¡Feliz Navidad… alternativa!

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Se acerca la Navidad. Sabemos que te has dado cuenta, eres un auténtico experto/a en periodos de este tipo, empiezan a caer las primeras hojas y entonces sabes que los espumillones están a punto de brotar por todas partes. Ya te lo sabes de memoria.

¡Oh sí, es la Navidad! Una época de reunión y reencuentro, de entrar en los sitios envuelto en tu bufanda y decir mmm qué calorcito. Ya está aquí, la Navidad. Una época para compartir veladas gastronómicas con gente… a la que evitas todo el año y ver por todas partes anuncios repetitivos, empalagosos, principalmente de turrones y perfumes.

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Una época en la que lo religioso, lo familiar, lo consumista y lo directamente inexplicable se entremezclan en una amalgama que algunas personas disfrutan al ritmo de zambombas (o villancicos glamourosos versión jazz). Una época que otras personas, directamente, presenciarían agazapadas debajo de sus camas hasta saber que todo ha acabado si eso les estuviera permitido.

No es una época fácil. Efectivamente, hay gente que la disfruta y la espera con ilusión, no solo niños, también adultos, ¡hay gente con un espíritu navideño inquebrantable! Sin embargo, para una parte nada despreciable de la población la Navidad es básicamente una sucesión de días grises, tristones y estresantes, aunque no se hable de ello abiertamente o se diga solo en voz baja, como si estuviera mal visto.

Eso hace que estas personas experimenten una gran ansiedad que, si pudieran, se evitarían. Algunas pertenecen a familias complicadas o inexistentes y saben que pasarán estos días con más de una escena indeseable, aguantando las lágrimas amargas de alguien o, directamente, sin nadie con quien comerse un polvorón. Sin irnos a casos tan extremos, también hay gente con navidades relativamente normales pero que, por diferentes razones, no disfrutan de ello.

A nivel psicológico, aquí tienes una pequeña lista de reacciones adversas que algunas personas experimentan en esta época del año, ¿te identificas con alguna?

Soledad: situación física y, sobre todo, psicológica de no disponer de personas con las que compartir planes o sentirse a gusto, comprendido y arropado. Puede verse acrecentada con la sensación de que todo el mundo a tu alrededor está acompañado.

Nostalgia: es una emoción de la familia de la tristeza y aparece junto a los recuerdos de tiempos mejores que no se han podido renovar. La soledad es un campo lleno de minas cargadas de nostalgia.

Ansiedad: podemos considerarlo como un conglomerado de emociones, sensaciones físicas, pensamientos y conductas en las que el protagonista es el malestar antes y durante las “celebraciones”. La incomodidad y el miedo a lo que pueda ocurrir son señales de que la ansiedad está apareciendo.

Confusión, sentimientos contradictorios: por un lado no te sientes bien, pero no quieres ser un aguafiestas, pero tienes que cumplir, pero no te apetece, pero quieres pasarlo lo mejor posible, pero hay que mantener la cabeza alta, pero tienes que fingir que no te encuentras mal, pero tienes que vencer la pereza, pero debes poner buena cara, pero…

Creencias confrontadas: ¿soy una persona religiosa? ¿tiene sentido que celebre y felicite la Navidad? ¿Por qué debería adornar mi casa, qué diablos significa eso? ¿Estaré siendo hipócrita, me estoy entregando al capitalismo desenfadado bajo los copos (ficticios) de nieve?

Estrés: muchas expectativas de felicidad para tan pocos días, mucha exigencia (relee lo que acabamos de decir sobre la ansiedad y la confusión), más de la que tú quieres y puedes asumir. Pero eh, ya lo dice la canción: It’s the most wonderful time of the year

Como solemos decir en este blog, ¡que no cunda el pánico! Aunque pueda parecértelo y tengas tus razones, seguramente no estás a punto de enfrentarte a ningún apocalipsis zombie de los duendes de Papá Noel ni nada por el estilo. Quizá no eres la persona más navideña del mundo y si eso es así te dejamos a continuación algunos consejos para sobrellevar los días que se avecinan con la mayor dignidad posible.

