aun así se le escaparán muchas otras. Porque una madre es una madre, no una diosa de la sabiduría. 

2. Todo esfuerzo tiene su recompensa 

Mentira. Puede ser muy motivante pensar en estos términos y, qué diablos, es cierto que muchos esfuerzos tienen su recompensa. Pero la vida no es perfecta. La justicia es un constructo social y filosófico tremendamente líquido, no es ninguna certeza biológica. A veces nos esforzamos mucho y no tenemos éxito, porque -por suerte y por desgracia- no todo depende de nosotros, sino que hay que contar con las contingencias que vienen del ambiente.

La ideología ultra-neo-liberal encuentra su máxima exacerbación en los países de cultura anglosajona y se propaga al resto de países con más eficacia que un coronavirus. Al fin y al cabo, son esos países los que cortan el bacalao. Bueno, pues esa ideología nos invita a confiar ciegamente en nuestras propias capacidades (minipunto para el sistema) a un precio realmente perverso: si fracasas es que no te has esforzado lo suficiente, no eres lo suficientemente válido, los que lo han conseguido deben su éxito únicamente a sus propios méritos. ¿Me aceptas un consejo? No confundas el esfuerzo con los méritos, prepárate un poquito para el fracaso mientras sueñas con el éxito que te mereces y, a falta de un buen padrino, que sea lo que tenga que ser. 

3. Querer es poder 

Esta creencia tóxica, empalagosa y delirante es gemela siamesa de la anterior. ¿Piensas así? Pues, qué puedo decirte… ¡buena suerte! Si crees que exagero solo tienes que conectarte un ratito a tus redes sociales y dejar que las pamplinas de los cientos de coaches que proliferan por ahí vayan destilándose por tu pantalla con su brilli-brilli inspirational que percibirás como una caricia paternalista antes de seguir observando tu vida miserable. 

Porque la actitud es importante pero no siempre es lo que cuenta. Porque el célebre never give up que todo estadounidense que se precie ha interiorizado a fuego desde que una comadrona le puso una mano encima por primera vez esconde a menudo el mandato perverso de no aceptar que has sido derrotado (de momento). 

Porque creer irreflexivamente que querer es poder es puro y duro pensamiento mágico, más propio de una tribu neolítica o, simplemente, de un niño pequeño en proceso de madurar, que de un adulto conectado con la vida real. Siento ser aguafiestas pero esforzarse, querer mejorar, intentar superarse y demás ejercicios magníficos nunca deben llevarnos a creer que somos capaces de cualquier cosa que nos propongamos porque eso es, con todas las letras, mentira, individualismo mágico. Es negar la poderosa influencia del ambiente, desoír la sabia máxima orteguiana según la cual un ser humano es él mismo y sus circunstancias, de modo que si no las salva a ellas no se salvará él. 

4. Tanta gente no puede estar equivocada a la vez 

Las mayorías son soberanas y eso equivale a que, por sí mismas, siempre tienen la razón. Claro. Porque el consenso es igual a la verdad. Porque mayoría es igual a lucidez. Porque el sueño de una democracia perfecta es una maravilla que jamás producirá ningún monstruo. Por eso, si tanta gente piensa algo tanta gente no puede estar equivocada a la vez. En realidad soberanas sí que son, las mayorías, qué remedio. Acertadas, ya veremos. ¿No te lo crees? Abre un libro de historia cualquiera al azar o, mejor aún, pon la tele, sal a al calle, conéctate a Twitter y ya si tal me cuentas tus conclusiones. 

5. El ser humano es, ante todo, racional

Por encima de todo, siempre y en todo lugar, lo que más guía el comportamiento humano es la lógica. Por eso fumamos a pesar de saber que es malo y comemos todo lo que no nos conviene a pesar de que sabemos de sobra lo perjudicial que es. Por eso conducimos a pesar de haber bebido, o nos metemos en vehículos que llevan al volante a personas a quienes no conocemos y nos comemos platos preparados por personas que no sabemos cómo son ni dónde están. Por eso embarcamos en barcos y aviones sabiendo que pueden hundirse o estrellarse. Por eso encendemos barbacoas rodeados de árboles. Por eso seguimos destruyendo el medioambiente a pesar de que no tenemos otro medioambiente en el que vivir. Por eso funcionan tan bien (modo #ironía sangrienta# on) las campañas públicas de educación sexual, por no hablar de que las que pretenden eliminar el consumo de drogas. Por eso dilapidamos nuestros ingresos en la compra de una casa que no será completamente nuestra hasta dentro de cuarenta años y nos casamos muertos de amor sin haber firmado la pre-cep-ti-va separación de bienes. Por eso tomamos el sol durante horas para estar más guapos a pesar de que sabemos todo lo que hay que saber sobre el cáncer de piel y el envejecimiento prematuro. Por eso… Por eso mientras no entendamos que la conducta humana está mediada por múltiples factores y que la lógica es solo uno ellos seguiremos haciendo el ridículo como especie.  

