¿Cómo superar una ruptura amorosa?

Compártenos en tus redes:

Muchas personas se preguntan por qué resulta tan doloroso ponerle fin a una relación sentimental. Otras observan con desconcierto cómo es posible que algunas relaciones se rompan de manera fluida y amistosa mientras que otras ponen la vida patas arriba. Como todo en la vida, hay diferentes factores que pueden hacer que la ruptura de un matrimonio o de una relación de pareja sea más fácil y otros que complican enormemente la situación.

Muchas personas pasan en algún momento por una ruptura y la mayoría acaba resolviéndolo de manera positiva

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más

La edad a la que se produce, qué otras pérdidas acompañan a la ruptura, qué se comparte (casa, hijos, trabajo…) o los motivos concretos que desencadenan la ruptura son solo algunos de los factores que pueden influir tanto para bien como para mal en la experiencia psicológica de los miembros de la pareja.

Etapas para superar una ruptura amorosa

Romper con la pareja no se reduce a dar un portazo que pone fin a una relación. Tampoco basta con trazar una línea en el suelo más allá de la cual una relación finaliza y comienza todo lo demás. Toda ruptura es un proceso complejo, a veces incluso muy largo, en el que podemos distinguir, a un nivel muy básico, tres fases.

Primera fase: los antecedentes

La primera fase sería la de los antecedentes: en qué momento la relación ha comenzado a agrietarse y la idea de ponerle fin ha empezado a tomar forma de manera más o menos consciente. Esto puede variar mucho de un miembro a otro dentro de una pareja y también si comparamos a unas parejas con otras.

Segunda fase: la ruptura

La segunda fase sería la ruptura propiamente dicha. A veces tomamos la decisión nosotros mismos, a veces nos viene desde fuera sin que ni siquiera lo esperemos, pero llega el momento de explicitar que las cosas no van bien y que, nos pongamos como nos pongamos, la relación ha concluido. Esta fase puede consistir en una “simple” conversación pero también puede complicarse en el tiempo a través de diversas idas y venidas hasta que, por fin, se asume su resultado. Incluiría, por supuesto, las primeras horas y días posteriores a la ruptura oficial. Se trata del tiempo ineludible para que los miembros de la pareja asuman lo que ha ocurrido, se empiecen a familiarizar con la nueva situación y comiencen a reorganizar sus vidas como personas solteras.

Tercera fase: la vida a partir de ahora

La tercera y última fase sería, en realidad, una prolongación a largo plazo de la anterior. Incluiría las semanas y meses (o años) posteriores a la ruptura de la relación sentimental, durante los cuales los miembros de la pareja van avanzando en la incorporación de la idea de que la relación ha finalizado y han seguido experimentando, cada uno a su manera, el duelo por la relación perdida.

Por supuesto, este proceso de tres etapas no es algo científico. Se trata de un esquema intuitivo que puede ayudar a ilustrar los momentos principales que, en cada caso a su manera, ocurren antes, durante y después de la ruptura de una relación. Aplicados a cada situación en particular pueden dividirse a su vez en otras fases, aportando nuevos significados a la experiencia de cada cual en el momento de vivir el final de su relación de pareja.

¿Cómo me puede afectar psicológicamente una ruptura amorosa?

Lamentablemente las rupturas sentimentales no son algo que se pueda resolver siguiendo una lista de sencillos pasos. Esa metodología es mejor que la dejes para otros asuntos. Sin embargo, sí son una experiencia que multitud de personas viven cada día desde hace siglos y que, en general, todo el mundo resuelve al cabo del tiempo de una manera más o menos satisfactoria.

Como decíamos antes, algunos factores dificultan -incluso imposibilitan- que una persona recobre un buen estado de bienestar interior tras la ruptura de su relación de pareja o hacen que tarde mucho tiempo en recobrar un equilibrio suficiente. Además de lo que mencionamos al principio, entre estos factores podemos destacar los siguientes:

1.Tener un trastorno psicológico grave. Esto impide integrar adecuadamente las experiencias vitales a nivel cognitivo, emocional, físico y conductual.

2.Ser muy dependiente de la pareja. Por ejemplo, en situaciones en que la otra persona era la encargada principal de asuntos muy importantes de la convivencia o constituía la única fuente de satisfacción de necesidades básicas.