Exprésalo a tu manera

Si no te sale del corazón no hace falta que vayas diciendo “¡Feliz Navidad!” a todo el mundo del que te despides y al que normalmente solo dirías Adiós, hasta pronto. No te agobies: en realidad basta con que sigas diciendo Adiós, hasta pronto. También puedes decir Gracias, igualmente si quieres corresponder a su felicitación para estos días tan, tan, tan especiales que pasarás inequívocamente en la dulce compañía de los tuyos en el calor del hogar. Es solo un poco de educación, aunque tú no seas de felicitar estas cosas.

A algunas personas les ayuda decir Gracias, pero prefiero que nos centremos en el próspero Año Nuevo, que va a durar más. Hacerlo así les resulta menos molesto porque felicitar el año es más neutral, tiene un sentido menos religioso y aligera la carga melancólica de desear una blanca y entrañable Navidad. Orientarse hacia el año que comienza desplaza la mirada refunfuñona sobre el año que termina y puede ayudarte a expandir tu mirada de una manera más optimista.

 

Pon tus límites

La Navidad es un periodo proclive a los compromisos, normalmente relacionados con comidas, cenas, meriendas, copas aquí y allá e infusiones diversas. Algunos de esos planes son apetecibles y respecto a otros… bueno, respecto a otros planes simplemente desearías que te golpearan con un martillo en un pie antes que asistir.

No lo olvidemos: para algunas personas la Navidad es muy exigente, una fuente de estrés, como decimos los psicólogos. Pensar regalos y comprarlos, cocinar como si no hubiera un mañana, gastar dinerales en otros y no solo en ti, aguantar aglomeraciones, nervios, falta de ayuda de las personas menos motivadas… ¿Agotador, no? Pues no todo el mundo puede, sabe o quiere escaquearse de estas cosas, aunque muchos lo harían a la menor oportunidad. Lo que pasa es que los villancicos no cuentan esta parte.

A veces, por no pararnos a pensar pero sí a despotricar, nos sobrecargamos a nosotros mismos asistiendo a un sinfín de encuentros, quedadas o comidas porque tenemos grabado a fuego que son compromisos ineludibles. Bien, puede que para algunas personas la cena de Nochebuena o la cena/copa/comida de Navidad de la empresa sea algo absolutamente ineludible pero, ¿lo son para ti? ¿Qué pasa si dices que no vas? ¿Alguien morirá, alguien se enfadará contigo, alguien no podrá soportarlo, serás fulminantemente despedido? Lo más seguro es que nada de esto suceda.

Pon tus límites, negocia, llega a acuerdos: vale más verse una vez y disfrutarse que sufrirse mutuamente cuatro veces “seguidas” sin necesidad. Ya sabes cuál es el protocolo navideño en tu casa así que coge el calendario y toma decisiones. Puede que esfumarte del panorama durante dos semanas seguidas sea excesivo, pero quizá puedes decir “Vendré a cenar en Nochebuena pero este año pasaré la Nochevieja por mi cuenta”, o “Lo siento pero me es completamente imposible asistir a la cena de Navidad de la oficina pero estoy seguro de que los otros 40 asistentes encontrarán cómo divertirse en mi ausencia”. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Prepara una Navidad alternativa

Ten un plan B. Y un C. Y un D. Prevé actividades divertidas y placenteras si tienes días de vacaciones y también para los festivos. No te agobies, tu Navidad alternativa no tiene por qué ir contra la Navidad de nadie ni consistir en nada especial. Tampoco tiene que ser algo muy elaborado: tu Navidad a-tu-manera tiene el objetivo de ser un espacio tolerable dentro de la incomodidad que te genera la Navidad oficial.

Si tienes días libres, esta Navidad puede incluir un viaje -solo o en buena compañía- a un lugar cálido y desconocido donde las bolas, las lucecitas, los pampanitos verdes y las hojas de limón no te persigan. Si no andas muy bien de dinero, ¿qué tal una excursión que nos aleje del bullicioso centro de la ciudad durante un día? Hay sitios que en invierno tienen un encanto especial, suelen coincidir con esa clase de sitios en los que pensáis tus amigos y tú cuando decís “Deberíamos ir a…”, “A ver si un día organizamos algo y…”.

Tanto si esto es factible como si no, tu Navidad privada y particular también puede consistir sencillamente en hacerte con un arsenal de películas, series y libros que te aseguren munición de sobra hasta que avance enero.