6. Cualquier trabajo que no sea sexual es decente

La prostitución es un oficio que siempre y en cualquier circunstancia es denigrante para la naturaleza más profunda y la dignidad espiritual de todas las personas que lo ejercen. Limpiar la mierda, el pis y los vómitos del baño infecto de un bar de mala muerte por dos duros es un trabajo digno. Entregar tu alma a una cadena de ropa mala y copiada que te explotará todo lo que pueda por un puñado de euros, estrangulando tus horarios sin pagarte a cambio como es debido e impidiendo que te desarrolles en cualquier otra actividad porque lo importante son “las necesidades de la tienda” es un trabajo honroso. Untar la tierra con asfalto hirviente en pleno verano para que el ritmo de los coches no se detenga, dirigir el tráfico quedándote sordo y disolviendo tus pulmones, buscar carbón en una mina para que no falte el calorcito en las chimeneas más anticuadas del país, son algo de por sí decente, algo que honra la dignidad humana. ¿Significa eso que el trabajo sexual es decente y que el discurso oficial al respecto está equivocado? Esa conclusión la dejo a tu propia reflexión, ya que yo no estoy hablando del oficio más viejo del mundo sino de las múltiples formas en que la indignidad -cada vez peor maquillada- se incrusta en nuestra vida laboral. Bien haríamos en afinar mejor a la hora de calificar como justo, decente y digno un trabajo… porque las cosas no siempre son lo que queremos que parezcan. 

7. De todo se aprende

Que el verdadero aprendizaje pasa por la experiencia emocional propia es algo de lo que cada día estoy más convencido. Nadie escarmienta en piel ajena y, como apuntara el bueno de Cervantes, no hay libro malo que no contenga algo bueno (o algo así, no he podido acceder a la cita original). 

Pero de ahí a perseguir obsesivamente la lección que se esconde detrás de todas las pequeñas molestias y grandes desgracias con que está salpicada toda biografía, a creer que existe una lección esperando a ser aprendida detrás de cada cosa mala que nos ocurre en la vida, hay un distancia respetable. Porque, aunque haya un aprendizaje potencial en todo lo que nos ocurre, en realidad no siempre somos capaces, ni queremos serlo, de incorporar esa sabiduría. 

Pretender que las desgracias y sinsabores de una vida son mensajes encriptados que el destino, Dios, el cosmos nos envían con el objetivo de que crezcamos, de que aprendamos algo, puede ser una creencia muy respetable que ayude a algunas personas a seguir adelante, pero nunca debe establecerse como algo obligado y esperable para todos. Porque una persona tiene derecho a no aprender nada de aquella ruptura dolorosa, puede no encontrar la lección a aprender en la muerte de su ser querido, puede ser incapaz de encontrarle el sentido a que su casa se derrumbara por una negligencia que alguien cometió en la obras de al lado. Y me parece perfecto. 

Algún día todo este dolor te será útil es el título exquisito de un no menos exquisito libro escrito hace unos años por Peter Cameron (¿no lo has leído? ¿y tú te crees moderno? ¡corre y sal a comprarlo!), pero no lo tomemos como una norma rígida y universal para la vida humana. 

