10 signos de salud mental que debes potenciar

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«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». No lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la Salud, que de esto sabe un poco. 

Bajo este presupuesto, al menos en teoría, es como se diseñan las políticas públicas de promoción de la salud, los planes de estudio para profesionales sanitarios y las leyes que protegen el derecho a la salud de toda la ciudadanía. 

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Este planteamiento incluye, como acabamos de ver, a la salud mental o el bienestar psicológico, como tú quieras llamarlo. Obviamente, la salud mental implica la ausencia de perturbaciones que hagan pensar en la presencia de un trastorno. Que la persona no se encuentre mal, es decir, que -dentro de lo razonable- no presente signos ni síntomas de padecer una enfermedad mental. 

Una persona que vive en permanente conflicto con los demás no parece gozar de muy buena salud mental

Sin embargo, como el bienestar psicológico es algo más que la ausencia de enfermedad mental es importante también que veamos qué tiene una persona con buen estado de salud mental y no solo qué no tiene. No es un asunto fácil de delimitar: ¿cómo sabemos que alguien goza de un buen estado de salud psicológica? Podemos decir que se encuentra bien, que funciona bien, que no tiene problemas, que no los causa a otros… Los indicadores de presencia de salud mental son diversos y de muy distinto tipo. 

A continuación vamos a mencionar 10 signos de salud mental que puedes tener en cuenta a la hora de calibrar el estado de bienestar subjetivo de una persona. Evidentemente no es una lista perfecta y ninguna enfermedad mental sería diagnosticable solo con echar un vistazo a esta lista y decidir que alguien “no presenta ese indicador”. La salud mental no funciona de una manera tan simple. De hecho, muchas personas pueden no presentar estos 10 síntomas y gozar de buena salud mental, mientras que otras pueden presentarlos todos o casi todos y, sin embargo, tener una salud mental más bien “normalita”. 

También es verdad que cuanto más alto puntúe alguien en estos indicadores y cuantos más tenga en su lista con buena “puntuación”, cabe pensar que mejor se encontrará. Por tanto, puedes tomarte estos 10 factores como pistas para decidir si tú o alguien a quien conozcas tiene, en términos muy generales, un buen estado de salud mental y, sobre todo, como aspectos de tu vida a cuidar para potenciar tu bienestar psicológico

1.Calidad del sueño y de la alimentación

Evidentemente puedes dormir bien y tener una dieta saludable y no tener un buen estado de salud mental. Más allá de la obviedad, piensa que las alteraciones continuadas en estos aspectos pueden reflejar -si son significativas- que algo está fallando en nuestra salud. Uno de los problemas que más perjudican al sueño y la alimentación son los altos niveles de ansiedad y estrés (lo que en el lenguaje de la calle simplificamos como “preocupaciones”), además de la presencia de sintomatología depresiva. Estas situaciones, literalmente, nos quitan el sueño o nos hacen dormir de más. También, por ejemplo, nos hacen comer de una manera más desordenada o compulsiva. 

2.Calidad de las relaciones

A menudo se dice que el ser humano se caracteriza por ser social. Es cierto pero, sobre todo, se caracteriza por ser relacional: nos construimos en infinidad de “tú a tú” y sus combinaciones.  De este modo, no estamos diseñados para ir siempre por libre, como un ermitaño que viviera solo en una cueva, sino para sobrevivir gracias a la interdependencia y la colaboración mutua con las personas que tenemos alrededor.

Hay personas que son más sociables y extrovertidas y otras, en cambio, son más solitarias. También hay personas que tienden a llevarse bien con los individuos de su entorno y otras que resultan más problemáticas y establecen vínculos más basados en la antipatía o la agresividad. Este segundo caso no es definitorio de ninguna enfermedad mental por sí mismo, pero sí es un indicativo interesante a la hora de reflexionar sobre cómo de bien se encuentra consigo misma y con el mundo una persona que vive en permanente conflicto con los demás. Desde luego, no demasiado bien. 

3.Tolerancia a la soledad

Somos seres relacionales y nuestra supervivencia depende de que interactuemos con nuestros semejantes y compartamos actividades con ellos. Sin embargo, la vida normal y la salud mental requieren de parcelas de soledad y autonomía para poder desarrollarse. Eso significa que, lo queramos o no, hay momentos del día en que nos vemos obligados a estar solos o a realizar sin ayuda de nadie alguna actividad.

También puede ocurrir que haya épocas de nuestra vida en que, en comparación con otras, abunden la soledad física y el silencio. Aunque disfrutemos de la compañía de otros y la añoremos en algunas ocasiones en que no la tenemos, es importante tener la capacidad para aguantar el tirón de la soledad y aprovecharla constructivamente. Mientras la soledad no se convierta en aislamiento -muy perjudicial para la salud mental- es importante que sepamos convivir con ella. 

4.Rendimiento adecuado en las responsabilidades

Uno de los indicadores de que nuestra salud mental se puede estar resintiendo en algún aspecto es la aparición de dificultades continuadas para atender de manera adecuada nuestras responsabilidades. Todos podemos tener un mal día o una mala semana, pero cuando las faltas al trabajo, la negligencia en el cuidado de personas a nuestro cargo, la falta de asistencia a nuestros estudios o, por ejemplo, la repetición de conductas de riesgo para nuestra integridad física se repiten sistemáticamente debemos pararnos a pensar qué está ocurriendo y tomar medidas antes de que las consecuencias sean realmente negativas. 

