Cómo superar una infidelidad

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Uno de los mayores retos a los que se puede enfrentar una pareja es la gestión de una infidelidad. Aunque hay quien distingue diferentes tipos de infidelidades o grados en que alguien puede ser infiel, en general consideramos que alguien es infiel cuando rompe el pacto implícito o explícito de mantener relaciones sexuales solo con su pareja. Es decir, más allá del pensamiento y las palabras, la infidelidad definitiva normalmente es la consumada a través de un comportamiento concreto. Sea como sea, se trata de la transgresión por excelencia que puede llevarse a cabo dentro de la relación de pareja y suele dar lugar a enormes crisis personales, especialmente en la parte afectada. 

Manejar todo lo que una infidelidad puede remover en nosotros -tanto si la cometemos nosotros como si somos la parte agraviada- no es fácil, ya que lo ocurrido nos pone frente al espejo de nuestro proyecto de pareja. ¿Cómo ha llegado a ocurrir esto? La pregunta martillea las cabezas de los protagonistas. Pero, sobre todo, ¿qué significa el hecho de que esto haya ocurrido? Efectivamente, varios interrogantes llegan a apelotonarse entre las respectivas mesillas de noche. La mayor parte de ellos pueden tardar todavía algún tiempo en contestarse. 

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Hace falta algo más que una infidelidad para acabar con una relación, pero debéis hablarlo con calma

Aunque eso no significa que desaparezcan las dudas ni que se vea todo con claridad, para algunas personas el descubrimiento oficial de una infidelidad puede marcar directamente el punto y final de la relación. Es lo que en fútbol llamaríamos una “roja directa”. Cuando esto ocurre es porque respetar al 100% el pacto de exclusividad sexual dentro de la relación es uno de los puntos innegociables de ese tipo de relaciones, algo que las define completamente. Lo has adivinado: la mayor parte de las parejas funcionan bajo este principio. Al menos en la teoría. 

Sin embargo, sabemos que en la realidad las cosas no siempre son tan definitivas ni tan definitorias. Eso quiere decir que, más veces de las que podríamos imaginarnos -o más veces de las que queremos imaginar- hace falta algo más que una infidelidad para acabar con una relación. En otras palabras, muchas parejas afrontan de manera implícita o explícita esta crisis y la superan con mayor o menor éxito. Puede que incluso tú te hayas visto en esa situación o que, lo creas o no, te veas en ella en el futuro. 

La cuestión de fondo es si vamos a poder seguir juntos después de lo ocurrido o no, y eso va a depender de factores muy diferentes. En primer lugar, hay que tener en cuenta la calidad del vínculo de la pareja antes de que se produjera la infidelidad, es decir, si estábamos muy unidos o, en realidad, no tanto. También es importante determinar “fríamente” qué ha ocurrido, ya que no es lo mismo descubrir que tu pareja te ha sido infiel una única vez que enterarte de que lleva dos años en una relación paralela. Otra cuestión que hay que tener en cuenta es la manera en que se descubre el pastel, porque eso va a influir en la percepción de haber sido engañados. Piensa que descubrir de repente a tu pareja con otra persona en vuestra cama, lo cual puede llegar a ser muy traumático, no es lo mismo que si tu pareja voluntariamente decide sincerarse y explicarte punto por punto que “hay un par de cosillas” que quiere comentarte. Por último, también juegan un papel muy importante las propias características de personalidad de cada uno, que influirán en el nivel de dolor que sentirás si descubres una infidelidad por parte de tu pareja y también en tu capacidad para recuperarte de ello de manera saludable. 

Sea como sea, si al final la vida os da la bienvenida al no-tan-maravilloso mundo de las infidelidades, tarde o temprano vais a tener que afrontarlo, aunque sea en forma de bronca del siglo. Si optáis por la versión civilizada y, sobre todo, no le sacáis la tarjeta roja directamente a vuestro cónyuge, lo que vais a iniciar es un proceso de discernimiento para decidir cómo será vuestra relación a partir de lo sucedido

No será un camino fácil, pero si sois lo suficientemente maduros (sí, seguro que lo sois) lograréis llegar a un punto suficientemente razonable para ambos. Siempre podéis recurrir a una terapia individual o de pareja para que un profesional os ayude paso a paso a llegar a ese punto. De todos modos os dejamos algunos consejos que esperamos que os resulten de utilidad en este momento de vuestra relación. 

1. Cread vuestro propio modelo de pareja

Partiendo de la relación que hayáis tenido hasta ahora y que, por supuesto, no se disuelve en la historia solo por lo que ha ocurrido, ahora toca re-diseñar la pareja. Si decidís que (de momento) no cortáis estáis decidiendo que (de momento) seguís juntos. Para ello, tendréis que pensar y compartir uno con otro qué queréis ser a partir de ahora. Se trata de elaborar conjuntamente un marco diseñado por vosotros y adecuado a vuestros principios, valores y necesidades, que os ayude a delimitar y entender qué se puede y qué no se puede hacer en la relación, por ejemplo respecto al tema de la sexualidad. Si vuestra historia no ha finalizado con lo que ha ocurrido quiere decir que hay nuevos capítulos por ver, pero la nueva temporada no puede partir de cero, sino que su trama tiene que encajar de manera coherente con los episodios anteriores sin quedar anulada por ellos. 

