3 consejos para un cambio radical

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 24 de octubre de 2017

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Llevar a cabo un cambio radical en nuestra vida es una estrategia de afrontamiento de algo que nos pasa y que, probablemente, tiene que ver con una insatisfacción profunda o un intenso deseo de mejorar.

En anteriores artículos hemos hablado de cómo reiniciar el curso tras las vacaciones, emprendiendo pequeños y grandes proyectos para continuar adelante motivados y con la sensación de vivir la vida que queremos vivir, lo que en psicología llamamos “vivir una vida auténtica”. Sin embargo, a veces no se trata “solo” de emprender un proyecto “para este curso”, una de esas cosas que se apuntan en una lista de buenos propósitos, aunque tenga una cierta relevancia (por ejemplo apuntarme a clases de baile, ir a terapia con un psicólogo, fomentar mi vida social).

A veces, nuestra reflexión y, sobre todo, nuestras necesidades nos conducen hasta la casilla de salida para algo más radical: un auténtico cambio de vida, como quien le da la vuelta a un calcetín.

Un cambio radical puede ser voluntario o sobrevenido por circunstancias externas. No todo el mundo emprende cambios radicales o tiene la buena o mala suerte de que la vida lo obligue a sufrirlos. Sin embargo, mucha gente sí puede relatar giros radicales (desde la raíz) en sus biografías, aquí te mostramos algunos ejemplos de ello:

-Sacerdotes, monjes o monjas que desean dejar de serlo… o seglares que se incorporan a la vida religiosa.

-Personas que, por diversos motivos, se mudan a otro continente, a un lugar con costumbres, leyes, clima, cultura e idioma diferentes.

-Hombres y mujeres que ingresan en prisión tras ser condenados… o que salen a la calle tras un tiempo cumpliendo condena. Desde luego, la libertad y la cárcel moldean la vida intensamente.

-Gente que se reinventa laboralmente de manera radical. Por ejemplo, alguien que deja su trabajo como corredor de bolsa en la gran ciudad y se dedica a cultivar un huerto ecológico en un pueblo casi deshabitado o a recorrer la India durante un año.

Testigos protegidos. Son personas que llevaban una vida normal pero que, tras presenciar un crimen y por la relevancia de lo que conocen, tienen que “desaparecer” de la vida oficial, cambiar de nombre, lugar de residencia, trabajo, etc. con el objetivo de seguir vivas.

-Personas que se arruinan económicamente y que tienen que renunciar a una vida acomodada y opulenta, para llevar una existencia completamente sencilla o, incluso, precaria y llena de privaciones.

-Tener un hijo (o dos, o más). Lo dice el lenguaje popular: tener un hijo te cambia la vida. Según esto, solo en España la vida le cambió a más de 400.000 personas el año pasado, que son las que tuvieron un hijo en 2016 ¿Te imaginas tener gemelos o trillizos?

-Iniciar un proceso de cambio de sexo (o modificar intensamente la expresión del género para adecuarla al sexo sentido). Piensa en quienes salen a la calle por primera vez vistiendo la ropa contraria a la que siempre han llevado, o que ven que su cuerpo ha sufrido un cambio físico radical tras una operación quirúrgica.

Estos son solo algunos ejemplos de cambio radical en el curso de una vida. Quizá lo que tú te traes entre manos no tiene mucho que ver con eso, pero no por ello es menos trascendente: cada uno cambia radicalmente su vida como considera.

Sea como sea, cuidado: si te estás planteando hacer un cambio radical en tu vida o ya estás en ello, aquí te indicamos 3 consejos para que lleves a cabo este proceso con conciencia plena.

  1. Recuerda que los cambios nunca vienen solos. “Radical” es una palabra muy intensa y, una vez iniciadas ciertas maniobras que nos conducen a una transformación radical de nuestros hábitos, espacios, círculos sociales… es difícil prever las consecuencias -y seguir teniendo el control- de algunas de nuestras decisiones. El escritor Truman Capote, se dice que parafraseando a Santa Teresa, hizo famosa la frase “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”. En el lenguaje popular esto se traduce como “Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad”. No te asustes, pero piensa bien en tus decisiones antes de emprenderlas, no se trata de jugar a ser adivinos de lo imposible pero sí de ponderar ciertos riesgos previsibles. Y luego, ¡a probarse!
  2. Diseña el cambio de manera realista. ¿Has visto Mary Poppins? Una vez que des el salto y hayas pasado de las lluviosas calles de Londres al mundo multicolor de los pingüinos que sirven cócteles y los caballitos que escapan de sus carruseles puede que, aunque deseado, ese aterrizaje no sea fácil. Que no cunda el pánico: los cambios, cuando son radicales, están llenos de novedades, es decir, de incertidumbre, que genera un alto malestar psicológico cuando aumenta. Si a eso le unes que ni siquiera el mundo de colorines de Mary Poppins es perfecto, tus primeras impresiones sobre tu vida radicalmente nueva pueden ser muy decepcionantes. No dejes que el estrés te confunda, date un tiempo para adaptarte a tu nueva vida y no tomes nuevas decisiones precipitadamente en medio de bajones o ataques de nervios (un exceso de ansiedad cortocircuita el buen procesamiento de la información). Cambiar no es solo llegar al cambio: es incorporarlo poco a poco como tu nueva vida. No tengas prisa.
  3. Vuelve al presente. Cuando planeamos ejecutar un cambio radical en nuestra vida caemos en la tentación de idealizar nuestro futuro, convenciéndonos de que cuando ese cambio llegue todos nuestros problemas se solucionarán. Así, no solo idealizamos un futuro incierto y arriesgado que -como futuro que es- aún no ha llegado, sino que ponemos nuestra energía en estar bien cuando ese futuro llegue, en vez de reservar cierta energía para estar ya mismo lo mejor posible. Proyéctate hacia el futuro pero no pospongas tu bienestar.

Está claro que quien no arriesga, no gana, pero tampoco gana las carreras quien se presenta a ellas sin haber entrenado. Tanto si un cambio radical para tu vida te ronda la cabeza como si ya lo estás experimentando piensa que un poco de ayuda psicológica puede venir bien para amortiguar los efectos indeseados de la novedad, no dudes en pedirla si lo crees conveniente.

 


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