5 fenómenos psicológicos en tu papeleta electoral

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Hoy es 3 de noviembre. Probablemente esa fecha no te diga gran cosa por sí misma. Si te decimos que hoy es el primer martes después del primer lunes de noviembre quizá siga sin decirte nada. 

Sin embargo, si estás leyendo la prensa habrás visto que este martes se celebran las elecciones presidenciales en Estados Unidos, cuya Constitución marca precisamente este día (el primer martes después del primer lunes de noviembre) como el momento para elegir al presidente cada cuatro años. 

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Seguro que no te revelamos nada nuevo si te recordamos que en la elección de 2020 se la juegan dos hombres blancos de 74 y 78 años de edad.  Donald Trump, presidente en el cargo, es el candidato del partido republicano y se juega su reelección. Joe Biden es el candidato del partido demócrata y aspira a arrebatarle la presidencia. 

Si hay algo que es poco «100% racional» es el voto por un determinado candidato en unas elecciones

Los análisis políticos los tienes en los periódicos, la televisión y las redes sociales. Lo que nosotros queremos hacer es aprovechar que hoy son las elecciones en Estados Unidos para analizar 5 fenómenos psicológicos que están presentes en todos los electores de todas las elecciones democráticas del mundo. 

Si creías que votar solo es meter un papel en un sobre y este sobre en una urna estás equivocado y a continuación te vamos a explicar por qué.

1.Creencias, ideas y opiniones

Si hay algo que marca la conducta de un elector es su ideología. Es decir, las ideas políticas más o menos elaboradas que tenga en su mente y con las que se mueva por la vida. Por supuesto, estas ideas están aderezadas con opiniones, creencias diversas, juicios de valor, principios morales y todo tipo de contenidos mentales que podamos considerar. 

A veces las creencias y pensamientos políticos con los que participamos en unas elecciones están muy claros. En otras ocasiones, son de carácter bastante inconsciente. También puede ser que unas creencias resulten contradictorias con otras o que no sepamos bien en qué momento las hemos incorporado a nuestro repertorio psicológico. 

Por ejemplo, puedo votar a un personaje con el que no me une absolutamente nada pero, sin embargo, siento una extraña afinidad, o elegir a alguien que -aunque yo no lo quiera admitir- defiende ideas que son muy contrarias a la realidad que yo o mis seres queridos vivimos cada día. Pero es que no todo en el voto obedece a la lógica, de hecho ahora vamos a explicarte por qué. 

2.Emociones y conducta electoral

No todo obedece a la lógica en la conducta electoral porque, junto con la supuesta ideología, el otro gran pilar que sostiene el comportamiento de un elector es, sin duda, su mundo emocional

De hecho, a mucha gente le gusta creer que vota a un candidato u otro en virtud de un razonamiento objetivo, intelectual y lógico, pero en realidad sus preferencias políticas están muy influidas por las emociones que los distintos candidatos, sus partidos y sus seguidores despiertan en él. 

A veces como electores nos sentimos desanimados o sin horizonte. Percibimos que nuestro voto no influye nada en en el resultado de las elecciones o en el devenir del país. Caemos entonces en un famoso fenómeno psicológico: la indefensión aprendida, que es básicamente lo que sentimos cuando llegamos a la conclusión de que nuestra conducta no influye en el ambiente y que, hagamos lo que hagamos, nada cambiará. 

Otras veces decidimos acercarnos al colegio electoral porque sentimos confianza en el poder de nuestro voto. Además de movidos por las ideas, en estos casos también votamos motivados por el miedo a que gane el candidato que no nos gusta, la esperanza respecto al futuro que promete el candidato que preferimos o el enfado generalizado que sentimos hacia el sistema, que puede llevarnos a votar desde la rabia o los deseos de venganza. En definitiva, si hay algo poco frío en la vida, incluso poco “100% racional”, es la papeleta que depositamos en la urna. 

3.Sentido de pertenencia

Las elecciones son uno de esos momentos de gran reunión como país, como sociedad. Son las ocasiones en las que la gente tiene un cierto sentido de participación en el desarrollo de la sociedad de la que forma parte. 

Siempre que un elector se lo toma en serio siente que su voto es la respuesta activa a una pregunta que, metafóricamente, le hace su país: ¿hacia dónde te parece que es mejor que vayamos todos durante los próximos cuatro años? 

Además de lecturas políticas, sociológicas o antropológicas, esto tiene una importante dimensión psicológica que podríamos resumir en la idea de “sentido de pertenencia”. Dicho sentido consiste en cuánto un individuo se identifica con el grupo dentro del que desarrolla su vida y en el grado de implicación con que participa en la vida de ese grupo. Votar es muchas cosas: entre otras, afirmar que se pertenece a un grupo con pleno derecho a través de la participación política. 

4.Necesidad de autoafirmación

Hablando de afirmaciones y de indefensiones aprendidas: ¿qué es el voto sino un medio para reivindicar nuestras opiniones y necesidades de manera pacífica? A través de la vida política y la participación en sociedad, esto tiene que ver con una importante necesidad relacional que todos los psicólogos observamos en cualquier ser humano: la necesidad de autoafirmarnos. Esta necesidad implica expresar nuestros gustos, intereses, necesidades y proyectos de vida delante de los demás y sin que estos los aplasten, sino que les dejen espacio suficiente para desarrollarse. 

Cuando votamos no estamos afirmando o reivindicando solo cuestiones organizativas o burocráticas, sino que estamos expresando el tipo de personas que somos y la manera en que deseamos que nos trate la sociedad en que vivimos. 

5.Capacidad de liderazgo

Cualquier proceso electoral implica que los candidatos someten a juicio sus programas pero también se someten a juicio a sí mismos a nivel personal. En efecto, se exponen a que todo un electorado los evalúe más o menos concienzudamente y emita una opinión favorable o bien los condene y rechace. 

En nuestra conducta electoral influye nuestra ideología, pero también las emociones que despierta en nosotros un determinado candidato

Para lograr sus objetivos, los candidatos tienen que saber ser persuasivos y conectar con la mayor cantidad posible de votantes. Estos por su parte, evaluarán las propuestas que se les hagan, teniendo en cuenta la parte cognitiva y emocional que hemos descrito más arriba. A continuación, cotejarán a los candidatos consigo mismos para decidir si se sienten representados o no por aquellos y si les inspiran confianza, rechazo o indiferencia. Es decir, para decidir si se identifican lo suficiente con ellos y con las causas que defienden como para votar por ellos. Sin duda, toda votación es, entre otras cosas, un proceso de expresión y evaluación de diferentes estilos de liderazgo

Como te decíamos, hoy es martes 3 de noviembre de 2020 y al otro lado del Atlántico se deciden asuntos importantes y que, aunque tú no lo creas, van a tener enorme trascendencia también en tu vida. Cada uno de los 150 millones de electores que están decidiendo entre Donald Trump y Joe Biden lo están haciendo a través de los cinco ejes psicológicos de los que te hemos hablado. Sea cual sea el resultado, la parte psicológica de cualquier proceso electoral siempre es de las más fascinantes. 

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