Optimismo inteligente: ¿te apuntas?

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Para algunas personas, observar la vida pasada, presente y, sobre todo, futura con optimismo es una consecuencia espontánea de su manera de ser. Sin embargo, para muchas otras requiere un esfuerzo consciente que no siempre se ve recompensado. 

Conservar un punto de vista optimista cuando las cosas se ponen verdaderamente cuesta arriba es heroico y no se le debería exigir a nadie pero, ¿cómo hacerlo cuando, aunque no sean tan tremendos, los nubarrones están ahí?

Llega entonces el momento de ampliar el foco, tomando perspectiva, separándonos de la situación para poder ver sus contornos y observarla más allá. Si estamos muy apegados al detalle, a nuestra circunstancia más cercana, es probable que lo que veamos sea negativo y desagradable. Cuando las cosas van mal la visión a corto plazo es la peor enemiga de los pesimistas. 

En cambio, si logramos trascender esa zona reducida y ampliamos el campo de visión es más probable que incorporemos material positivo, alternativo, más favorable. Eso nos ayudará a contextualizar lo que vivimos y nos aportará elementos que, sin dejar de ser realistas, permitan tener más esperanza o confianza en el futuro.

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Optimismo: separarse del pesimismo improductivo 

Además de lo que ya hemos dicho, debemos tomar conciencia de que nuestras preocupaciones respecto a lo que nos ocurre ahora mismo o puede llegar a ocurrirnos vienen, en parte, de nuestras fuentes de información. Recordemos también que nosotros tenemos margen de maniobra para contrarrestar su influencia en nuestro estado de ánimo. 

Los demás nos contagian su pesimismo en parte si les dejamos. Eso quiere decir que nosotros tenemos que ser críticos con los mensajes pesimistas que nos llegan y que sentimos que son excesivos. Es decir, debemos mantener los pies en la tierra y si las cosas van mal, admitirlo, pero no hay necesidad de ser catastrofistas y empacharse de miedo, porque eso no aporta soluciones. 

También tenemos que saber a qué tipo de mensajes nos exponemos, tanto en nuestro círculo social como a la hora de informarnos en los medios y redes sociales. Debemos aprender a  ponernos límites a nosotros mismos y también a los demás. Ciertas dosis de realidad son necesarias e inevitables en nuestras interacciones pero, si sabemos que esta o aquella fuente tienen un ánimo especialmente funesto, no debemos pasar mucho tiempo bebiendo de ellas, o sí, pero con capacidad para cambiar el tema y que el tono pesimista excesivo no lo abarque todo. 

Cultivar un optimismo realista

El optimismo no debe ser ingenuo, sino inteligente y responsable. No solucionamos nada negando indefinidamente la realidad y creyéndonos las fantasías que nos montamos en nuestra cabeza para contrarrestar el miedo que nos da el futuro. Sin embargo, tampoco ganamos nada chapoteando en la preocupación, actuando como si las peores catástrofes fueran a suceder y contribuyendo a un clima emocional tóxico e improductivo. 

Un optimismo inteligente y maduro tiene que contemplar las diferentes facetas de la realidad, los diferentes escenarios, tanto los favorables como los desfavorables. Hay que evaluar cada uno de manera ecuánime, es decir, dándoles la verdadera importancia que tienen. 

También ayuda a ver las cosas mejor el anticiparse a los problemas buscando soluciones, no solo lamentando que los problemas lleguen. A veces, simplemente, no hay nada que hacer ni maneras de evitar que llegue lo malo. En otras ocasiones sí disponemos de cierta capacidad de anticipación. Por eso, si tenemos ases en la manga nos sentiremos más seguros y no veremos el futuro de manera tan amenazante.  

Cómo ser optimista… a tu manera

Todos sabemos que es muy fácil ser optimista cuando todo va bien, imaginando que “malo será” que las cosas se tuerzan si en este momento todo parece en calma, en su sitio, sonriéndonos. 

Lo difícil es construir a lo largo de la vida, según vamos aprendiendo y adquiriendo experiencias de todos los colores, una estable actitud de apertura a la posibilidad de que suceda lo bueno y que no ocurran los escenarios que más tememos.

Por si acaso es de ayuda, probemos a incorporar estas cinco sugerencias en nuestra vida cotidiana. Quizá sirvan para mantener a raya a algunos de nuestros fantasmas y forjar un optimismo más inteligente.   

1. Anticípate a los problemas

Si algo no tiene remedio simplemente intenta sobrevivir lo mejor que puedas. Pero si existe si ves venir algo ante lo que puedes actuar ponte en marcha para recibir el golpe en las mejores condiciones ahora que puedes. No te abandones ni dejes que la ola pase por encima de ti si es que hay algo que puedes hacer para aminorar su impacto.

2. No intentes controlarlo todo

En la vida hay cosas positivas y negativas, previsibles e imprevisibles, controlables y no controlables. No te pongas la presión de que debes gestionar de manera hábil cualquier cosa que suceda. Lo que tenga que ser será y cuando llegue el momento tomarás tus decisiones con la información de la que dispongas. 

3. Maneja diferentes puntos de vista

Hay circunstancias que son objetivamente negativas y otras que, dentro de lo desfavorable, admiten alguna que otra lectura alternativa, aunque sea solo como cuando lo único que podemos hacer es “reírnos por no llorar”. 

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4. No te satures de información negativa 

Recuerda que la saturación es intoxicación. Estar informados es importante pero no por ello debemos convertirnos en mártires o masoquistas de la información. Una vez sabido lo que necesitas saber sobre un determinado asunto deja de darle vueltas innecesarias. Ocúpate de otras cosas, no te enganches a las crónicas de los desastres. 

5. Confía de manera realista en el futuro

Tragedias irreparables aparte, muchas veces verás que pueden venir mal dadas pero recuerda que, junto a tus flaquezas, también tienes tus recursos personales y sociales. Localízalos, recuérdalos y empléalos.

6. Dale a las dificultades la importancia real 

Como dijimos antes, entrena una actitud ecuánime y dale a las cosas la importancia (mucha o poca) que tengan para ti. Si algo es muy grave es normal que te preocupe mucho, pero si no lo es, basta con que te preocupe un poco. No es necesario utilizar el comodín de la angustia máxima para todo: no es coherente con la realidad y tampoco es útil.

No importa si eres muy optimista o de los que ven la botella siempre medio vacía. Al final lo importante es detectar cuándo tu actitud vital deja de ayudarte a avanzar y se convierte en una fuente de obstáculos. Si esto sucede, toma nota y ponte en manos de un psicólogo profesional que pueda ayudarte a encontrar un camino válido para tu bienestar. Contacta con nosotros hoy mismo y nos pondremos con ello. 

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