Apego en la infancia y relaciones adultas: la importancia de cuidar el vínculo

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Cada vez estamos más sensibilizados con la importancia de establecer un apego seguro en la infancia, pero somos menos conscientes de cómo las relaciones de apego infantiles influyen y se ven reflejadas en la forma en que nos vinculamos como adultos en las relaciones de pareja. De hecho, siendo consciente de tu estilo de apego predominante podrás entender, entre otras cosas, por qué te incomoda la intimidad y huyes del compromiso o por qué eres carne de cañón para eso de lo que todo el mundo habla: la dependencia emocional.

Si hacemos un poco de memoria, fue John Bowlby -un importante psicólogo y psiquiatra británico- quien en los años cincuenta compartió con la comunidad científica la importancia del apego infantil y cómo la necesidad de relación está grabada en nuestros genes. En la actualidad, las investigaciones más avanzadas sobre el apego demuestran que estos primeros vínculos afectivos tienen tanta importancia en la vida adulta como en nuestra infancia y que de ellos dependerá nuestra forma de desenvolvernos en el mundo de las relaciones interpersonales. Concretamente, cuando hablamos de apego nos referimos a las conductas y la relación que se establece entre el bebé y sus cuidadores principales disponibles, aunque el vínculo y la conexión afectiva hacia él por parte de sus progenitores hayan comenzado a desarrollarse ya desde el inicio del embarazo.

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La larga sombra del apego

Hoy sabemos que, a través de esas primeras experiencias y relaciones de apego, nuestro cerebro se programa y crea “pilotos automáticos mentales” que influyen en la idea que tenemos del mundo, de nosotros mismos y de los demás. Más concretamente, conocer nuestro estilo de apego predominante nos permitirá entender cómo nos vinculamos con los demás y qué esperamos de ellos. Asimismo, condicionará la idea que tenemos de intimidad y de relación, la forma en la que reaccionamos ante situaciones de conflicto, cómo expresamos nuestros deseos y necesidades a nuestra pareja, las expectativas que tenemos en nuestras relaciones, cómo nos sentimos en nuestras relaciones sexuales, qué compañeros sexuales o parejas sentimentales elegimos, e incluso cómo gestionamos las rupturas y el duelo posterior. De hecho, autores como Olga Barroso aseguran que “existe una alta correlación entre la seguridad del estilo de apego de una persona y la calidad del estilo de comunicación de esta con su pareja, sus capacidades para dar cuidados en las relaciones afectivas así como con un mejor funcionamiento emocional en las relaciones íntimas”.

Llegados a este punto, creo que es el momento de jugar a ser detectives. Investiguemos a qué estilo de apego perteneces en potencia y tratemos de descifrar los códigos del estilo de tu pareja o «proyecto de pareja», si aún no es demasiado tarde. Para esto, es necesario que conozcamos los estilos de apego que tomaremos como punto de partida en nuestra investigación. En esta ocasión, vamos a dar pistas de tres de los cuatro estilos de apego evidenciados científicamente por investigadores como Mary Ainsworth y sus colegas a finales de los 70: apego seguro, apego evitativo-distanciante y apego ansioso-ambivalente. ¡Empecemos!

Los estilos de apego

Los adultos con un estilo de apego seguro se sienten cómodos en las relaciones interpersonales, disfrutan de la intimidad y son capaces de dar y tolerar calidez y cariño. No se suelen preocupar en exceso por la relación y saben comunicar sus necesidades y emociones ante los conflictos. Además, tienen la habilidad para interpretar las señales de su pareja y brindarle apoyo cuando lo necesita. Como resultado, eligen parejas con las que pueden establecer un proyecto en común de forma estable y en el que hay reciprocidad de cuidados. A nivel sexual, muestran disponibilidad e iniciativa compartida, están abiertas a la exploración sexual y se sienten cómodas en la intimidad erótica. Si miramos hacia atrás, estas personas (tan afortunadas, por qué no decirlo) fueron acompañadas de manera sensible, predecible y consciente por sus figuras de apego, haciéndoles percibir que eran niños vistos y sentidos, generando una visión positiva de sí mismos. Es decir, establecieron un apego seguro con sus cuidadores principales.

Sin embargo, hay otros entornos familiares en los que se establece un estilo de apego evitativo, caracterizado por relaciones distanciantes a nivel emocional por parte de las figuras de apego. En este caso, los progenitores tienen dificultades para gestionar sus propias emociones y, por lo tanto, no pueden ocuparse y sintonizar con la emoción de sus hijos, posiblemente porque cuando eran niños sus emociones no fueron vistas. En consecuencia, estos niños aprenden a ser independientes, valerse por sí mismos, se desconectan de sus emociones y tienen dificultades para identificarlas, expresarlas y regularlas. Ahora, imaginémonos a ese niño convertido en adulto y vinculándose con otro adulto. Tendría sentido que, por esa ausencia de momentos de intimidad compartida con sus cuidadores, la intimidad en pareja le incomode e incluso pueda quedarse rígido en el contacto físico y emocional.