2. Tomad nota del mensaje

Aprended a leer los mensajes de la infidelidad o de las ganas de ser infieles. En ambos casos estáis frente a un síntoma de algo que está ocurriendo en la relación. Cada uno tiene que examinarse a sí mismo y hacer su propio análisis sobre cómo se ha llegado a esa situación. Particularmente, quien ha cometido la infidelidad tiene que hacer consciente con total honestidad -si es que no lo ha hecho ya- cómo es que ha ocurrido esto. Normalmente la explicación de (causalmente) bebí de más y (casualmente) perdí la conciencia y (casualmente) para cuando me di cuenta aquello ya estaba sucediendo no suele ser suficiente. Tomar nota quiere decir ser responsables, es decir, asumir las consecuencias de los propios actos. Si aún no ha ocurrido nada pero estás claramente en la fase de tentación, o si te planteas continuar con la aventura que has iniciado, recuerda que las infidelidades pueden poner en riesgo injustamente la salud de tu pareja, al contrario de lo que sucede en una relación abierta adecuadamente gestionada, donde estos riesgos se conocen y asumen de manera consciente y responsable por parte de ambos.

3. Confiad de manera realista

Reflexionad sobre el nivel de confianza que tenéis en vuestra pareja, tanto si la infidelidad ya ha ocurrido como si no. Recordad que la confianza tiene que ver con las creencias acerca de lo que el otro puede/quiere hacer y sobre la capacidad de control que yo me atribuyo sobre ello, algo en lo que a veces tenemos una expectativa desmesurada. Hay un capítulo muy bonito -vale, todos lo son- de la serie Cinco Hermanos en el que dos de sus protagonistas acuden a terapia de pareja tras atravesar un episodio de infidelidad. Ella le pregunta al terapeuta “¿Cómo puedo saber si él volverá a hacerlo o no?” El terapeuta le responde sin pestañear: “No puedes. Igual que él no puede tener la certeza de que no le castigarás toda la vida por haberlo hecho”. Quizá las frases no eran exactamente así, pero el mensaje era este. Y es totalmente cierto.

4. Duele, pero no tengáis prisa

Si ha ocurrido una infidelidad y aún no sabéis qué consecuencias tiene eso para vuestra relación, tomaos el tiempo que sea necesario para reflexionar al respecto. No deis por hecho que lo que ha ocurrido tiene que ser el final de la relación, aunque hayáis pasado toda vuestra vida pensando que sería así. Tampoco deis por hecho que la relación debe continuar, mucho menos a cualquier precio. Disponed de tiempo y calma suficientes para evaluar cómo os remueve lo sucedido y qué importancia real (no esperada, no la que tendría para otras personas) tiene para vosotros y decidid desde ahí, no desde lo que en teoría se espera que tenga que ocurrir.

5. Si os comunicáis, comunicaos de verdad 

Hablad con franqueza y confianza de lo que ha ocurrido. Es doloroso pero imprescindible para tomar una decisión informada y reflexionada sobre el futuro. Tened en cuenta que la comunicación es un proceso que, en temas importantes, no suele limitarse a una única conversación. Por eso, según avancen vuestros procesos interiores habrá que ir abordando en diferentes conversaciones o intercambios los diferentes matices del reto que tenéis por delante. Trascended la ira o la tristeza en la medida de lo posible y escuchaos con respeto. Es la única manera de no salir mutuamente destruidos de lo que ha ocurrido. 

La infidelidad debe ser leída como una estrategia de afrontamiento de un conflicto dentro de la relación

6. Perdonar no es de avestruces

Si lo que te planteas es perdonar una infidelidad de tu pareja recuerda que perdonar no es exactamente lo mismo que dejar pasar, es decir, que hacer como que no ha pasado nada, tolerar o mirar hacia otro lado. Si estas últimas son tus opciones, fantástico, es perfectamente legítimo mientras eso encaje en tu proyecto de pareja (ese marco del que hablábamos al principio y que tiene que ver con tus valores, principios y necesidades). Es decir, si tu modelo de pareja indica que hacéis vuestra vida por separado pero “hacéis como que no” y eso os va bien, adelante. Pero si no, ten por seguro que mirar hacia otro lado o hacer como que no pasa nada pueden ser útiles para sobrevivir pero no para vivir de manera óptimamente satisfactoria el resto de tiempo que os quede juntos. El perdón es un proceso que requiere ciertas condiciones diferentes en cada persona pero que nunca tiene sus raíces en hacer como que no ha ocurrido nada. Es difícil, no pretendas conseguirlo en unos pocos días. 

Comprender por qué se ha producido la infidelidad requiere entenderla como una estrategia de afrontamiento de una tentación, una crisis en la relación, un enfado con la otra persona o una incapacidad -temporal o recurrente- de mantener los compromisos sexuales de la relación. ¿Es la manera más adecuada de afrontar todo eso? Desde luego que no, pero tanto si ya está hecho como si está a punto de ocurrir hay que leerla de esta manera. Si no sabes cómo hacerlo por tus propios medios, recuerda que los psicólogos estamos aquí para orientarte con ello. ¡Cuenta con nosotros!

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