Ser padres de un bebé a nuestra manera

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 02 de junio de 2017

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Ocuparse de un bebé es un reto bonito pero muy desafiante: protegerlo, cuidarlo, convertirlo día a día en una persona. Lo llamamos reto porque exige a los adultos que se encargan de ello unas tareas que a veces atemorizan, llenan de dudas y pueden sobrepasarlos.

La maternidad agota siempre, pero puede llegar a ser una experiencia realmente absorbente sobre todo durante los primeros meses, es completamente normal que te sientas desbordada por las demandas estridentes de una criatura a la que te esfuerzas por querer en medio de tu agotamiento general.

A menudo las madres, por pasar más horas con los niños debido la lactancia y la longitud de los permisos de maternidad, acaban tomando más decisiones cotidianas que los padres sobre cómo encargarse del bebé. Eso, además, les da un conocimiento sobre la crianza del niño que no viene de sus dones naturales sino, simplemente, de que practican más. Esto es un ventaja para ellas pero ojo: no es excusa para que el padre o la otra madre del niño se duerman en los laureles o se sientan más torpes. 

Por otro lado, para afrontar las sobrecargas de la maternidad reciente, algunas madres se reúnen en grupos de iguales para compartir sus experiencias, apoyarse entre ellas y transmitirse mutuamente su sabiduría. Estos grupos son un valioso tesoro,  búscalos o créalos si los necesitas. No hay que confundirlos con las conversaciones informales de escalera, de corrillo o de parque, en las que están más presentes las opiniones no solicitadas y los juicios hechos sin pensar en cómo pueden afectar a otras madres (y padres) en su autoestima como tales. En estas ocasiones pueden generarse ciertos patrones que no benefician a nadie. A cada madre le da por una cosa, pero en general hay dos tendencias bastante generalizadas entre las madres (y también muchos padres) que se enfrentan por primera vez a la crianza de un bebé.

La primera es la obsesión por compararse a sí mismas (para mal) con otras madres y comparar a sus hijos con otros niños. Al final las comparaciones son odiosas. Al final siempre hay una madre más apañada que tú, un niño más gordito que el tuyo o que ha empezado antes a caminar, unos padres a quienes el pediatra no regaña con dedo acusador por hacer las cosas como mejor saben. Al final de esas comparaciones vosotros y vuestro hijo siempre quedáis en mal lugar.

La segunda es la culpa universal, la culpa que todo lo empaña, vivir con la sensación pegajosa de que lo hacéis todo mal, de que estáis tomando decisiones equivocadas. Siempre va a haber una lista o una impertinente que te va a decir que ella lo hace de una manera diferente que es mucho mejor. Pero si vuestro hijo está sano, si está alegre, si va avanzando, ¿de verdad es tanta la diferencia entre los diversos métodos que hay para conseguir ese progreso?

Vuestro deber es ser unos padres responsables que se encarguen de su hijo lo mejor posible, haciendo con él el menor número de tonterías del que seáis capaces. Pero para eso no es necesario que os machaquéis pensando que os equivocáis constantemente y que eso tendrá drásticas consecuencias en el desarrollo del pequeño.

Es importante que creas en ti misma y en la capacidad de tu pareja para sacar adelante a ese bebé, que confíes en que las decisiones que estáis tomando, sean las que sean, son las adecuadas para este momento y van a beneficiar a vuestro hijo. ¿Otra persona lo haría de manera diferente? De acuerdo, no hay una única manera de encargarse de un bebé. Tú, vosotros, tenéis la vuestra.

 


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