8. Oriente es lo único milenario que existe

Existe en nuestra sociedad la tendencia a considerar que, más allá del Mediterráneo, allá donde los Urales pierden su casto nombre y un poco antes de que acaben los dominios del sol naciente, existe una sabiduría especialmente sabia, una historia particularmente historiada, una espiritualidad peculiarmente espiritual que hunden sus raíces en la noche de los tiempos, unos tiempos que solo existen allí y que, por antiguos, convierten en oro molido todo lo que nos llega desde el lejano oriente

Es, en definitiva, la  tendencia a creer que lo único milenario que existe sobre la faz de la Tierra son las culturas orientales. Lo que viene de oriente tiene valor y es fascinante porque viene de una cultura milenaria. Sin embargo, aunque no te lo parezca porque perteneces a ella y la tienes más que vista, tu cultura occidental también es milenaria, también es sabia, rica y profunda a su manera, dejando al margen sus múltiples aberraciones. Fascinarse con lo lejano y exótico a veces es inevitable pero, mientras lo haces, no pierdas de vista que a veces en lo más cercano te esperan esas mismas riquezas. 

9. La orientación sexual es privada

Y por eso yo no tengo por qué hacer ninguna alusión pública, ni en el trabajo ni en ninguna otra circunstancia, al tipo de personas que me atraen sexualmente, ya que eso no es asunto de nadie. ¿De nadie? Al contrario: ¡es asunto de todos!

No en vano, los y las heterosexuales del mundo llevan milenios enseñándonos que no hay nada más público y de lo que se pueda hablar más desenfadadamente que la orientación sexual, incluso con niños muy pequeños. Es más, se alienta, se motiva y se hacen constantes esfuerzos para que la gente hable de ello. Porque cada vez que un hombre habla de su novia (o de sus no-novias, tú ya me entiendes), cada vez que una mujer habla de su novio (o de sus no-novios) de cualquiera de las maneras en que se puede hablar de esto, están haciendo pública su orientación sexual. 

Hay un necio dentro de todo ser humano y eso es inevitable

Es decir, están dando por hecho que es un tema del que se puede hablar con total naturalidad, sin que se les pregunte al respecto. Y si ellos lo hacen, ¿por qué los demás no? Nota: lo que es privado es qué te gusta hacer en la cama, con quién concretamente lo sueles hacer, por dónde, cuántas veces, en qué sitios… Eso es lo privado. Pero si te gustan los hombres o las mujeres, así, a palo seco, es un dato perfectamente publicable en cualquier sociedad democrática. Es decir, susceptible de que lo puedas compartir con otra persona (en eso consiste «hacer público») desde la espontaneidad y naturalidad, ni siquiera con un ápice de militancia o intención. Si no es así, o el problema lo tiene la sociedad en la que vives o (no lo descartemos) el problema lo tienes directamente tú

10. El parentesco garantiza los afectos

Cuanto más alto el grado de parentesco, más estrecho y positivo el afecto. Así pues, como somos padres e hijos nos tenemos que querer muchísimo, pase lo que pase, de la misma manera que entre hermanos y primos es obligado quererse y llevarse bien, con simpatía y complicidad a prueba de bombas. Sucederá seguro. Por muy diferentes que seamos. Por muchas perrerías que nos hagamos entre nosotros. Aunque no manifestemos ningún interés en vernos ni disfrutemos gran cosa del tiempo que compartimos. 

Pues lo siento por los defensores de la perfección de todo lo familiar, pero esto no va así. ¡Qué me dices! Lo que oyes. Ni el parentesco garantiza la calidad de los afectos ni obliga a sentir afinidad hacia alguien. Ser personas amables, es decir, susceptibles de ser queridas, interesadas en el otro, cuidadoras del otro, simpáticas e interesantes, generosas y divertidas, eso sí, eso sí es un mejor predictor de cuánto nos querremos. Porque que seas mi padre, o mi hijo, o mi prima la del pueblo, no hará por sí solo que me muera de ganas de ir a verte. Para que eso suceda tienes que ser alguien a quien apetezca ir a ver, con quien sea agradable estar, no solo alguien que comparta conmigo los apellidos y un puñado disperso de genes.  

Todos decimos y pensamos múltiples tonterías a lo largo del día. Cuesta admitirlo, lo sé, pero hay (al menos) un necio dentro de todo ser humano y eso es inevitable. Ahora bien, si te lo propones, puedes mantenerlo a raya y evitar que se multiplique. Se trata de detectar esas creencias erróneas, infundadas o injustas con las que te mueves por la vida. Esas bobadas que te has creído y que, aunque no te provoquen grandes dramas, tampoco contribuyen a alimentarte. Aquí te hemos dado 10 ejemplos más o menos inocentes pero, si la lista se te complica, entonces ponte en manos de un psicólogo. Cambiar será emocionante, te lo prometo. 

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