5.Tolerancia al aburrimiento

Al igual que hay que saber estar solos de vez en cuando, cierta dosis de aburrimiento en la vida debe ser tomada como inevitable e, incluso necesaria para una existencia normal. Cierto: estamos entrenados para lo contrario, para hacer y producir sin parar, para que el ruido no deje lugar al silencio y las agendas llenas no dejen espacio para los vacíos insulsos. Pero no hay nada de natural en eso: moverse es natural, hiper-actuar porque no soportamos el vacío no tanto. Tolerar el aburrimiento no quiere decir que nos conformamos con llevar vidas vegetativas e insípidas, sino que no entramos en caos ni angustia solo porque no tengamos “nada que hacer”.

Es incómodo, desde luego, pero no es tan terrible si lo entendemos como una oportunidad para descansar, para hacer algo que hemos estado posponiendo, para ir más despacio o para dar rienda suelta a la imaginación y la creatividad. Recuerda: no es muy saludable que tu vida se convierta en una huida sin cuartel del aburrimiento. 

6.Buen estado de ánimo

Un buen estado de ánimo no quiere decir estar todo el día como unas castañuelas o de chiste en chiste. Podemos ser personas serias, sobrias y discretas y, por supuesto, tener un ánimo excelente. Más bien podríamos definir la cuestión por eliminación: dentro de la idiosincrasia de cada individuo, un buen estado de ánimo o de humor, consiste en no estar permanentemente amargado, triste, enfurruñado, melancólico o tenso. Entre otras cosas. Quienes están así, claramente, no están en su mejor momento de salud mental.

7.Predominio de tranquilidad sobre preocupación

En relación con lo que acabamos de decir, podemos afirmar que un indicador -entre otros muchos a tener en cuenta- de buena salud psicológica es la tranquilidad del ánimo. Tranquilidad es lo que sentimos cuando las cosas están hechas, cuando tenemos confianza en el futuro y, sobre todo, cuando no pretendemos controlarlo todo ni vamos percibiendo amenazas o problemas detrás de cada esquina. Tiene que ver, por tanto, con la confianza pero también con la seguridad, es decir, con la ausencia de miedo. Por supuesto, también está relacionada con no tener una activación interior (la palabra técnica es arousal) demasiado elevada de manera sostenida, lo cual sería propio de un nivel excesivo de ansiedad

8.Ajuste biográfico

Cuando hablamos de salud mental, es decir, de bienestar psicológico, podemos describirlo también en términos existenciales, observando qué relación tiene la persona con los tres tiempos de su vida. Sean cuales sean las circunstancias, si asumo mi pasado como lo que fue y no puedo cambiar, si pongo mi atención en mi presente como el momento sobre el que tengo control acerca de las cosas que me ocurren y tengo una visión optimista y confiada respecto a mi futuro, es muy probable que me encuentre más bien que mal conmigo mismo y con el conjunto de mi vida hasta donde soy capaz de observarla.

Tranquilidad es lo que sentimos cuando las cosas están hechas, cuando tenemos confianza en el futuro y cuando no pretendemos controlarlo todo ni percibimos problemas detrás de cada esquina

Por el contrario, vivir melancólicamente mirando atrás o desalentado por lo que ha de venir mientras mi presente solo es una pequeña tortura cotidiana en la que voy tachando días parece que apunta en la dirección de mala salud mental, es decir, de poco bienestar. 

9.Capacidad para disfrutar

Como decíamos al hablar del humor o del estado de ánimo, personalidades hay de muchos tipos y también maneras de disfrutar. Pero que disfrutar de la vida, en general, es un signo de buena salud y que no disfrutarla es un signo de mala salud eso ya lo vemos más claro. Evidentemente disfrutar no quiere decir encontrar placer en cualquier cosa ni a cada momento. Quiere decir que la persona conserva la capacidad de apreciar la belleza, el talento y la calidad de las cosas, dentro de sus gustos, sus intereses y sus capacidades. Cuando nada nos parece bien, ni divertido, ni sabroso, ni apetecible ni interesante entonces debemos empezar a pensar que nuestra salud mental se está resintiendo. 

10.Autoestima sana

No podíamos acabar un artículo sobre señales que nos indican, a grandes rasgos, la presencia o ausencia de salud mental sin hablar de una de las joyas de la corona de este tema: la autoestima. Es importante resaltar que no estamos hablando de autoestima alta ni de autoestima baja, sino de autoestima sana, es decir, en una medida que permita al individuo vivir con normalidad y tener relaciones saludables (ten claro que ir por la vida creyéndose el rey del mundo, o del mambo o la reina de los mares no ayuda en absoluto a lograrlo).

Una autoestima demasiado alta puede ser un indicativo de narcisismo mientras que una autoestima demasiado baja suele estar asociada a trastornos del estado de ánimo, entre otras cosas. Por eso es importante no pasarse ni por arriba ni por abajo, y tampoco fiar todo nuestro bienestar subjetivo a estar absolutamente encantados de conocernos: podemos no estarlo en absoluto y, sin embargo, asumir lo que somos, disfrutar de la vida y no establecer relaciones dependientes. 

Lo importante es que, pase lo que pase sepamos observarnos y, sobre todo cuando detectemos que nuestra salud mental se resiente, ponernos en manos de un buen profesional, es decir, un psicólogo de verdad que pueda ayudarnos a reajustar esa situación.  

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