Si ves llegar la gran bronca en cuanto esa persona se siente a la mesa, o el ambiente está enrarecido porque alguien querido ya no está presente y se le recuerda apretando los dientes como si todo fuera normal, toma medidas extra. En la Navidad de algunas personas hay días especialmente desagradables, así que si eres una de ellas ten preparado un plan gratificante para antes o para después, podrás emplearlo para premiarte por el esfuerzo de haber resistido a una situación que no deseabas vivir y de la que solo querías escapar, aunque no podías.

 

Busca la compañía de personas en tu situación

Procura que esas personas sean enérgicas y motivadas, nadie mejor que ellas para comprenderte… ¡y para reír juntos! Desengáñate: lo que sale en la televisión no es generalizable a todo el mundo, lo generalizable a “todo el mundo” es lo que tú ves a tu alrededor o lo que seas capaz de encontrar.

No eres ningún bicho raro porque te incomode la Navidad, o porque no te guste, o porque directamente te meterías en una nave espacial el 22 de diciembre y regresarías al planeta Tierra el 7 de enero. ¡Hay mucha gente que piensa igual que tú y que está en tu misma situación!

Convoca a tus amistades navideñas, antinavideñas y también a las indiferentes a la Navidad. Apóyate en ellas, infórmales de los planes estupendos que has diseñado en tu transgresora y divertida Navidad Alternativa, organiza una cena de “Se prohíbe terminantemente felicitar la Navidad y vestir jerseis con copos de nieve o renos dibujados”. ¿La familia te amarga? Para eso están tus amigos y amigas (o tus primos divertidos), son tu familia alternativa y no te echarán en cara que la Navidad no te gusta mientras los ancestros os miran desde sus fotos colocadas en el aparador del salón.

No exijas imposibles

Puedes montártelo a tu manera pero no pretendas que la Navidad de toda una sociedad sea algo que no es. No puedes luchar contra la publicidad, el comercio, los siglos de tradición y el enjambre de compromisos que todo el mundo tiene a tu alrededor. No esperes que este año, por arte de magia, sea divertido algo que, simplemente, te ha amargado toda la vida.

A veces no puedes darle la vuelta a las cosas, sino que la gran heroicidad a ritmo de cascabel y panderetas consiste en resistir. Repite conmigo: a veces con resistir es suficiente, no tienes que pasártelo bien. O, dicho de otra manera, no esperes que la Navidad sea diferente, simplemente vívela como puedas. Son solo unos días, con un poco de buena voluntad y siguiendo los consejos que te estamos dando pasarán antes y mejor de lo que te esperabas a principios de diciembre.

 

Finalmente… ¡relájate!

No entres en un bucle de enfado permanente y mal humor, o tus amigos acabarán poniéndote de mote El Grinch (los más leídos te llamarán, directamente, Mr. Scrooge). Que no te dé rabia todo, piensa que no todo el mundo se siente como tú y que tienen derecho a disfrutar. Hay gente a la que las aglomeraciones, los regalos, los surtidos de turrones, las cenas pantagruélicas, la ilusión de los niños, los adornos, la familia… les encanta, lo disfrutan, lo anhelan o les hace gracia. Eso es genial, no tiene nada de malo, al contrario, ¡tienen mucha suerte de que eso sea así y ojalá puedan tener esa vivencia muchos años, hasta el final de sus vidas!

Si tú no eres una de esas personas también está muy bien, tienes tu derecho a que la Navidad no te guste, a que te ponga triste, te enfade, te dé pereza, lo que sea que te provoque. No obstante, recuerda lo que hemos dicho en el punto anterior: tú tienes derecho a pasarlo lo mejor posible pero no vas a hacer que la Navidad desaparezca, así que vas a tener que armarte de paciencia durante unos días y aceptar ciertas cosa tal cual son.

Así, que, ¿qué tal si trabajas un poco una visión mindful de la Navidad? Piensa que una de las instrucciones básicas de la práctica de mindfulness es No te Resistas, No te Rindas. Pues no te rindas, no te resignes, no te abandones, ¡ten la mejor Navidad que seas capaz de tener!, ten incluso la mejor Navidad horrible y odiosa en la que seas capaz de participar. Pero no te resistas: la Navidad va a llegar cada año, te pongas como te pongas, y de la misma manera que llega se acabará yendo, como se mueven las nubes por el cielo y luego llegan otras. No te aferres a lo desagradable que es la Navidad para ti, sé amable contigo mismo y permite que las cosas sean como son.

Al fin y al cabo ninguna Navidad es eterna.

 

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