Además, se sentirá abrumado e invadido ante la petición de cariño y relacionará la demanda de intimidad con una pérdida de independencia. Como asegura el psiquiatra y psicoterapeuta Mario Marrone, las personas con un estilo de apego evitativo “tienen dificultad para comprometerse en una relación de pareja y les cuesta dar mensajes claros que denoten su disponibilidad a un nivel profundo”. A nivel sexual, prefieren las relaciones sexuales no comprometidas o aquellas que no tengan un contenido emocional y de intimidad. Las personas con este estilo de apego se identifican con afirmaciones del estilo de: “Me cuesta apoyar a mi pareja si está pasando un mal momento”, “Para mí es más importante la independencia que las relaciones”, “Mi pareja a menudo me demanda más cariño del que a mí me gustaría” o “Prefiero el sexo ocasional que un compañero fijo”.

En el caso del estilo de apego ansioso, las figuras de apego no se han mostrado disponibles de forma consistente y ha habido una alta expresividad emocional con dosis de ansiedad y preocupación. Estos niños crecen sintiendo cierta incertidumbre y ansiedad al no poder hacer predicciones respecto a lo que pueden esperar de su figura de apego, ya que, dependiendo de su estado emocional, esta estará o no disponible. Dicha confusión generará con los años una gran necesidad de intimidad y contacto afectivo por parte de sus parejas, acompañada de inseguridad y falta de confianza. Anhelan y necesitan la intimidad, tienden a consumir en sus relaciones gran parte de su energía emocional y tienen miedo a que su pareja no pueda corresponderles. No son capaces de sentir la seguridad propia del adulto al contar psicológicamente con la presencia de su pareja y se sienten arrastrados por la necesidad infantil de tenerla cerca físicamente de forma continuada. En este caso, Mario Marrone afirma que “estas personas tienden a enamorarse rápidamente y precipitarse a la hora de elegir pareja, tienden a ser fluctuantes, dependientes y celosas”. A nivel sexual, se sienten más seguras y prefieren las caricias y el componente afectivo de la sexualidad que la genitalidad. Las personas con este estilo de apego se identifican con afirmaciones del estilo de: “A menudo me agobia la posibilidad de que mi pareja deje de quererme o deje de gustarle”, “Me siento incompleto al no tener pareja”, “Pienso durante mucho tiempo en mis relaciones actuales y pasadas”, “Me preocupa no ser suficientemente atractivo” o “estoy muy pendiente de los estados de ánimo de mi pareja”.

Si has leído detenidamente y ya has identificado tu estilo de apego y el de tu pareja en caso de tenerla, caerás en la cuenta de que dos personas con apego seguro con un proyecto de pareja en común tendrán niveles más altos de satisfacción que otras combinaciones. Sin embargo, Cupido no siempre tiene en cuenta el estilo de apego a la hora de lanzar sus flechas. En aquellos casos en los que se despiste y sus flechas caigan en una combinación de dos personas con un estilo de apego inseguro, es evidente que los niveles de satisfacción serán más bajos. De todas las combinaciones posibles, la más problemática será la de ansioso-evitativo. Tiene sentido: si mi estilo es evitativo, tenderé a tomar distancia emocional y a no comprometerme. Esto le provocará a la persona con un estilo ansioso más inseguridad y tenderá a pedir más conexión emocional. A su vez, esta demanda provocará en la persona con estilo evitativo más inseguridad y la sensación de estar siendo invadido y, en consecuencia, acrecentará el miedo al abandono de la persona con un estilo ansioso.

Condiciona, pero no determina

Toda esta dinámica de estilos de apego puede ser cambiante a lo largo de la vida. Por lo tanto, si has identificado que tu estilo de apego predominante queda lejos de un apego seguro, no todo está perdido. Tu estilo de apego y, por lo tanto, tus relaciones y la forma en la que te vinculas podrán variar y evolucionar hasta un estilo de “apego seguro adquirido”. Dependerá de lo consciente, implicado y preparado que estés para sanar tus heridas vinculares y también de las relaciones con amigos, parejas e incluso terapeutas que establezcas a partir de ahora. Ten en cuenta que ellos podrán ayudarte a reparar tus heridas y potenciar todos tus recursos, pero lo importante es cómo te mires a ti mismo.

Finalmente, te animo a que te pongas delante del espejo y juegues de nuevo a ser detective. Trata de averiguar qué hay en lo que ves y sientes al mirarte de lo que veían y sentían tus figuras de apego. Como hemos visto, es evidente que esto repercutirá en la forma en la que te miras y miras a tu pareja, pero te animo a que pongas, en primer lugar, el foco en la relación contigo mismo. Al fin y al cabo, estoy seguro de que ninguna persona que esté ahora en tu vida o que se vaya a cruzar en tu camino próximamente pasará más tiempo contigo que tú mismo.

Cuídate y después apégate.

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