3.Tener una relación muy tóxica. En este tipo de relaciones existe dependencia pero no tanto logística, como en el apartado anterior, sino puramente emocional envuelta en patrones de maltrato, profunda insatisfacción, desconfianza, etc.

En cualquier caso, cuando una pareja rompe, sus miembros van a enfrentarse a diferentes tareas durante su proceso de duelo por la pérdida de la relación.

Esas tareas, por llamarlas de alguna manera, no están sujetas a plazos concretos ni son “trabajos” que se puedan llevar a cabo de una manera concreta como quien sigue una receta o monta un mueble. Por el contrario, se trata de tareas psicológicas que tienen que ver, entre otras cosas, con la identidad (a partir de ahora ya no me definiré como “novio/a de”), la soledad (toda la compañía y cariño que antes me daba mi pareja lo he perdido y tengo que acostumbrar a mi organismo a vivir sin ello) y autonomía (todas las necesidades que antes mi pareja me satisfacía particularmente ahora quedarán sin satisfacer y tendré que resolverlas de otro modo).

Interrogantes ante la ruptura amorosa

Para poder ir dando respuesta a estas tareas psicológicas toda persona cuenta con sus propios recursos personales pero también con su red informal de apoyo, integrada por sus amigos y familiares. Por otro lado, sobre la marcha van a aparecer muchas dudas sobre cuál es el mejor enfoque en cada momento. Quizá te suenen algunas de las que mencionamos a continuación y que tantas veces nos plantean nuestros pacientes en la consulta presencial y online:

¿Debemos cortar del todo la comunicación?

¿Cómo vamos a organizarnos con nuestros amigos comunes?

¿Hay una manera concreta de decírselo a nuestras familias?

¿Cómo puede afectarles a nuestros hijos la ruptura de nuestra pareja?

Todas ellas son preguntas perfectamente razonables aunque responderlas no va a ser fácil al principio. Lo más probable es que, con cada una de ellas y con otras que puedan surgir, tengas que enfrentarte a diferentes facetas de la relación de pareja y de la ruptura con las que quizá no habías contado en un primer momento. Nadie dijo que esto fuera sencillo, pero se puede hacer.

Cómo afrontar psicológicamente una ruptura de pareja

Efectivamente, no importa cuál sea tu situación: si la relación que ha acabado te importaba, su final no va a ser fácil. En otras palabras, cuesta mucho ser fuerte tras romper con tu pareja pero la buena noticia es que hay muchas maneras de ser fuerte y tú puedes serlo a la tuya.

Tras la ruptura, los miembros de la pareja se enfrentan a una serie de tareas psicológicas que tendrán que ir afrontando progresivamente

Todos sabemos que las rupturas duelen, pero eso no quiere decir que vaya a ser traumático para siempre o que vayas a ser incapaz de disfrutar de tu vida hasta que el disgusto se te haya pasado. Va a haber momentos de todo y vas a necesitar tiempo hasta que esas piezas que han saltado por los aires encuentren una nueva posición, más ordenada y coherente con el momento que te toca vivir ahora.

No hay atajos, pero la experiencia nos permite ofrecerte estos tres consejos para poder calmar tu ansiedad tras una ruptura, especialmente si esta está siendo muy difícil:

Sé paciente contigo misma/o y no te martirices: estar pasando un duelo por la ruptura de tu relación de pareja no quiere decir que te entierres en vida. Haz lo que necesites para sentirte bien, siempre que no te hagas daño ni a ti ni a otros.

Aprovecha esta ocasión para entender qué papel ha jugado esta relación en tu vida y quién eres tú ahora que todo ha acabado y que toca continuar el camino sin esa persona a tu lado. Romper con la pareja duele, pero no tiene por qué ser algo inútil en tu biografía.

Llegado el momento -sobre todo en aquellos casos en que el proceso de ruptura se ponga muy cuesta arriba- debes contar también con el apoyo de un psicólogo. La ayuda profesional de alguien imparcial y especializado en estos temas te puede acompañar mientras te pones a la tarea de seguir siendo tú cuando la relación ya ha acabado. ¿Recuerdas que hemos hablado de tareas? Pues en este caso los deberes se pueden hacer con ayuda: pídela siempre que sea necesario porque los psicólogos estamos aquí para ayudarte.

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más

Si te encuentras en peligro o en una situación de emergencia, no recurras a esta web.

Estos recursos te pueden ofrecer ayuda inmediata.