¿Cómo combatir la ansiedad ante los exámenes?

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Un examen es, por definición, una situación potencialmente ansiógena. A no ser que te presentes a un ejercicio en el que no te juegas absolutamente nada y al que vas porque lo importante es participar, lo normal es que esa situación despierte en ti una cierta ansiedad, nervios, estrés… o mucho. 

Como sabes, un cierto nivel de ansiedad no tiene nada de malo. No solo es inevitable sino que, además, es necesario que esté ahí para permitirte rendir en la tarea a la que te enfrentas. Piensa que no podrías hacerlo adecuadamente si no estuvieras en un cierto grado de tensión, suficientemente despierto, atento a las diferentes variables de la escena y con los cinco sentidos orientados -provisionalmente- al problema que se te plantea. Luego ya si sacas un cinco pelado o una matrícula de honor es una cuestión que depende de muchos otros factores, pero la ansiedad, en su justa medida, es imprescindible para favorecer el éxito

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Un cierto nivel de ansiedad es necesario para rendir adecuadamente

El problema es cuando la ansiedad no nos permite preparar adecuadamente la prueba correspondiente o bien nos bloquea de tal manera en el momento de encararla que acabamos fracasando. Eso normalmente sucede cuando la ansiedad es excesiva, es decir, cuando te has pasado de tensión y de vigilancia. En esos casos tu cuerpo y tu mente han empezado a expresarse de una manera excesiva, activando en ti una serie de respuestas que nada tienen que ver con rendir adecuadamente en ese examen en cuestión o que aparecen antes de tiempo o bien se mantienen cuando ya deberían haberse desactivado. 

Si sientes que tu ansiedad antes los exámenes es demasiado elevada y pone en peligro tu rendimiento académico -además de tu bienestar subjetivo- con demasiada frecuencia es importante que tomes cartas en el asunto. Quizá ha llegado el momento de empezar una terapia con un psicólogo que pueda ayudarte detenidamente a entender las causas y las consecuencias de tu ansiedad, así como a localizar aquellos factores que hacen que se mantenga en el tiempo. Durante tu terapia también podrías aprender estrategias útiles para convivir con tu ansiedad antes los exámenes de una manera más saludable. 

Mientras llega ese momento, te ofrecemos algunos consejos que pueden ayudarte a manejar provisionalmente el problema. Intenta adaptarlos a tu propia realidad y ya sabes: comodín del terapeuta si nada acaba de funcionar. 

1. Prepara los exámenes suficientemente

A veces sufrimos ante la sensación de no estar bien preparados ante un examen sencillamente porque no nos hemos organizado bien y no tenemos la percepción de dominar el tema. Si sabes que a veces te sucede eso anticípate la próxima vez y empieza antes la preparación. Recuerda que nada pone más nervioso a un estudiante que la sensación de que le pilla el toro

2. No exageres la importancia de un examen

Para manejar adecuadamente tu ansiedad ante un examen es fundamental que valores la importancia de esa prueba en su justa medida. Eso te ayudará a no pensar que suspender es una noticia catastrófica (antes de presentarte) y a no dramatizar ante un mal resultado si apareciera (después de presentarte). Calibra bien lo que te juegas, sea mucho o poco. 

3. Organiza correctamente el tiempo de estudio

Ten claro el temario que debes preparar y asegúrate de que no pierdes de vista aquellos temas que dominas peor: son la china que llevarás en tus zapatos cuando vayas al examen. Alterna adecuadamente los ratos de estudio con pequeños descansos y con actividades de ocio que te permitan desconectar para que tu mente esté en buenas condiciones y pueda asimilar nuevos conocimientos. Cuando llegue el día del examen procura no tener la sensación de que tienes el último bocado aún en la garganta. Traducción: no estés repasando hasta el último minuto.

4. Tómate unos minutos para prepararte 

Llega con antelación al lugar del examen, no vayas con prisas. Eso te permitirá no acelerar algunos de tus biorritmos innecesariamente y podrás reservar unos minutos antes de entrar al aula para conectar contigo en lugar de para deambular como un león enjaulado mientras te calientas la cabeza.

Mantén la calma, no vayas con prisas, aléjate de aquellas situaciones que aumentan tu ansiedad

5. Durante el examen, calma

Has estudiado y tienes tiempo, seguramente no va a hacer falta que el profesor te arranque la hoja de las manos para poder irse a su casa. Concéntrate, lee atentamente la pregunta, tómate unos momentos para pensar cómo quieres enfocarla y… ¡adelante! 

6. Aléjate de las fuentes de ansiedad

Las aglomeraciones de personas repasando histéricamente en el pasillo antes del examen no son la mejor compañía. Mantén una distancia prudencial o te acabarás contaminando de esa energía. A veces es útil confirmar algún dato muy concreto con tus compañeros antes de entrar, pero no confundas eso con una sesión de estudio exprés que va a forzar tu cerebro justo cuando necesitas que esté tranquilo y relajado. Para cuando vas a entrar al examen lo hecho, hecho está: plasma lo que sea que hayas estudiado hasta ayer, porque lo que no hayas aprendido hasta ayer no lo vas a incorporar por manosear nerviosamente tus apuntes a última hora. 

7. Cuando acabes, pasa página

Una vez que salgas del examen date un tiempo para “despresurizar” si ha sido un rato especialmente denso. No te pongas a estudiar lo siguiente de manera inmediata. Descansa y, cuando creas que es el momento, enfócate en tu siguiente tarea. A veces es difícil, sobre todo ante exámenes muy importantes, pero ya te han evaluado así que no tiene mucho sentido que te enganches a lo que has hecho, a lo que no, a tus errores o aciertos antes de saber la puntuación definitiva. Ten claro qué día podrás consultar tu nota y, mientras llega ese día, procura dedicar tus energías a las tareas que tienes por delante, no a aquellas en las que ya no puedes influir. De lo contrario tu bienestar subjetivo se verá muy perjudicado y, además, de una manera completamente inútil. 

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